viernes, 10 de febrero de 2012

Uno, grande y libre

Como este fin de semana voy a estar entretenido, o lo mismo me tomo un descanso, y como, más concretamente, mañana sábado se va a celebrar un acto en mi pueblo por el que se hará efectivo cierto acuerdo plenario, me ocupo hoy de ciertos dimes y diretes que circulan por esta población norteña.
Creo que ya estamos meando por fuera de la bacinilla. Porque si legítimo es el que unos ciudadanos demanden de su ayuntamiento el que se rotule una calle con el nombre de tal o cual persona –personaje o personalidad–, también deberá serlo el que haya otros, de aquí o de más allá –yo mismo, mero ejemplo–, que no comulguen con la idea y, por consiguiente, se manifiesten radicalmente en contra. Y ello no da derecho a los unos o a los otros a que se pongan a caldo de gallina. Y tan lícito es que si de los 21 concejales de una corporación, once deciden llevar adelante la propuesta, no lo es menos la resolución de los otros diez, bien absteniéndose, bien haciéndolo de manera negativa.
Lo anterior, que parece de lo más normal en cualquier sistema democrático, no acaba de ser entendido, fundamentalmente, por quienes abogaron en su día por remitir el primer escrito a las Casas Consistoriales. No me extraña lo más mínimo cuando se concluyen las argumentaciones con los calificativos de rigor  para con cierto medio señalando que es “grande y libre”. Como ya teníamos meridianamente claro que es único, el lema, y título del post, está servido.
La emisora municipal Radio Realejos se ha destacado desde sus inicios, al menos tanto como cualquier otro medio (de los que se jactan en propagar bondades), por dar participación a todo cuanto quiera expresar opiniones. Yo he sido uno de ellos. Jamás hubo cortapisa alguna. Ni llamadas al orden. Parece, pues, obvio manifestar que cada portavoz de los diferentes grupos del ayuntamiento plantee sus ideas y proyectos como si lo estuviera haciendo en el salón de plenos. Ni más ni menos.
No se me ocurriría jamás, aun discrepando de ciertos pareceres, tildar a nadie de charlatán (en la acepción más peyorativa), porque, como contrapartida más de uno puede pensar que aquellos que escribimos lo hacemos, igualmente, sin ningún tipo de sustancia (gris). Dejemos la fiesta en paz, a lo hecho pecho, porque plumíferos (unos más que otros), la tira.
Y este de ha bastante, afortunadamente sin negro (más vale solo que mal acompañado), escribió en este mismo cuarto (ya llegaré a medio algún día) hace unas fechas: Siento haber pasado a la lista negra, si no lo estaba ya. Pero me consterna que en mi pueblo, noble por excelencia, se haya supeditado su máxima institución a las posibles arengas viperinas de rigor. Considérenme otro antipatriota de esos que “tanto odian al pueblo negando los derechos de los canarios”. Menos mal que nos dejó los izquierdos. Hasta que le dé la venada, Los Realejos será un pueblo excelente y tendremos generosos espacios en las páginas del Norte (y resto de puntos cardinales). Cuando se le viren las tornas –lo mismo el día 11 de febrero a partir de las doce y cuarto–, agárrate que vienen curvas. Aunque las paradojas del destino hicieran posible que aquí, un 25 de julio de 1496, haya ocurrido lo que los historiadores nos indican. Mejor, así tenemos calles de variopintos menceyes. Alguno, incluso, al tiempo que independentista y promotor de la república bananera guanche (excluyendo Canaria), acérrimo defensor de postulados más ‘populares’. ¡Nacionalidad!
Gracias al amigo Álvaro Hernández Díaz me enteré hace poco que soy el cuarto de una lista de cuatro sujetos que figuran en el apartado de Literatura (de Los Realejos) en la Guía de recursos y espacios culturales, editada por el Cabildo y Gobierno de Canarias en 1995. Ha llovido un fisco y lo mismo ahora soy el vigésimo (de veinte).
¡Ah!, yo fui colaborador de El Día. Durante muchos años. Y puede que más tarde o más temprano publique una selección de los mismos. Ya lo han hecho otros. Mi esperanza es que no tenga que pedir permiso a nadie. Como jamás me ha gustado el pasteleo (sin dobles), cuando he leído los tres fragmentos que seguidamente reproduzco (y que están a años luz de lo esgrimido en el párrafo precedente), aunque no los compartí, en absoluto, ni me rasgué las vestiduras ni inicié el proceso de adjetivación al que tan dados son algunos
a) En un próximo comentario y en las palabras de inauguración y rotulación de la calle que le ha concedido el Ilustre Ayuntamiento de Los Realejos al editor y director de EL DÍA, José Rodríguez, además de sus naturales y expresivas y sinceras palabras de gratitud al partido que aprobó con su mayoría la distinción otorgada, y al pueblo en general, hablará también del rencor del incompetente y necio político de CC que ha desgraciado a Canarias, Paulino Rivero, y del odio que anida en las cabezas de los socialistas políticos, que no humanistas, y de la izquierda comunista, antipatriotas que tanto odian al pueblo negando los derechos de los canarios.
b) Hay otras personas que también tendrán sus calles, hijos de este pueblo tristemente fallecidos, pero creo que es de justicia dar prioridad a una persona tan querida como don José Rodríguez, quien lleva desde 1997 esperando que esta propuesta vecinal tuviera la consideración de los políticos realejeros. Al final hemos leído quiénes se oponen. Son quienes no cuentan con el apoyo de las urnas, y que el PP ahora, con mayoría, les ha dado una excelente lección democrática.
c) Esta calle de Los Realejos, cuya placa va a descubrirse el día 11 próximo con el nombre de José Rodríguez Ramírez, significa un merecidísimo reconocimiento a un hombre bueno, enérgico en la defensa de su isla, dueño de un sentido del humor que mucha gente ignora, capaz y gran empresario. Algunos politicastros y otros plumillas de medio pelo han intentado cortar el sprint de EL DÍA y de su director. Pero será imposible mientras tenga aliento y mientras existan tinerfeños y canarios de bien que le apoyen. Yo soy feliz en esta columna; y espero seguir disfrutando de la hospitalidad de Pepe muchos años. Con él y con ustedes.
En fin. No se quejarán los ‘positivos’. He puesto tres. Aunque no te lo creas, alguno de ellos fue otrora negativo. Pero virose (antes llevaba tilde porque el pronombre enclítico era un cero a la izquierda; ahora los académicos se dieron cuenta que es mera llana acabada en vocal) cual lisa. Significa ello que lo mismo dentro de diez o quince años me compro un piso en cierta calle… Chacho, ¿vas a empezar otra vez?