jueves, 19 de abril de 2012

El copago

Se mantendrá, a toda costa (dije costa, y no coste) el poder adquisitivo de los pensionistas. Fueron, hasta ayer mismo, palabras de Mariano (el que ha  pasado, sin mayores traumas, de la indecisión a la mentira). Y en lógica consecuencia con la trayectoria poselectoral, nuevo hachazo a los ya esquilmados bolsillos (tuyos y míos, que no de ellos).
Si eres uno de mis escasos condicionales, recordarás que hace unos días colgué en una de estas entradas una fotografía con un grupo de ‘jubiletas’ y manifestaba que eso no podía ser, porque a ese colectivo de hombres enteros, hechos y derechos, aún se le podía sacar mucho rendimiento. El gobierno que todos nos hemos dado por cuatro años (aunque cada vez son más los que no votaron por el PP; me lo expliquen), ha creído oportuno llevar mi consejo a la práctica. Y a partir de ahora, en este país no se enferma nadie. Y si te pones bobo, lo pagas.
Los jubilados abonarán al menos el 10% de sus medicamentos.  Y los que tienen muchísima suerte y todavía tienen curro (forma parte de ese selecto conglomerado denominado ‘activo’), la mitad de lo que te han recetado correrá de tu cuenta. Porque el 40% actual se considera escaso. Me pregunto si los pasivos que pertenecemos a Muface, y que ya estamos apoquinando ese 40%, como si continuáramos trabajando, veremos asimismo incrementada la cuota. Me imagino que sí. O eso o volver a las aulas –sin cobrar, por supuesto– para ir limpiando los papeles que los alumnos echen, en un descuido, al suelo. Cuando no a dirigir el tráfico en las entradas y salidas (Botella dixit).
Cualquier medida es válida antes que meterle mano a los que controlan este mercado farmacéutico (tú y yo, seguro que no; ellos puede que sí). A los amigos hay que tenerlos en buena estima y no podemos tocarle los termalgines ni los paracetamoles con reiteración. Además, dentro de bien poco habremos conseguido rebajar la lista de espera, muchos descansarán para siempre en la quietud y felicidad del hogar, y, en fin, que acabaremos de una vez por todas con tanta bobería, que ya está bien. Creo que están trabajando en una medida similar para reducir la lista del paro.
Mientras los sablazos persisten, el rey ya se encuentra bien, hace ejercicios apoyado en dos estupendas muletas y le damos el alta para predicar con el ejemplo. Dado que no existe la necesidad imperiosa de suprimirle su médico particular (los PGE se lo permiten), puede seguir el plan trazado en los jardines de La Zarzuela, salvo que algún elefante descarriado se lo impida. Y dejen ya de marear la perdiz con el dichoso viaje al continente africano. Sí, ese que al principio no había costado nada porque era una gentileza de la empresa dedicada a esos menesteres, y ahora parece que fue abonado por cierto magnate saudí. Al que su majestad deberá remitirle el discurso navideño próximo pasado por si le parece adecuado que derive unos petrodólares a mitigar el paro juvenil, aspecto que como muy bien saben ustedes preocupa sobremanera a Juan Carlos y toda su familia. Aunque el hombre, vaya en su descargo, ya se disculpó y juró que no lo volverá a hacer más (como la canción).
Como tampoco vamos a suprimir el Senado –recuerden que esos pocos millones apenas van a solucionar gran cosa–, ni todo ese cúmulo de agregados, enchufados, encumbrados e iluminados que suponen buen pastón (para nosotros, que no para ellos) y mayor pellizco de las cuentas públicas, así como parece ser que tampoco es conveniente y oportuno revisar las asignaciones al glorioso ejército español (dispuesto a salir para Argentina a las primeras de cambio; de paso les mangamos las Malvinas a los ingleses para compensar lo de Gibraltar), dedicaremos todos nuestros esfuerzos, y dirigiremos en tal sentido nuestras líneas de actuación en pos del objetivo prioritario del déficit cero aunque ello nos suponga… Cállate, bobo, que tú no entiendes de eso. Chacho, lo mismo que me decía mi padre cuando yo era menudo y… santo remedio: a coger yerba pa´ las cabras y los conejos. Y ahora andamos en las mismas. No es que los populares pretendan acabar con el estado del bienestar. De proseguir en esta línea acaban con el estado completo, al menos con el concepto que yo tenía del mismo.
Ayer, o anteayer, que ya me olvido de todo (claro, con tanto recorte hasta menos memoria tengo), se publicó la deuda de las comunidades autónomas. Al menos la que declaran para acogerse a los préstamos que van a permitir que cobren sus facturas todos aquellos proveedores que llevan años mirando pa´l palomo.  Se lleva la palma, y con gran diferencia, la de Valencia. Esa, la de las nimiedades del señorito Camps y sus amiguitos del alma (trajes al margen por obra y gracia de un jurado mucho más que popular). Estableciendo el principio de solidaridad que tanto se esgrime para lo que interesa, sería lógico que los valencianos pagaran mucho más en justa proporción con los despropósitos habidos y cometidos por los que ellos, libremente, decidieron poner al frente de sus instituciones. Y por supuesto que sigan, también libremente, votando por el Partido Popular. Luego con culpar a los socialistas como únicos responsables del déficit, asunto zanjado.
Lo de justos por pecadores se cumplirá una vez más y a fastidiarnos tocan. Aunque me temo que el aguante se halla al límite. Si este gobierno no es capaz de generar confianza en la situación en la que nos encontramos, aviados vamos. Y no se atisba solución ante la mediocridad con la que nos sorprenden un día sí y el otro también. Y el mayor síntoma de inestabilidad lo vislumbramos en quien debe dirigir el cotarro. Me temo que si UPyD les da su apoyo para gobernar en Asturias con el pescador de salmones (tras los espectáculos vividos en el pasado reciente), el buen amigo Ángel tendrá que pedir asilo político, muy a su pesar, al también amigo Isaac Valencia y renunciar al sueño de La Tejera. Esto ya no es un país; es mucho más que un cachondeo.
Bueno, mañana me cortan. Ya te explicaré. Espero que me traten, como mínimo, de manera semejante al que aparece en la foto con muletas.