jueves, 10 de mayo de 2012

No a Mercadona

Hace un sinfín de años –qué jóvenes éramos en aquel entonces– uno vivía en la Casona de La Gorvorana, rodeado de plataneras y supeditado a las directrices que marcaba el dueño de la finca. Eso, bajo la óptica de ahora mismo; en aquel entonces, cagados cuando venía por sus dominios. Pero en la década de los sesenta, la finca de enfrente –La Gorvorana de los de la Cruz–, que contenía La Hoya, Los Bancales y Los Potreros, entre otros, comenzó a ser urbanizada. Eran los años felices en los que se iniciaba el despegue constructor (¿depredador?) que dio lugar a Las Románticas, El Marqués, La Pintora, Los Bancales, Los Potreros (al menos estos últimos conservaron su nombre) y ese amplio elenco que fusionó aquellos pequeños núcleos originarios y dio paso a lo que hoy conocemos como Toscal-Longuera. Y de paso se cargó flora autóctona (drago), lugares emblemáticos (La cueva de los pájaros, el charco de las lisas)… No sigo, que lloro. Con el paso del tiempo también las propiedades en las que uno deambuló de chico sufrieron idéntica fiebre y los rolos y piñas agonizaron para siempre jamás.

Se urbanizó a la prisa y corriendo y el ayuntamiento hizo la vista gorda en las más de las ocasiones, porque de todos es sabido que existen unas cesiones de terreno que con diferentes usos (educativo, social, deportivo…) pasan a formar parte del patrimonio municipal. Y uno se pregunta que dónde están, por ejemplo, los correspondientes a la Urbanización Los Bancales. Si nos trasladamos a su vecina de Los Potreros, nos encontramos con una supuesta zona deportiva, que yo también disfruté años ha, pero que requería previo pago. A saber, una piscina y una cancha de tenis, con el correspondiente restaurante, que desde siempre estuvo en manos privadas para su explotación. Ahora lleva la tira de tiempo abandonada hasta que por el barrio comenzó a circular la noticia de que allí querían instalar un nuevo hipermercado, otro Mercadona. Y no es que tenga uno nada en contra de tal empresa, pero cuando atisba supuestos tratos de favor, máxime en una zona cuyos usos no están permitidos –por mucho que se pretenda disimular con una ‘azotea deportiva’–, malo y peor. Para más inri, parece ser que el autor de cierto informe técnico, del que se valió el consistorio para darle luz verde, guardaba algún tipo de relación contractual con los propietarios de los terrenos. Y escribo terrenos porque tal y como está en la actualidad, nada de lo allí existente vale gran cosa.

Pero los procedimientos siguen su curso, y como me trasladan la información de que “el Cabildo ha denegado la licencia al entender, claramente, que el uso comercial de Hipermercado no es compatible con el planeamiento vigente”, me alegra que vuelva a imperar la cordura y la sensatez. Sé que Izquierda Unida se opuso tajantemente a dicha instalación y así ‘batalló’ contra el anterior equipo de gobierno (CC), así como con el actual (PP) para que se pusiera coto a este desaguisado. Me pierdo –achaques propios de la edad– en si el PSOE adoptó idéntica postura. Creo recordar que sí. Debió ello acontecer tras la ruptura del pacto que tenían con Oswaldo hasta que la destrucción del ‘Monumento al coño’ mandó todo para ese mismo sitio. ¿O pa´l carajo?

De esta manera, “el Cabildo no permite que un terreno de uso deportivo, pase por arte de magia a ser un terreno de uso comercial, con los evidentes beneficios que esto reportaría a los propietarios”. Los vecinos de la urbanización, y los de todo el entorno, pueden respirar algo más tranquilos. Seguro que, como a mí, no les supone mayor sacrificio ir hasta el polígono industrial de La Gañanía, donde existen varias superficies del sector de la alimentación, con espléndidos aparcamientos y resto de servicios anexos. Porque uno entiende –los gobernantes parece que no– que la planificación urbanística se hace para contentar a la mayoría y en la misma se contemplan la suficiente diversificación de sectores y usos.

El núcleo poblacional de Toscal-Longuera, en estos momentos, requiere otras atenciones de mayor  urgencia que un Mercadona. Aparte del acondicionamiento de su principal vía de circulación, se sigue echando en falta lugares de ocio, espacios en los que podamos pasear o sentarnos tranquilamente para hablar con el vecino. Aquel gran parque de La Fuente que prometiera José Vicente en su época de alcalde, quedó en agua de borrajas. No hay plazas, no hay una zona a la que llevar los chiquillos para que pedaleen un rato, no hay un ‘bosque’ en el que pasar un rato. Nos lo hemos cargado todo. Solo hay cemento y piche. Y como llevo unos meses recopilando –rescatando– artículos periodísticos que vieron la luz décadas atrás, compruebo que no ha finiquitado la obsesión de obtener muchos ingresos por licencias de construcción.  Desgraciadamente. Así tenemos los pueblos y ciudades. Que sí, asumo la parte de culpabilidad correspondiente. Pero cuando establezcan las cargas, háganlo con la justa proporcionalidad a los periodos de mandato.

Bueno, me voy  a dar una vuelta por Los Roques. Puede que allí me encuentre a Rubén merodeando por el callao. Seguro que en un pispás arreglamos el pueblo. Hasta mañana.