viernes, 25 de mayo de 2012

¡Firmes!

El otrora tertuliano Pepe Ignacio Wert, ahora flamante ministro de Educación porque Mariano Rajoy así lo ha tenido a bien, se quedó hace dos días sin poder decir ni pío. Los rectores de todas las universidades españolas le dieron plantón. Estos pretendían hablar de recortes, pero aquel no estaba por la labor. Y los regidores de los centros docentes estimaron conveniente  no acudir a la cita, a la junta. Por lo que no se juntaron, síntoma inequívoco de que existe separación. Otros encontronazo en el campo educativo con lo que este sector seguirá brillando con luz propia en todos los informes que han creído oportuno ubicarnos en la cola de cuanta encuesta se realice en cualquier nivel. Tranquilos, las privadas van muy bien. Y al menor atisbo de pérdida de presión, a inyectarles  generosos tranquilizantes (económicos).
Este ministro, siguiendo los doctos consejos de un programa electoral plagado de párrafos que jamás se cumplirán –ya se sabe, las promesas y las normas se inventan para la papelera de reciclaje– ha venido soltando perlas (ya lo hacía con total desparpajo en Intereconomía), todas ellas dignas de enmarcar. Tanto que se ha atrevido a sugerir a las familias que se sienten impotentes para cubrir las necesidades de sus hijos universitarios que no se gasten el dinero en otras boberías. Debe pensar el ministro que nuestros sueldos rondan los cien mil euros anuales, porque si él cobrara lo que nosotros, seguramente no estaría diciendo tales sandeces. Nos asaltan a traición y nos toman el bolsillo cada vez que les viene en gana, y, por si fuera poco, no conformes con tales atracos también se dedican a tomarnos el pelo. En mi particular caso, con dudosos éxitos.
Para las familias con dificultades económicas, todas las trabas habidas y por haber. Para Berriel, nuestro consejero autonómico, por si fuera poco el sueldo que tiene asignado, la posibilidad de acogerse a las subvenciones del cabildo majorero. Imagínate, extrapolando datos, lo que se cuece por esas altas esferas. Y luego no se recatan en manifestar que entienden lo mal que lo podemos estar pasando en esta época convulsa y crítica. Parece que el cinismo se lleva implícito en el cargo, es un archivo adjunto. Hombre, ya que lo menciono (el mundo informático), hace unos días recibí un curioso correo que dicta unas instrucciones para comenzar el día con cierta alegría. Aconseja que cuando arranquemos el ordenador sigamos estos pasos:
1.- Crea un fichero cualquiera.
2.- Guárdalo como "Mariano Rajoy".
3.- Llévalo a la "Papelera de reciclaje".
4.- Haz clic en "Vaciar papelera".
5.- Aparece un mensaje en pantalla que pregunta: ¿Desea eliminar "a Mariano Rajoy"?
6.- Responde: Sí.
Y una aclaración final: No sirve de nada pero alegra el día.
Hoy es viernes y esta tarde-noche se jugará la final de la copa del rey en el estadio madrileño del Vicente Calderón. Catalanes y vascos disputarán un partido de fútbol. Pero la ultra mayor de España se ha empeñado en calentar el ambiente y, a buen seguro, habrá pitada. Porque atrás quedaron los tiempos en que cualquier amenaza era dogma de fe y había que acatarla a pie juntillas. La señora Aguirre, famosa ella por hablar siempre a destiempo, ha creído oportuno, como autoridad suprema de la comunidad madrileña, lanzar a los cuatro vientos que si se obstaculizaba la interpretación del himno nacional, o se suspendía el partido o se celebraba a puerta cerrada. Arriba España y viva Franco. Sabe, o debe intuir la ilustre presidenta, que el pueblo está cabreado desde que Juan Carlos dijo en las navidades pasadas que comprendía no sé cuántas cosas de la peliaguda situación que atravesamos, que corroboró posteriormente con su cacería africana (parece ser que no solo disparaba su escopeta a los elefantes), por lo que ahora somos más republicanos que nunca, y viene a meter la gamba con estos exabruptos. Vaya manía de mezclar los símbolos patrios con las cosas de comer. Jueguen el partido, cabréense las aficiones, desahóguense lo que menester estimen, que gane el que más goles meta, entreguen la copa y cada uno para su cosa. Si un estadio es un lugar al que los forofos van a descargar adrenalina, dejen el himno nacional para otro tipo de actos y ya está. Que esto no es la disputa entre Cataluña y Madrid para ver quién se queda con el Eurovegas (que ya alguien calificó como una enorme casa de chicas de dudosa reputación). Para mí que esta mujer –he dicho que es mi opinión, si no quieres compartirla me parecerá estupendo– hace más honor a cierto apellido que la alcaldesa de la Villa y Corte. Ya que los recortes le parecen escasos –eso también alegó– cuestión sería de que se reunieron en su partido por si estiman procedente que se los apliquen a cierto apéndice u órgano muscular que se le dispara con inusitada frecuencia.
Mañana más.