sábado, 24 de marzo de 2012

Ánimo, Eduardo

Podía haber escrito hoy de cómo Mouriño ha sido capaz de quitarme las escasas ganas que aún me quedaban por ver un partido de fútbol, de cómo Rajoy promete acabar con los enchufes en este país (y ya se sabe cuál es el grado de cumplimento de las que ha hecho hasta ahora), de la gran suerte que tienen los cónyuges de los políticos para ocupar puestos en los consejos de administración de las grandes empresas (el fichaje de la mujer de la que creía promesa socialista Eduardo Madina me ha derrumbado otro castillo) y algún que otro fleco más, pero lo he pensado mejor y voy a dedicarle unas líneas a otro Eduardo.
Eduardo Álvarez González, el hijo (uno de ellos) de Remedios y Alberto, que continúa en Alemania con su proyecto de La Despensa Canaria (que cumple en estos días su primer aniversario), sigue, con tenacidad germana, empeñado en demostrar allende nuestras fronteras que Canarias es mucho más que los clásicos tópicos de sol y playa. Y que aquí disponemos de productos de superior categoría con los que elaborar exquisitas dietas. Pero como hace unos días –y los medios de comunicación tradicionales se hicieron eco– hubo una rueda de prensa en la Casa de La Parra, en la que se dio a conocer la promoción que en la feria Kulinart 2012 (Stuttgart) iba a realizar Eduardo a través del stand ubicado en la misma, permítanme mis escasos, pero bien avenidos, seguidores que un servidor incida en otros aspectos mucho más domésticos. No obstante, si ustedes demandan más información sobre la labor que allá viene realizando este joven realejero, tienen cumplida reseña en los periódicos tinerfeños, en la web del ayuntamiento, en el blog de Radio Realejos…
De vez en cuando (desgraciadamente, muy de vez en cuando) intercambiamos algún e-mail con Eduardo, o me llama por teléfono cuando piensa que este otrora su maestro puede echarle una mano. Sí, porque el entusiasta emprendedor fue discípulo de quien suscribe y ostenta la autoría de este Pepillo y Juanillo, en el colegio público de La Longuera (también El Toscal, para que no se enfaden los de abajo). Y aunque la fotografía no me quedó escaneada muy allá, ahí tenemos a aquella tropa de 7ºB, en el aula de la esquina NO allá por 1992 (solo han pasado veinte años, y como dice la canción, veinte años no es nada). El señalado con la flecha es nuestro hombre.
Me soplaron que Eduardo se emocionó en la videoconferencia de ese pasado día 21, cuando intervino desde Alemania con la directora de la feria mencionada. No es para menos. Piensen en sacrificios y esfuerzos, sobre todo los que los españoles realizan cuando deben salir del terruño en busca de nuevos horizontes. Les cuento una anécdota: me contaba Eduardo hace unas semanas que la intención de dar a conocer la feria y, por ende, la labor de su empresa –con lugar preferente en la misma, como antes indicamos–, era la de escoger cualquier instante de los días en que se estaba celebrando, a saber hoy 24 y mañana 25, pero como coincide con sábado y domingo, es impensable –en España–, que políticos y periodistas se pongan de acuerdo para celebrar una rueda de prensa. Así queremos salir de la crisis.
Me congratula que Eduardo siga firme en su propósito de consolidarse en ese mercado. Cuenta con muchos apoyos, entre los que debo destacar el de Regina, su compañera, y el de Cristian Dreisörner, el excelente cocinero –de casta le viene al galgo– que tan estupendas críticas gastronómicas está recibiendo.
Así, con dedicación, ahínco, buen gusto, con entusiasmo desmedido, con cabezonería (por qué no), les auguro un prometedor futuro. Pero sin olvidar que en muchas ocasiones lo difícil no es llegar, sino saber mantenerse. Puede que no sea el caso, porque son conscientes de lo que ha habido que bregar para alcanzar este punto en el que cumplen su primer año de existencia.
Como la ilusión se la presupongo por mucho tiempo, me parece conveniente recurrir al consabido ruego para que no le falten los apoyos institucionales. Que las palabras pronunciadas en la pasada rueda de prensa no se queden en eso: palabras.
A ti, viajero, un ruego: cuando vayas a Stuttgart, capital del estado federado de Baden-Wurtemberg, ahí por el sur de Alemania, puerta de entrada de la famosa Selva Negra, no dejes de acudir a Die Kanarische Speisekammer. Seguro que Eduardo te recibirá con sus eterna sonrisa de chico pillo, pero con una resistencia a prueba de ‘globos’ (iba a poner bombas –¿te acuerdas cuando las llamábamos así?–, pero me dio corte). ¡Ah!, y no descarto, cuando el negocio se incremente y la economía pueda permitirlo, irme para allá (o pa´llá, como prefieras), porque el más pequeño de Alberto y Remedios me contratará para llevar las relaciones con la prensa, aunque eso me suponga el aprender un nuevo idioma (a mis años, qué sueño).
Mi enhorabuena, Eduardo, que hago extensiva a tu equipo y a tu familia. Por aquí, por El Realejo, por La Longuera, te seguimos teniendo en buena estima. Y sabes que no soy, precisamente, amigo de rancios peloteos. Que ya uno está bien mayor para esos menesteres. Suerte inmensa. Ánimo y pa´lante.