jueves, 12 de abril de 2012

El funcionario como centro de la diana

Hace unos días plasmé en este blog a cuanto ascendía mi pensión (céntimos incluidos). Y cuando era funcionario en activo, mi sueldo estaba estipulado (céntimos incluidos) en los presupuestos (primero, generales, cuando dependíamos del Ministerio de Educación, y luego, de los autonómicos, tras las transferencias a la Consejería del ramo). En los dos años y medio que pasé a la situación de ‘servicios especiales’, porque creía, iluso de mí, en que la política podía ser otra buena opción de servir a la comunidad, tuve una asignación fija mensual (150.000 pesetas de aquel entonces), sin dobles pagas y pagando el menda la cuota pertinente de Muface (por si tenía que llevar a uno de mis hijos al médico; mi mujer y yo éramos mucho más jóvenes y aguantábamos bien el tipo). ¡Ah!, y declaré (bajo juramento) ante el secretario del ayuntamiento que mis bienes eran un piso en La Longuera y un flamante Fiat 128 (TF 5236-C). En la actualidad no alcanzaría siquiera el grado de ligero de equipaje. Con toda la razón del mundo me dijo en cierta ocasión un amigo que había hecho el gilipollas. Yo entiendo que no, pero ese es otro cantar.
En esto llegó la crisis y aquel alumno díscolo, que se fue a trabajar a la construcción sin titulación alguna, y que me espetaba cada vez que me veía que cobraba el triple (la multiplicación siempre se le dio bien) que yo, se tuvo que ir a apuntar a la oficina del paro en La Orotava. Y con él varios millares más. A partir de ese instante pasé de vilipendiado a envidiado. Por todos, no solo por esos discípulos que se emanciparon prontamente, sino incluso por los que ahora regían los destinos públicos. Y pensaron que éramos unos privilegiados (teoría que aún, pasados varios años, siguen sosteniendo los funcionarios que abandonaron su puesto para escalar por la vía que sigue dando pingües beneficios, amén del sector bancario), por lo que procedía recortar. En ello están los Marianos (súmenle, por sus últimas actuaciones, los calificativos de huidizo y cobarde), los Montoros, los de Guindos, los Riveros…
A todas estas llega a mis manos el editorial aparecido en uno de los números semanales de cierta publicación. Y, en cursiva, como mandan los cánones, helo aquí:
Los funcionarios son esos señores y señoras que un buen día aprobaron una oposición en busca de un empleo estable. Su sueldo era seguro, pero escasito. Es más, cuando estalló ese tsunami de falsa prosperidad y este país se llenó de nuevos ricos, su sueldo, en comparación, era claramente una puta mierda. No obstante, la gran ventaja que tenían (esto lo valoran ahora) era que nadie se metía con ellos: en todo caso, si alguien les señalaba, era para compadecerse de su pobreza.
–Mira ese pringao: veinte años en la Administración, y gana al mes la cuarta parte de lo que yo saco en mi empresa sólo en horas extras.
Pero un día la crisis estalló y España, que estaba a punto de adelantar a Francia, según ZP, luego de haber pasado a Italia, empezó a irse al carajo. Resulta que la economía de este país se había basado casi única y exclusivamente en una burbuja inmobiliaria que nadie quiso pinchar a tiempo, y, cuando explotó, lanzó de golpe contra las oficinas del INEM a tres millones de parados. La recaudación fiscal cayó en picado y, como al mismo tiempo aquí se había despilfarrado en obras absurdas lo que no está escrito, corrupciones aparte, la deuda y el déficit se dispararon, se empezó a hablar de quiebra y el gentío volvió la cabeza hacia los culpables de tanta ruina: los jodidos funcionarios, que cada mes se llevan a casa su sueldo calentito, un sueldo que ahora, en comparación con tanto "ni-mileurista" como hay, es muy apetecible.
"¡Es que la partida destinada al pago de las nóminas de los empleados públicos no deja de crecer!", protesta el gentío. Y lleva razón: tanto en la Administración Central, como en la Autonómica y la Local, cada día hay más gente colocada a dedo y más asesores. Los funcionarios de carrera, o sea, por oposición, no crecen porque sus bajas ya no se cubren, pero cada vez hay más enchufados.
Los gobernantes lo tienen muy fácil a la hora de estrangular a los funcionarios: el gentío ha sentenciado que hay que ir a por ellos. El gentío no distingue entre el burócrata que no da un palo al agua en su negociado (¿para qué estará la inspección, oyes?) y el médico que no da abasto en urgencias, y los dos son funcionarios. Por eso los empleados públicos lo van a pasar francamente mal en lo que queda de crisis. ¡Les van a recortar hasta la calderilla!
–A ver, usted que tenía diez trienios, a veinte euros el trienio, va a pasar a tener cinco, a diez euros la unidad.
–¿Lo qué?
–Es que Bruselas nos ha dicho que a partir de ahora cada trienio tenga seis años. ¡Todo sea por rebajar el déficit, hombre, no ponga esa cara!
Si por el gentío fuera, incluso habría que fusilar a muchos funcionarios al amanecer, así nos ahorraríamos hasta sus futuras pensiones. Pero tampoco hay que pasarse. A no ser que el déficit se resista, claro.
Estimado Paulino, otrora aprendiz de maestro (con la legislación actual no habrías superado el periodo de prácticas) y actual presidente de todos los canarios (inclúyeme): Tengo el sueldo congelado y disminuido, una operación pendiente para el 20 de este mes (espero llegar a tiempo de evitar el penúltimo tijeretazo) y hago lo que puedo para ayudar a mis hijos en el cuidado de los nietos (el resto del currículum está repleto de boberías y errores que ni visten ni son rentables), pero me gustaría que cuando vayas a subir los impuestos (tienes el apoyo de socialistas –en Madrid dicen que no–, de Román, y poco te importa la postura de los populares, que votarán en contra –en Madrid hicieron lo contrario–, qué cosas, ¿no?), te bajaras un minuto del machito (¿serías capaz?) y te pusieras en el pellejo de otro maestro en paro (imagina que pudiera ser tu mujer)…
Lo mío no tiene cura. Mira tú que pedirle peras al olmo. Hasta mañana, mis incondicionales. Y sigan mirando el blog de Paulino. Si Internet no funciona o te (re)cortaron la línea telefónica (ya sabes el porqué), no te preocupes, la tele canaria (sigue siendo de lo más barato, incluyan La Revoltosa, La Gala, y En clave de ja) te lo estriega por los bezos en todos sus informativos.