lunes, 9 de abril de 2012

Muchos eventos

Palabreja puesta de moda por los concejales liberados, sobre todo los de cultura, con la que se intenta denominar cualquier suceso importante y programado, de índole social, académica, artística o deportiva, y que es mera copia de lo que se menta en Cuba, El Salvador, México, Perú, Uruguay y Venezuela. Pero como las distancias se han borrado, a Canarias llegó un día. Y no fue una inglesa soñadora que ver el cielo quería siempre azul y a todas horas (de belingo nos vamos pa´l monte).
Lo malo de estos préstamos es que en realidad el diccionario (los eternos aprendices debemos recurrir a él con inusitada frecuencia) nos indica que se trata de una eventualidad, un hecho imprevisto, o que, quizás, puede acaecer. Con lo que su verdadero significado no cuadra del todo con el sentido que se le pretende dar y que alude a un compromiso bien concreto y mejor programado. Porque el clásico festival de toda fiesta que se precie, incluido en el libreto (con las consabidas 50 páginas de publicidad), se trata ahora de un evento. Como lo es, por supuesto, el concierto de tal o cual celebridad en el auditorio de rigor. Aunque no se queda atrás el derbi futbolero, el estreno cinematográfico, la luchada en la Victoria de Acentejo, el clásico Madrid-Barça o la presentación de las candidatas a reina. Todo, en absoluto, es ya un evento.
Te propongo que te pongas un buen día a escuchar cualquier tertulia radiofónica en la que intervengan los concejales de tu pueblo. Un representante de cada fuerza política que formen parte de la corporación municipal. Pues como a cualquiera de ellos se le escape el vocablo, te puedo asegurar que comienzan a surgir eventos por doquier. Incluso aquel que está condenado a vegetar en la más fría oposición y que escaso margen de maniobra tiene el pobre en el consistorio, también se suma a la propuesta indiscriminada de los mismos. Y gana, obviamente, el que haya elaborado la lista más generosa.
Uno debe agradecer en el fondo, muy en el fondo, que los ediles tengan escaso tiempo para cultivarse en otras facetas de la vida. Y que dediquen treinta, o más, horas al día en resolver los asuntos que de verdad interesan y preocupan al ciudadano. ¿Por qué te ríes? Algo que le debemos agradecer hasta el infinito. Porque si por un casual se enteraran de que el término que venimos comentando puede denominarse asimismo acaecimiento, imagínate tú la avalancha de repeticiones en el uso que le darían en cuanto viesen un micro bien cercano de las cuerdas vocales y, por ende, del aparato fonador. Y queda bonito. Repite conmigo despacito: a-ca-e-ci-mien-to. Polisílaba, además. Chachi.
Me temo que no haya sido hoy muy original en el tratamiento de este comentario diario, pero a buen seguro que más de un admirador me lo agradecerá porque, y sin que sirva de precedente, no me he sumergido en profundidad en ese proceloso océano de la cosa pública, o comúnmente conocida como política.
Bueno, estimados, pasó la Semana Santa, procesionamos en el Sur –algunos afortunados fueron aún más lejos– con una enorme devoción, dimos muchos pasos en todos los sentidos y comimos abundantemente en armoniosas cofradías (compañías). Ahora toca volver al tajo e ir metiendo de nuevo en la hucha las monedas de dos euros (para los gastos superfluos). Pero escóndanla bien porque para todas las operaciones ‘legales’ Hacienda está al acecho.
Feliz retorno a la cotidianidad, que, si me apuras, podría ser igualmente un evento. Y alégrate pues hay que generar confianza en los mercados y para que la prima (de riesgo) salga de ese abatimiento. Me voy a caminar un rato. Poco, mañana te lo cuento.