martes, 22 de mayo de 2012

M & P o R & R

Hoy se celebra la reunión, tantas veces solicitada, entre Mariano Rajoy y Paulino Rivero. Con el optimismo que me caracteriza, quiero imaginarme que esta tarde mismo quedarán resueltos todos los problemas que acucian a España, en general, y a Canarias, en particular. Saben muy bien ustedes que las amplísimas dotes de concreción de ambos dirigentes harán posible que el entendimiento sea completo. Y fructífero. No es la primera vez que escuchamos de los presidentes que las cosas se harán cuando haya que hacerlas. Y eso da seguridad absoluta a los mercados, a la prima de riesgo y a la acciones de Bankia.
Es tanta la novelería y afán de protagonismo de algunos que con tal de darse una montadita y un garbeo, son capaces de estar diciendo boberías una buena temporada. Recuerden que las elecciones generales fueron en noviembre próximo pasado. Y desde la misma noche, cuando aún no se había escrutado el 100% de los votos, ya estaba Rivero exigiendo la visita de rigor. Porque lo mismo creía que a Mariano le hacía falta el apoyo de las dos almas solitarias que cual gaviotas en Madrid se han posado en la Carrera de San Jerónimo.
Estas apreciaciones anteriores no crean que me surgieron tras la consulta con la almohada. Ni mucho menos. Fíjense lo que manifestó ese portento de viceconsejero llamado Martín Marrero (y me rimó en –ero, como viajero): “No pensemos que en una reunión entre dos presidentes se puedan resolver asuntos”. Chacho, y tanta movida para esta salida (ahora me rimó en –ida, como podrida –la política–). Si todo se trata del saludo protocolario, y poco más, hubiese bastado con una simple llamada telefónica. Y probablemente de fijo a fijo, desde los respectivos despachos, para aprovechar la tarifa plana y no les ocurra lo que al concejal portuense. A lo peor el portavoz gubernamental canario se percató segundos después de la parida y quiso enmendar la plana con esta reseña: “El objetivo es encaminar asuntos en los que las discrepancias son evidentes”. Acláralo, Martín Marrero: ¿Se resuelven o no se resuelven? ¿Se encaminan o se dirigen? ¿Es pura novelería o ganas de incrementar la estadística para en la próxima campaña electoral argumentar que hubo necesidad de ir a Madrid unas cuatro mil quinientas veces?
Luego, señores que dicen representarnos, quieren o pretenden que nosotros seamos optimistas, que esbocemos una sonrisa y nos olvidemos de los males que nos acucian. Y eso es bastante complicado, porque seguimos sin ver detalles. La ejemplaridad, el servir de espejos en los que una ciudadanía harta y desanimada pueda mirarse sin necesidad de ruborizarse, sigue sin hacer acto de presencia. El alejamiento es cada vez mayor y la distancia que separa a sus señorías de un pueblo atribulado, que soporta ya demasiadas pesadas losas, comienza a ser insalvable.
Mientras, usted, señor Rivero, persiste en su manía viajera. Quiere pasar a la historia emulando al Papa Wojtyla. Y ganarle, si menester fuere, en número de kilómetros recorridos. Saldrá esta tarde de La Moncloa y seguirá el guión establecido en las declaraciones de rigor. Mañana –o pasado lo más tardar–, ya aquí en Canarias, volverá con la llorona de siempre y nos soltará la vieja cantinela de lo mal que nos tratan, de los escasos recursos con que nos dotan y de lo desgraciados que somos con lo de una hora menos.
Ya estamos hartos. Y aquellos que hace décadas echamos a caminar esta democracia de la que ustedes abusan y se sirven, nos rebelamos porque no aportamos granos de arena para los aprovechados de turno, sino que nuestro objetivo era, y siempre lo tuvimos por norte, la consecución de una sociedad más justa, más igualitaria, más equitativa. Ahora, y no hace falta espejuelos, existe una profunda brecha. En un lado, donde la opulencia sigue campando a sus anchas, ustedes, la casta. Del otro, allí donde el regadío ha dado paso al terreno más inhóspito y estéril, nosotros, los parias, los excluidos, a los que las plagas gubernamentales continúan persiguiéndonos a manera de abusos (impuestos). Sí, don Paulino, en unos días tendremos otra ración añadida. Nos pondrá usted –cuenta con unos aliados raros– el precio de los combustibles por las nubes. Porque hay que compensar lo que Madrid nos niega (explíqueme otra vez a qué demonios va entonces) y nos condena a no poder ir a echarnos un cortado en El Sauzal. No habrá consumo y el tejido productivo se irá a hacer puñetas. Lo dicen los empresarios y el resto vemos la que se nos viene encima.
Sigan viajando. Debería llevar a José Miguel con usted, pero a este lo deja en Ferraz. Para que le cuente a Rubalcaba que no levante mucho la voz en las sesiones de control en el Congreso de los Diputados, no sea que la escupitina se le venga encima.
Mariano (M) y Paulino (P) o Rajoy (R) y Rivero (R), abnegados y sacrificados. Con lo bien que estarían de registrador de la propiedad  de maestro de escuela, respectivamente. Serían, en este segundo caso, unos privilegiados.
En fin, ¡Viva Honduras! Voy a sentarme delante del televisor. Pienso machacarme con los informativos de la autonómica.