martes, 14 de febrero de 2012

Renuncia de sueldos

La verdad es que no acabo de comprender el porqué es noticia destacada el que un alcalde renuncie al sueldo que tenía asignado en su ayuntamiento para pasar a cobrar del organismo para el que trabajaba con anterioridad (verbigracia, la Consejería de Educación). Y si esto de la crisis viene desde lejos, menos entiendo por qué en el mes de junio próximo pasado, cuando se constituyeron las corporaciones, no adoptaron tal medida en esa sesión plenaria. Era lo más lógico a sabiendas de la que teníamos encima y si pretendíamos destinar esa cantidad a otros asuntos de mayor urgencia. Y tampoco creo oportuno que ahora se enfoque como una renuncia (a un sueldo más alto) y mucho menos como una medida salvadora de un sinfín de males. Hay otros detalles que asimismo requieren urgente revisión y que podrían dar mucho más de sí en esto del ahorro y el cumplimiento del déficit. Llámalo exceso de liberados, puestos de confianza, de libre designación, guardaespaldas, secretarias…
Tal posibilidad se viene llevando a efecto desde tiempos inmemoriales. Y ejemplos, la tira. Ahí tenemos, sin ir más lejos, al ahora concejal en la oposición y anterior alcalde realejero, Oswaldo Amaro. El caso de Vicente Quintero en todos los años que estuvo liberado, tres cuartos de lo mismo. Porque me quedan, obviamente, más cercanos, pero por toda la geografía canaria debe haber bastantes centenares.
Pongamos el ejemplo del alcalde de Güímar, el buen amigo y colega Rafael Yanes. Ahora cobra como maestro en activo. Y le paga la Consejería del ramo. Pero eso es tan dinero público como era el que procedía de su consistorio. Habremos aliviado al presupuesto municipal, pero habremos recargado el de la Comunidad . Con lo que esto es la pescadilla que se come la cola, porque dentro de bien poco saltará como un quíquere José Miguel Pérez, vicepresidente y consejero, para declarar a los cuatro vientos desde lo alto del Roque Nublo que de seguirse produciendo hechos como el comentado (hay varios) no habrá dinero para sustituciones (bueno, ya no hay, pasaremos al negativo).
Es un error bastante frecuente este de distinguir la procedencia del capital, como si todo no proviniera de los impuestos que pagamos los españolitos. Suele ocurrir en demasiados ámbitos. Como queriendo dar a entender a los contribuyentes del pueblo respectivo que al venir el dinero de otro sitio queda aliviado su bolsillo. Ya buscará la fórmula oportuna el organismo ‘superior’ para detraerte tales asignaciones. Si la obra de remodelación de una zona comercial a realizar en Los Realejos es sufragada en casi su totalidad por el Cabildo tinerfeño, en nada varía el origen del montante para sufragar ese presupuesto. Llámalo erario público, fondo común, caja del turrón o como te venga en gana, pero no olvides que ahí también están tus euros. Y el capítulo fundamental de los ingresos de las instituciones públicas es a través de las transferencias que se producen en cascada.
Hace unos años (bastantes) cuando vivíamos en otra realidad y se jubiló muy alegremente a cuanto bicho esgrimiera cualquier dolor de tripa, el sector de la educación no quedó ajeno a tal novelería. Y los representantes sindicales venían por los centros para proponer retiros a los más veteranos porque el dinero procedía del Estado. Como si este tuviese a su disposición una máquina para fabricar billetes al servicio de docentes, empleados de la banca, telefónica y otros sectores. Por aquellos lodos tenemos ahora barro hasta en el órgano de Corti.
Sinceramente creo que la solución la ha dado la Sra. Botella (me imagino que por encargo familiar). Muchos problemas de la sociedad española quedarían borrados de la faz de la tierra (podrían ser extrapolables a Grecia, por poner un ejemplo cercano) si todos nosotros, voluntariamente, nos pusiéramos a disposición de nuestros estimados, respetados, y nunca bien ponderados políticos para echar una mano. Unos podemos dirigir el tráfico  (con el chaleco reflectante que guardamos en el coche sería suficiente), otros realizarían labores en los hospitales (empujar camillas, limpiar el piso, dar las comidas –que traerán, por supuesto, los familiares del enfermo–, atender el teléfono…), y así, si quieres, hasta el infinito. De tal suerte, sobraría dinero para más concejales liberados (con sus allegados pertinentes), subir el sueldo de todos los políticos (teoría de Rodrigo Rato), más actos protocolarios…
No es por nada, pero Rato acertó cuando manifestó lo que expresé unas líneas arriba. El que cobren poco los aludidos es lo que ha hecho que los talentos se fuguen y no participen en la cosa pública. Lo que traducido al román paladino equivale a que estamos gobernados por unos ‘no capacitados’. Puede que pensado por muchos, pero dicho por uno que en Bankia no cobra ni para el tentempié mañanero.
Bueno, mañana, si les parece bien, no hablaremos del gobierno.