martes, 6 de marzo de 2012

Tres eran tres

Aquellos que peinamos canas –o ni siquiera eso porque ya han desaparecido de la testuz (animales somos y en el camino andamos) y no requerimos tales artilugios, ni siquiera tintes–, recordamos a la perfección lo de tres eran tres, Juan, Periquito y Andrés. Aquellos juegos infantiles pasaron a  la historia. Y no porque no hayamos sido capaces de inculcarles a las siguientes generaciones aquel espíritu bullanguero y facilón, sino, quizás que los avances, el progreso, las nuevas tecnologías han podido superarnos, ganarnos la batalla, y han impuesto sus modas, sus costumbres.

Ahora, en los tiempos que corren –que se dice, al igual que los virus andan–, parece que restan algunos ejemplares, medio prehistóricos, medio dinosaurios, que actúan en famosos tríos (sin connotaciones de vanguardias ni retaguardias, más de estas últimas que de las primeras). Ignoro si emulan al de Las Azores o simplemente solo ansían deleitarnos con bellos cánticos de nuestra estimada, querida y nunca bien ponderada tierra canaria (excluyendo la que tú ya sabes), al estilo de los que recorren hoteles cantando a los turistas el ‘Y viva España’ (guitarra, timple y pandereta o maracas; suele corresponderse este último con el más ignorante, pero que lo disimula con mucho morro y poniendo la mano en posición mendicante).

Como he pasado, bien lo saben mis estimados ojeadores, a engrosar la lista del capítulo de los jubiletas, tendré que guardar sumo cuidado y tacto no sea que me acusen de estar cobrando por cada post de este blog. Antes, perro no comía carne de perro; ahora, el despiece está servido. Por cierto, permítanme el inciso: llamé ayer por la mañana a la Dirección General de Costes de Personal y Pensiones Públicas y me han confirmado que este año voy a cobrar 6,19 € menos cada mes. Gracias, estimado Rajoy, por no tocarme la pensión (creo que me has tocado otra cosa). Si lo hubieras hecho, lo mismo dirijo atenta misiva al trío JAR (averigua, deduce, indaga) para que, mechero (aunque prefiero chisme, ¿te acuerdas?) en una mano y lata de gasolina en la otra (pacifismo puro y duro), prendan fuego a las sedes del PP (que les coge de paso en su cruzada coalicionera).

Estoy preocupado. Saben que uno de los personajes de este mísero, odioso y repugnante blog (me adelanto por si acaso) se llama Pepillo. Es el más inquieto de dos hermanos (una pena que no me hubiese pasado por el magín el ‘fabricar’ un tercero) y al que voy a tener que poner en cuarentena (como los virus) hasta que se dicte la sentencia de (in)determinada vista celebrada hace unos días, no sea que el muy jodido me demande por las confianzas diminutivas.

Dicen que uno se vuelve más niño con los años. Y pienso que cuanto más provecto sea el ejemplar, más infantil será su  proceder. Pura lógica. Pues, amigos, de los componentes de la terna, tal para cual, arriéndame tú las ganancias. Chacho, es como ponerte tortilla en cada comida durante cienes y cienes de años. Qué pejiguería más grande. Qué guineo más horripilante.

Está constatado: existen armas de destrucción masiva, estratégicamente ubicadas en los acantilados de la costa norte, fabricadas en Godilandia y a punto de ser utilizadas por los malvados regidores, cabilderos y no tanto…

No son, ni por asomo, los tres Reyes Magos (sin connotaciones campestres), ni el Trío Los Panchos, mucho menos los tres cochinitos (albergo mis dudas), puede que los tres chiflados, pero para que veas que no quiero vedarte posibles soluciones, ahí va una relación para que elijas (así, por lo bajini y en secreto, algunas triadas cuadran a la perfección):

Harry, Ron y Hermione; Shrek, Fiona y Burro; Ash, Misty y Brooke; Woody, Buzz y Jessie, Philip, Leela y Bender;  Gokú, Bulma y Krillin;  Timmy, Cosmo y Wanda; Bob Esponja, Patricio y Arenita; Tommy, Carlitos y Angélica; Ariel, Flounder y Sebastian, Yakko, Wakko y Dot; Mickey, Minnie y Donald; Aang, Katara y Sokka; Luke, Leia y Han; Garfield, Odie y Arlene; Victor, Hugo y Laverne…

O, simplemente, JAR (que podría ser PAR, pero no quiero que piensen en Labordeta; él era él, y estos son…).

Hasta mañana.

Nota aclaratoria: He tenido que teclear en un instrumento bastante minúsculo porque el mío se estropeó. Le entró un virus y me lo bloqueaba con la amenaza policial (multa incluida) de que era un terrorista y que andaba metido en páginas raras. El ponzoñoso bichito no debe conocer a los componentes de mi trío favorito. La madre… del cordero.