miércoles, 7 de marzo de 2012

Borrachos conocidos

Cierta estupefacción me causó la lectura de una información (y no es pareado) en la que se pretendía demostrar las gravísimas consecuencias que puede causar el abuso en la ingesta de alcohol. Bueno, en realidad se refería a más sustancias, pero como uno pertenece a la vieja escuela sigue relacionando todo tipo de ‘coloques’ con el líquido aludido, independientemente de su gradación. Sí, ya sé que el tema no se presta –no se debe– a comentarios jocosos, pero, palabrita del Niño Jesús –a saber yo mismo–, no van por ahí los tiros. Esto es, quizás, de lo poco serio que pueda existir en esta ventana de la Internet.
Leí que hasta los 24 años –me imagino que mes arriba, mes abajo– el cerebro de una persona puede sufrir daños irreparables con tales consumos, pues hasta esa edad ese importante órgano se halla en fase de formación. Como suelo siempre manifestar, los versados sabrán lo que dicen (y lo que escriben). De ser ello así, y no tengo por qué dudarlo, me temo que dentro de muy escasos abriles disfrutaremos sobre la faz de este planeta llamado Tierra (si un asteroide de esos tantos descarriados no determina lo contrario) de una panda de inútiles de padre y muy señor mío.
Basta con echar una visual en cómo amanece el domingo en cualquier espacio, acotado o no, donde se reúne la pibería de ambos sexos (que no géneros, por si la RAE me lee) para tragar a mansalva el contenido etílico de botellas, botellones, garrafas y cubas de medio kilolitro. Y todo ello bien aderezado, sea o no carnaval, con ingentes cantidades de pastillas que no sirven, precisamente, para combatir el agudo dolor de cabeza que les queda tras la mona correspondiente.
Sí ya sé que exagero porque desde tiempos inmemoriales se viene alegando lo de que la juventud está perdida y bla, bla, bla. Y que siempre quedará el resquicio oportuno que salve la humanidad de la destrucción masiva. Pero, en lógica consecuencia, muy difícil se me hace comprender el motivo por el que se dan a conocer tales aseveraciones. A no ser que haya sido patrocinado por Coca Cola, que es esa bebida excelente para aflojar tornillos.
Se desgañita Paulino Rivero para que volvamos a la cultura del esfuerzo de nuestros abuelos, para que nos preparemos (aunque sea emigrando), para que aprendamos cinco o seis idiomas. Se quejan los analistas de que los grandes talentos huyen de la política, por lo que esta queda comprometida a los que solo saben vivir a costa de los demás (te suena esto de algo). Y entre tantas encuestas e investigaciones me temo no nos vaya a quedar ni siquiera la esperanza.
Y el planteamiento es bastante simple. ¿Qué porcentaje de nuestra juventud (de diez u once en adelante) le manda al ‘trinque’, a las ‘fumarolas’ y a otras diversiones del fin de semana? Dicho de otra manera: ¿qué escasa representación permanece virgen ante estas incitaciones que destruyen la masa cerebral? Bien, pues esa en la que estás pensando jamás se dedicará  a representarnos en las instituciones públicas. Insisto, en un futuro más o menos inmediato. Ahora puede ser que alguno (concejal, consejero, diputado…) todavía escape. Pero es que dentro de un suspiro no habrá ni uno. Todos tarados. Y no es que me lo esté inventando yo, es que lo ponen de manifiesto esos sesudos estudios. Y cuando llegue ese instante –repito, en un par de años más–, toda esta pandilla de alcohólicos anónimos (por el amparo en la oscuridad de la noche y el formar parte de una masa…; chacho, basta con echar una visual al campo de batalla) se habrá convertido en un selecto club de gente muy conocida que, obviamente, serán miembros honorarios  del otro que te mento en el título del presente. El razonamiento es de pura lógica.
Pero, claro, ¿cómo llega esa gente a esta nueva fase vital? Puede que aparentemente bien, aunque el cerebro lo tengan bastante afectado, a tenor de los estudios. Y una parte importante de ellos formará parte activa de ayuntamientos, cabildos, diputaciones, parlamentos. Es más, uno de ellos será el elegido, el que dirigirá los destinos de nuestra nación.
¿Sigo, o lloras un fisquito conmigo? Me voy a mandar un tanganazo de vino Sansón; como es reconstituyente, cuando tengas un simple esbozo de resfriado… Total, un servidor ya pasó de los veinticuatro. ¿Lo cogiste? Hasta mañana. Y salud.