viernes, 23 de marzo de 2012

Qué pena, Lola

Concluido el debate del estado de la nacionalidad, del que no vi absolutamente nada porque no quiero morir de vergüenza ajena, y tras la lectura de diversas informaciones (hay que beber en todas las fuentes), he llegado a la triste conclusión de que no hay mejoría posible. Los parlamentarios que se sientan en el expropiado edificio de Teobaldo Power siguen perteneciendo a un mundo que no coincide con el tuyo y el mío. Perdieron la noción de la realidad con tanta prebenda (que generosamente les pagamos) y piensan, quizás y de manera harto ilusoria, que no existe tierra más allá de sus bancadas. Se colocaron unas lindas y elegantes orejeras (en las guarniciones de las caballerías de tiro, cada una de las piezas de vaqueta que se ponen al animal para impedir que vea por los lados; con mis más sinceras excusas a los cuadrúpedos) y pasean por las calles con esa rara habilidad de no ver a nadie, de sentirse, iba a escribir solos, pero no, superiores, al margen de todo y de todos.
Como una vez participé en política, y lo hice de la mano del PSC-PSOE, siento terrible pena y honda tristeza el contemplarlos manifestando todo lo contrario de lo que dijeron hace unos meses. Paradigma de las contradicciones, ejemplo a no seguir por esa juventud que aún cree que es posible relanzar un partido que ha perdido los cuatro puntos cardinales, no se recatan en bendecir las mismas ocurrencias de CC que, insisto, no ha tanto eran provocaciones, exabruptos o, cuando menos, nimiedades sin ton ni son. Lo que da un buen acomodo y un mejor pesebre.
A la espera de que pase el domingo –Andalucía y Asturias han tenido toda la culpa–, y  doña Soraya (don Mariano sigue missing) nos presente los flamantes presupuestos generales para todo el estado español, que aún incluye Canarias –muy a pesar de quien tú sabes–, los grupos que sostienen y apoyan el actual ejecutivo de estas ínsulas se curan en salud y no se recatan lo más mínimo en amenazarnos con un sonoro incremento de los impuestos (medida que criticaron hace unas semanas al PP en Madrid). Lo dijeron de esta guisa: “En el caso de que el Gobierno español no mejore la financiación, sino todo lo contrario, y dé una nueva vuelta de tuerca a los recortes, la situación no da para más y se tendrán que subir los impuestos”.
Y en esto apareció la presidenta socialista canaria, María Dolores Padrón, a la que hasta ese momento la tenía en buena estima –y como sostiene el editorialista, solo me meto con ella en la faceta política–, y le pega un beso de tornillo –metafóricamente escribiendo– a Paulino Rivero, al tiempo que ratifica que los suyos también son partidarios de subir los impuestos (si el Gobierno central no cumple; es decir, sí o sí) y siempre que la recaudación se destine, con carácter finalista, a Sanidad. No especificó si pública o privada, si para corregir las listas de espera o para mejorar las jaquecas, que no impertinencias, de sus señorías. Para quedar bien ante los escasísimos incondicionales, añadió que los trabajadores, que no ha  generado la crisis –qué amable es–, no pueden soportar más cargas. Dicho lo cual respiró profundamente, y resolvió la cuadratura del círculo con atacar por el flanco del tabaco rubio (de racismo nada), el alcohol y los combustibles.
Me pregunto yo si en este último concepto entra la gasolina o gasoil que todos los que no somos diputados, alcaldes, consejeros y demás individuos profusamente agraciados, debemos pagar religiosamente cuando al fotingo, que utilizamos como herramienta de trabajo –ellos no, pues no trabajan–, se le enciende una lucecita que nos indica que solo nos queda para llegar al sur(tidor más próximo). Y remachó doña Dolores (ya se parece a la Cospedal) con lo del ataque a nuestra soberanía (qué risa o qué lastima) y fuero canario con la autorización de las prospecciones petrolíferas. Total, si va a dar lo mismo, sigan así y del euro que pagamos por un litro, noventa céntimos son para la caja (que ustedes administran, gestionan e, incluso, despilfarran).
Del diez te quedó lo de la "derecha españolista más rancia ataca al estado del bienestar”. Y, además, indicó que “de la crisis económica hay que salir todos con los mismos derechos”. ¿Tú recapacitaste, Lola? La derecha nos ataca (no olvides que yo también soy estado del bienestar, y me están quitando el júbilo que tenía) y nos deja, me imagino, moribundos. Luego, ¿la izquierda? nos remata. ¿O no, concejala y diputada?
Vamos a solicitar una consulta popular. Ni que Rivero fuera bobo, ahora que encontró un agarradero. Por cierto, ¿lo consultaste con Alpidio?
Manifiestas que el presidente ha planteado un modelo económico que nos va a permitir salir de la crisis. ¿Me carcajeo? ¿Es una copia de los muchos que ha venido esbozando desde tiempos remotos con los que se iban a conseguir miles y miles de puestos de trabajo? ¿Me tomas el escaso pelo que aún me resta?
Tú que fuiste alcaldesa de la otrora Ciudad Turística nos presentas lo del turismo de calidad como una novedad. No me digas que no lo escuchaste desde cuando tu madre te tenía en el vientre, porque yo lo vengo oyendo desde que era joven e iba al Puerto a dar vueltas en la Plaza del Charco. Pues no hicimos kilómetros en la susodicha.
Concluyo con esta reflexión: “El presidente ha dado soluciones a corto, medio y largo plazo sin olvidarse de quienes peor lo están pasando y a quienes hay que darle una alternativa”. Por supuesto, Lola, claro que no se olvidó. ¿La alternativa? Obvia, ponerle unos kilos más de carga. Porque con la subida de los combustibles (debe ser que ustedes repostan poco, qué coches más económicos tienen en el Parlamento, en las Consejerías, en los Cabildos, en los Ayuntamientos… ¡Ah!, añade el helicóptero) nos vas a hundir un poco más, por si no estamos lo suficiente. Y con nuestro ahogamiento, perecerán asimismo otros muchos por los denominados efectos colaterales.
Lo dicho, qué pena, Lola. Como comprenderás, a estas alturas de la senectud no puedo compartir, en manera alguna, esas prácticas ‘sociolistas’. Y si te dijera que cada vez somos más los desencantados, con toda probabilidad seguirías sin preocuparte porque ande yo caliente…
A pesar de todo, el ruego de que pasen un feliz fin de semana.