lunes, 13 de febrero de 2012

La reforma definitiva

Ya Zapatero es historia. Aunque ahora sea miembro, con carácter vitalicio, del Consejo de Estado (parece que es mero órgano consultivo, menos mal), me temo que ni aquellos ‘brotes verdes’ que comenzó a vislumbrar cuando lo peor de la crisis avanzaba por el pasillo, lo van a salvar. Y es curioso porque de no haber existido aprieto económico-financiero, lo mismo estaríamos hoy valorando los avances que en materia de igualdad, verbigracia, consiguió para este país.
Como en esos últimos años de gobierno socialista no se distinguió el PP por aportar alguna receta –con esperar a que José Luis se estallara solo les bastaba–, ahora que por inercia, o cansancio, o hartazgo han pasado a dirigir las riendas que los ‘mercados’ van dictando, se han visto obligados a comulgar con demasiadas ruedas de molino. Que tragan sin mayor dificultad, pues les basta la coletilla de qué mal nos lo dejaron. Todos se han sumado al carro y disciplinadamente siguen el guión preestablecido. Y salvo Ana Pastor, periodista a la que deben quedar unos pocos desayunos en la televisión pública, no vislumbro periodismo informativo como dios manda (artículo 20 de la Constitución). Los comentaristas son un aparte.
Tanto es así que hemos olvidado al menos dos sonadas promesas de no ha tanto. La de González Pons, que casi acaba de golpe y porrazo con el paro (3,5 millones de puestos de trabajo era una respetable cantidad) y la de Rivero Baute, porque merced a un incremento de turistas en las islas, puede que desviados por los conflictos del norte africano, ya se lanzó a vaticinar que la luz estaba a la vuelta de la esquina. El primero desapareció de la escena política más visible, pero el segundo, tan acostumbrado a este tipo de ‘arrancadas’, permanece para general regocijo de cierto editor y del segundo partido perdedor en Canarias, pues por estos lares prima el dejar en la oposición al que gane las elecciones.
Con estos antecedentes desembocamos en la enésima reforma (o más), pero la que curiosamente no va a solucionar el grave problema del paro. Y como uno es lego en demasiadas materias, acude a escuchar todo lo que manifiestan los precitados comentaristas y a tragarse las entrevistas de cuanto asesor acude a los medios. Y a peor la mejoría. Y no sería lógico señalar que me quedo in albis, porque no es del todo correcto. Mi problema es que los entiendo a todos, incluso a los que proponen en el mismo mensaje planteamientos completamente opuestos. Y eso no debe ser muy normal. O eso o yo, vaya usted a saber. Aunque lo mío es de nacimiento, lo otro ha venido por añadidura (que se dice, y vuelvo a Zapatero).
Insisto en que no entiendo nada de nada. Pero si se abarata el despido, menos trabas tendrá el empresario para fulminar al empleado por un quítame allá esas pajas. Y como en nuestro país somos muy dados a todo tipo de picarescas (mejor, las inventamos), con el añadido de poseer ciertos dones naturales para las segundas –o terceras– contabilidades (sí, eso de la caja B), para que una empresa alegue que tiene pérdidas no le hará falta demasiado esfuerzo. Por consiguiente, que diría Felipe, o el Partido Popular rescata a don Esteban (González Pons) o no se atisba solución a esta lacra del paro.
Mientras, estamos buscando una solución para que la declaración del ‘yerno’ no perturbe demasiado al entorno de La Zarzuela, condenamos a un juez estrella convirtiéndolo, ipso facto, en estrellado (y ‘estrallado’, al más estilo autóctono canario), el tinglado de la Gürtel se va a ir para cierto sitio (dilo tú que a mí me da cierta cosa escribirlo), ya no nos acordamos de los millones que se tragó la montaña sagrada de Tindaya, las entradas para el concierto de Bruce Springsteen valen 60 o 70 euros (y está subvencionado a punta pala para que Mansito –el promotor– no pierda un céntimo)…
Y menos mal que Rajoy le tiene pánico a los helicópteros, que si no…