martes, 7 de febrero de 2012

Despertar conciencias (1)

Llevo unos días enfrascado en la lectura de artículos que vieron la luz en periódicos de esta isla (al menos tan mía como de don José), entre los que también se halla El Día. Me ronda la idea de ver publicada una selección de ellos. La esperanza me mantiene. Otros editan comentarios y pareceres de ‘otros’ (incluyendo pregones), y no pasa nada, oiga, no pasa nada. Al menos puedo asegurar (pongo la mano en la Constitución) que de ‘mis’ errores escritos soy el único responsable.
Han pasado algunas décadas de aquella aventura que me llevó a remitir bastantes colaboraciones a la prensa. Que tuvo su inicio en julio de 1987 con una vieja máquina de escribir, que luego fue sustituida por una eléctrica que contenía una memoria de unas 500 palabras. Pero que se ‘vaciaba’ en cuanto imprimías el medio folio, línea arriba, línea abajo. Aunque ya era un adelanto considerable. Guardo la colección tal y como fue publicada, porque, obviamente, no figuran en soporte digital alguno. Ya me veo escaneando el día que tenga algo más de  tiempo. Menos mal que hoy los ‘inventos’ hacen prodigios.
Luego vino el primer ordenador. Con una capacidad de aguante (memoria RAM creo que la mentan por ahí, corríjanme please) tan escasa que se requería el auxilio de los disquetes de 3.5 pulgadas. La colección se conserva en la disquetera correspondiente y he podido recuperar un significativo número de aquellos prodigios grabados con el WordPerfect y Ami Pro. No saben la alegría que me llevé cuando hice tal descubrimiento. Todo antes que volver a teclear algunos centenares de aquellos, por ejemplo, Desde La Corona, que firmaba un tal M. García.
Me he percatado, y será ello motivo para la oportuna introducción de esa publicación, en el caso de que pueda ser factible, de que el paso de más de veinte años bien poco ha significado en demasiadas facetas de la vida. De la política ni te cuento. Es probable que coja alguno de ellos, le cambie la fecha y el titular y cuele como de ahora mismo
En el proceso de husmear estaba cuando vislumbro, de etapa más reciente (año dos mil y siguientes), dos joyas que me voy a permitir la licencia de volver a reproducir. Al menos por dos motivos. El primero, y principal, la serie que vengo dedicando a la figura de Florencio Sosa, porque en ambos lo menciono. Y la segunda, y no por ello menos importante, porque reflejan la apatía que aún encontramos en los diferentes colectivos que vegetan en los barrios, en los pueblos. Como pueden ser las asociaciones de vecinos, por las que corporaciones anteriores se volcaron y las dotaron de excelentes locales, en los que, salvo las honrosas excepciones, bien poco lustre se está sacando. O entidades privadas (las más con las puertas cerradas a cal y canto) que subsisten…
Mejor, lee y concluye con la reflexión que estimes adecuada para la situación. En aquel tiempo uno era aún miembro de la sociedad que se menta, a la que le dedicó un libro titulado ‘75 años en la historia de un barrio’ (Las Dehesas, Puerto de la Cruz) y que presentamos en el Salón Noble del ayuntamiento portuense (que presidía el amigo Salvador García). No lo pudimos hacer, qué paradoja, en la propia entidad que con tanto mimo sacaron adelante unos ‘entusiastas deheseros’ (con Florencio en el pelotón de vanguardia), porque la junta directiva se retractó al día siguiente de haber hecho la declaración, ante la Asamblea, de que algo aportarían. Puede que pasados ciertos efluvios consideraron conveniente que no interesaba rescatar un pasado que lo mismo les podía poner la cara colorada de vergüenza.
Esta fue la primera, publicada en el periódico La Opinión el 9 de diciembre de 2000:
«Despierta, Florencio Sosa
Me llegan comentarios del Casino de La Dehesa y siento rabia contenida. Setenta y ocho años de historia y la obra de Florencio Sosa convertida en una vulgar tasca  de chochos, moscas y vino. Los periódicos, único elemento cultural de estos momentos, casi salen por la puerta. Botón de muestra del orden que reinó en décadas anteriores. Los actuales dirigentes (¿...?), hinchados de cultura gastronómica, le han dado tremenda bofetada a los ilusionados emprendedores de los años veinte.
En el mes de enero de este año se celebró la pertinente sesión de la Asamblea General. En la Memoria leída por el secretario, unos párrafos de buenas intenciones, pero ni una línea a las actividades realizadas en el ejercicio de 1999. Normal, no se había hecho nada de nada. Espero que haya sido capaz de presentar su dimisión, porque finaliza otro año y no se ha movido una paja. Y si no es capaz de tirar de la carreta, que abandone los bueyes a su destino. Puede que haya recogido en el acta de dicha reunión las palabras de cierto directivo acerca de la colaboración del Casino para publicar la historia de la Sociedad. Que debió pronunciarlas en cierto estado, porque al día siguiente ya no se acordaba. Quizás el vino blanco y los altramuces produzcan tremenda amnesia.
Cuán necesitados están algunos de leerse estatutos y actas. Para que se percaten de cómo en años idos se llevaban a cabo grandes cosas. Con escaso presupuesto y con gran dosis de imaginación. Sólo queda un equipo de dominó que pasea el nombre de la entidad –Valle de Taoro- por los rincones de la isla. El grupo folclórico pasó a mejor vida tras unos últimos años de tiranteces y enfrentamientos. Recuerdo una propuesta de cambio en la denominación. Se creía oportuno suprimir lo de “instrucción y recreo” por “cultural”. Menos mal que no se llevó a efecto.
Haría falta rescatar las andanzas de ese gran maestro y político que fue Florencio Sosa. Confeccionar un buen número de páginas y hacerlas leer a muchas gentes de Las Dehesas. Para comprobar si con sus enseñanzas les entra un fisco de vergüenza. Incluido alguno de los actuales dirigentes (¿...?), que se jacta de haberle escrito una carta en 1972 para que acudiera a los actos del 50º aniversario. Pues el contenido de la propia misiva bien puede valer de primera lección. En los archivos se halla presente. Espero que no la hayan arrojado a la basura. O utilizada para envolver algo. ¡Qué pena!»
Mañana, para no cansarte, concluiremos con la segunda. Gracias.