lunes, 19 de marzo de 2012

Un partido previsible

Aquellos que pertenecemos a la Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado (MUFACE), aunque hayamos pasado a engrosar la lista de ‘reservistas’, seguimos abonando religiosamente el 40% de los gastos farmacéuticos. Por lo que no podemos excedernos en nuestras visitas médicas, no sea que junto al incremento del IRPF nos encontremos un mes en que tengamos que acudir a la casa de algún hijo en busca del auxilio pertinente. Sí, arriba tómatelo a guasa. Que ese porcentaje no es moco de pavo.
Viene el párrafo anterior  a cuento de la cantinela del ya desgraciado famoso concepto del copago sanitario. Del que Rajoy no es partidario. Pero como es el líder de un partido previsible –son sus palabras en el transcurso de la campaña electoral asturiana–, a los hechos me remito. No vamos a subir los impuestos porque nuestra economía… (en estos puntos suspensivos coloca la ingente recolección de vídeos, declaraciones, sentencias y varios más hasta el infinito que dijeron y después resulta que no lo habían dicho). ¿Para qué aburrirte si, como yo, sabes que nos han tomado el pelo al revés y al derecho? Por cierto, y perdóname el desvío: ¿sabrías explicarme la razón del teñido de Mariano en la parte superior de la cabeza si la barba no la toca?
A lo que íbamos. Con los precedentes habidos no creo que esté demasiado lejos el que nos pensemos seriamente ir o no al médico. Lo mismo tenemos que volver a los tiempos en los que te morías de repente. Sí, ¿no te acuerdas? Pues debes ser mucho más joven que yo. Antes existían ataques cardiacos, tumores, leucemias… En fin, de todo. Pero la causa del fallecimiento era siempre casi la misma. ¿De qué se murió? De repente, se quedó dormido, le dio un dolor y…
Por eso me pregunto si aparte del abono antes mencionado en las farmacias, también tendremos que apoquinar al urólogo –mero ejemplo– unos cuantos euros por hacernos un tacto. Eso, apaleado y cornudo.
Hay recuerdos que permanecen imborrables. Uno de los míos es cuando un día en la escuela de La Longuera, don Andrés Carballo Real, el único maestro que tuve, me preguntó si quería ir al colegio o al seminario. Debió ser a finales de la década de los cincuenta o principio de los sesenta. Ignoro la cantidad de crisis que había en aquella época, porque uno, a pesar de las penurias, era feliz en medio de tantas plataneras. Por lo menos no me acuerdo de que haya pasado hambre. Higueras, durazneros, perales, viñas, zarzas, morales, tomateros… nos surtían adecuadamente. Pero si el hecho hubiese acontecido hoy mismo, es más que probable que hubiese optado por hacerme cura, porque al menos me habría asegurado un trabajo de por vida (eso dicen los obispos).
Y pensar que ‘sus señorías’ (sí, los que trabajan sentados. ¿Trabajan?, dije. Mentiroso.) tienen, incluso, seguros privados a cargo del erario público. Y generosos planes de pensiones. Y accesos que soslayan largas listas de espera. Y una cara que se la pisan. Después del copago sanitario vendrá el copago educativo. Más tarde suprimiremos los viajes del Imserso y cerraremos… ¿Sigo?
Lamentable. Y los equipos de fútbol deben la Biblia en pasta. Entre los acreedores, la propia Seguridad Social. Con lo que no demasiado tarde, tú no tendrás médico, pero Messi y Ronaldo seguirán acudiendo a clínicas privadas. Y no pasa nada, porque ni a Rajoy, ni a Rubalcaba, ni a la madre que los trajo al mundo (¿se nota que ya estoy caliente?) les importa un pimiento lo que te pase a ti o a mí. Porque nosotros no somos ni siquiera circunstancias.
En estas estábamos cuando surge el ínclito Corrales para demostrar al mundo lo bien que lo está haciendo (no sé si sus relaciones con Viciana se han retomado) y presenta como una gran novedad la declaración de su patrimonio. Para ejemplo te pongo aquellos rebenques que en los años ochenta del pasado siglo no tenían ni patrimonio que declarar. No entiendo que tus saltos y arribadas puedan ser botón de muestra de nada.
Pues sí, estimados míos, agárrense los machos que se aproximan curvas peligrosas de derecha izquierda. Acabaremos pagando el desgaste de las aceras. Y no tendremos que esperar demasiado. El 26 de marzo está a la vuelta de la esquina. ¿La alternativa? No la vislumbro. Somos masoquistas y persistimos en comulgar con lo de más vale ruin conocido. ¿El marido de Cospedal? Bien, al PP gracias. No se puede quejar. Además, sabe un montón de electricidad. Casi tanto como Soria de petróleo. Por supuesto, a Repsol gracias.
Finalizo. Respondo por este medio a unos amables comunicantes. Recua verseada, la última publicación, no estará a la venta en librerías.
Hasta mañana.