viernes, 3 de febrero de 2012

Canción triste de J.R. Street

Estuve un ratito husmeando en eso de la Internet y, salvo que me corrijan los entendidos, no hallo nada que me señale que un acuerdo plenario no puede ser anulado por el mismo órgano en una sesión posterior (habrá que preguntarle a Pilar Bardem y a la Virgen de las Mercedes). Y de todo lo que leí, rescato tres apuntes a vuelapluma:

a) El Ayuntamiento de Churriana de la Vega (Granada), gobernado por el PP, ha aprobado hoy revocar un acuerdo plenario por el que se acordó dar el nombre del último alcalde republicano del municipio a la calle Comandante Franco, el hermano aviador de Francisco Franco.

b) A través de una moción de urgencia presentada por los concejales de CHA, y apoyada por los concejales de FIA, CDL y PSOE, el Pleno del Ayuntamiento de La Muela, en la sesión plenaria ordinaria de 29 de septiembre de 2011, con 7 votos a favor (FIA, CHA, CDL y PSOE) y 6 votos en contra (PP), tomó el siguiente acuerdo: Revocar el acuerdo plenario de 7 de julio de 2011 sobre “reconocimiento de dedicación exclusiva o parcial a miembros de la corporación”.

c) Este Ayuntamiento [Otxandio], reunido en Sesión Plenaria Extraordinaria de fecha 26 de enero de 2010, ha adoptado el acuerdo de revocar acuerdo plenario de 29 de diciembre de 2009 y adjudicar, con carácter provisional, por procedimiento abierto, el contrato de servicio de “Servicio de limpieza de edificios Municipales”.

Por lo tanto debo discrepar de la postura del equipo de gobierno en el ayuntamiento de mi pueblo (Los Realejos) cuando alega que la razón de conceder el nombre de una calle al editor-director del periódico EL DÍA es la consecuencia de dar cumplimiento a un acuerdo anterior (marzo de 2011). Y que ellos solo llevan a la práctica algo que se elevó a la consideración del Pleno por el entonces grupo gobernante, a saber, Coalición Canaria.

En un artículo de opinión aparecido en el citado diario el pasado miércoles se da a conocer el proceso que se ha llevado a cabo en este particular. Algo que, por otra parte, era público y notorio en el pueblo. Es decir, nada nuevo bajo el sol (de Realejo Bajo). Pero cuando en la Comisión Informativa previa a la reunión plenaria del 26 de enero próximo pasado, el grupo de IU propone dejar el asunto pendiente (sobre mesa) para un estudio pormenorizado ante el contenido incalificable y avalancha de despropósitos de los editoriales de este medio, CC se posiciona ahora de manera no favorable a la distinción, por lo que el PP lo tenía muy fácil. Pero no, se embarcó en la aventura –tiene mayoría para tal menester– y decidió motu proprio quedar bien con don José Rodríguez Ramírez. Puede (todo es opinable) que los populares creyesen conveniente estar a salvo de amenazas, críticas y escarnios (¿miedo?), antes que la posible reacción en contra de un amplísimo sector de la población (incluidos muchos de sus propios votantes).

Y tan ‘atado’ tenían el asunto que actuaron de manera similar a cuando hace unos años Antonio Castro, a la sazón presidente del Parlamento, remitió a La Zarzuela la propuesta de nombramiento de Paulino Rivero como presidente autonómico antes de celebrarse la votación en Teobaldo Power. Porque las invitaciones para el acto del descubrimiento de la placa estaban en los domicilios de los destinatarios el viernes 27 bien de mañana. Traduzco: estaban preparadas desde días antes de celebrarse el pleno.

Creo, sinceramente, que Manolo Domínguez, y todo su equipo, se ha equivocado rotundamente. Y por mucho que intente echar balones fuera para culpar a los concejales de CC como los malos de la película, va a ser que no. Cuando se gobierna, no es aconsejable seguir los dictados de los medios de comunicación. Porque tristes ejemplos de vaivenes anteriores están hasta en la sopa. Paulino  Rivero sabe bastante de eso. Y el cambio de postura de CC se antoja más que lógico. ¿Qué hubiera hecho el PP realejero si el objeto de los dardos envenenados de don José fuese el actual ministro de Industria y Turismo? Cuando uno se equivoca (ahora se estarán lamentando de las veces que lo trajeron a pregonar lo que plumas ajenas escribieron), rectifica y santas pascuas. Puede que si ustedes no se hubiesen precipitado en el reparto de invitaciones, cuando salió publicada la nota del editor amenazante (humillante, mejor), a la que ya hemos aludido y aquí transcrita, otro derrotero hubiese sido factible. Pero ya es tarde.

Esa misma noche del jueves (26), y por unanimidad (¿no les pareció raro que en estos sí?), se acordó también dar el nombre de una calle a estas otras personas: Don Manuel Plasencia, Don Andrés (Sito) Siverio, don Domingo Luis, don Dámaso Quesada y don Jaime Chaves. Estas seis vías se encuentran en un nuevo polígono de Los Barros. Es decir, todas juntitas.

Entonces, ¿por qué se empieza por esta? ¡Ah!, los otros están muertos y no les importa esperar un poco más. Este homenajeado dispone de muchos más méritos (y un juguete –de guerra– llamado periódico). ¿Tendrán los otros un descubrimiento colectivo o individual? Qué ganas de complicarse la vida por la ‘pesadez’ de unos pocos. Y tan pocos que solo se representan a sí mismos.

Siento haber pasado a la lista negra, si no lo estaba ya. Pero me consterna que en mi pueblo, noble por excelencia, se haya supeditado su máxima institución a las posibles arengas viperinas de rigor. Considérenme otro antipatriota de esos que “tanto odian al pueblo negando los derechos de los canarios”. Menos mal que nos dejó los izquierdos. Hasta que le dé la venada, Los Realejos será un pueblo excelente y tendremos generosos espacios en las páginas del Norte (y resto de puntos cardinales). Cuando se le viren las tornas –lo mismo el día 11 de febrero a partir de las doce y cuarto–, agárrate que vienen curvas. Aunque las paradojas del destino hicieran posible que aquí, un 25 de julio de 1496, haya ocurrido lo que los historiadores nos indican. Mejor, así tenemos calles de variopintos menceyes. Alguno, incluso, al tiempo que independentista y promotor de la república bananera guanche (excluyendo Canaria), acérrimo defensor de postulados más ‘populares’. ¡Nacionalidad!

Hasta después.