martes, 8 de mayo de 2012

Reformemos la Constitución

Un tocayo, de nombre y apellido, me remitió lo siguiente este fin de semana próximo pasado:

El término maestro deriva de magister y este, a su vez, del adjetivo magis que significa más o más que. El magister lo podríamos definir como el que destaca o está por encima del resto por sus conocimientos y habilidades. Por ejemplo, Magister equitum (jefe de caballería en la Antigua Roma) o Magister militum (jefe militar).


El término ministro deriva de minister y este, a su vez, del adjetivo minus que significa menos o menos que. El minister era el sirviente o el subordinado que apenas tenía habilidades o conocimientos.


Conclusión: El latín nos explica por qué cualquier 'tontolculo'  puede ser ministro pero no maestro.

Aclarado lo cual, vamos a otros temas del mentado finde, de mucha menor enjundia que el ya citado, pero que conformaron el corpus informativo de la prensa y resto de medios de comunicación. Aparte del anuncio de la banda terrorista ETA por el que parece estar dispuesta a entablar una negociación y proceder a la entrega de las armas (ya están algunos ministros diciendo disparates y poniéndose bravos y curritos), y del que no me voy a ocupar pues entiendo va mucho más allá de lo que este pobre diablo pueda opinar, debo destacar el ataque feroz que determinados periódicos hacen de un acto recogido en el Título IX de la Constitución, ese que articula todo lo concerniente al Tribunal Constitucional.

Y oso yo a inmiscuirme en terrenos resbaladizos para señalarles a tan preclaras e insignes mentes y plumas que si la defensa del actual gobierno que preside (es un decir) Mariano Rajoy pasa por vilipendiar a cuanto bicho viviente discrepe de algunas actuaciones del ejecutivo, mejor sería elevar la propuesta de suprimir de la Carta Magna todo aquello que no convenga o dejar en suspenso los artículos molestos. Total, qué importa ya un derecho menos si ya el saldo a nuestro favor es meridianamente negativo. Porque el 161 indica que dicho Tribunal es competente para conocer del recurso de inconstitucionalidad contra leyes y disposiciones normativas con fuerza de ley. Y en el siguiente (162) se puede leer que están legitimados para interponerlo, entre otros, las Comunidades Autónomas y, en su caso, las Asambleas de las mismas. Recurso al que el propio Partido Popular se ha acogido cada vez que no le gustaba el proceder del gobierno socialista. ¿O ya se olvidaron? Tienen, y los medios afines, una memoria muy ligera. Tanto que cada viernes obvian lo que manifestaron el jueves anterior.

En uno pude observar una gran fotografía de Patxi López y Griñán aderezada con un llamativo y destacado titular: Deslealtad con España. En este alfabético medio impreso, siguiendo idénticos esquemas a los que utilizan los propios políticos (los dictados editorialistas no entienden muchas veces de éticas y deontologías), se pretende, por lo visto, que creamos a pie juntillas que las comuniones con pesadas piedras de molino no tienen que causarnos indigestiones. Y en otro que piensa que la razón siempre está de su parte, se tilda, sin ambages ni tapujos, de insumisión un procedimiento que bien jalearon en circunstancias diferentes. Los raseros de la objetividad, tan cacareados cuando las conveniencias así lo exigen, brillan una vez más por su ausencia. Y al tiempo que se reproduce la cantinela, no se recatan en considerar analfabetos e ineptos a quienes todavía son capaces de aplicar la comprensión lectora ante un texto que pongan delante de sus narices.

Por lo visto, cuando comienzan a soplar por Europa otros vientos, aquí en España debemos cerrar ojos, narices y oídos y volver a los tiempos de quitarse el sombrero cuando pase el señorito, máxime cuando amparados en esa mayoría absoluta conseguida a base de mentiras y tópicos, no quieren siquiera dejar resquicios por los que, simplemente, mostrar nuestra disconformidad. Atrás han quedado, para ciertas maneras de hacer periodismo y política, los tiempos en que todo era válido, incluso lo que ahora mismo se pone en solfa si es puesto en práctica por el adversario y legítimo competidor.

Si entendemos que ha transcurrido el lapso suficiente para acometer una revisión total del texto constitucional, acudan al artículo 168 e inicien el proceso. Lo mismo se llevarían una sorpresa con la reacción ciudadana. Porque, quizás, se brindaría la  oportunidad para cuestionarse asuntos que ya no tienen razón de ser y que distan bastante de los tiras y aflojas a los que hubo de someterse aquella aprobación de diciembre del 78, verbigracia, la propia monarquía, tan cuestionada en estos últimos tiempos de cacería y pelotazos.

Pero no, todo quedará en agua de borrajas. Está demasiada extendida la fórmula de tirar la piedra y esconder la mano. La valentía consiste en no ser capaces de ‘poner sobre la mesa’ el programa completo de actuaciones para esta legislatura, sino ir a cuentagotas. Será para tenernos emocionados. Si superamos esta tendremos que compadecer a los cardiólogos porque habremos aprobado, y con creces, las pruebas de resistencia. Para beca directos. Y con pasaporte para la renovación.

Hasta mañana, mis fieles.