viernes, 29 de junio de 2012

Estremecedor (1)

Hace unos años –no tantos– tuve la oportunidad de sumergirme en archivos y periódicos de años idos para elaborar una tesis con la que culminar los estudios de periodismo. Y accedí a curiosos expedientes en los que siempre se venía a confirmar la máxima de ‘pasas más hambre que un maestro de escuela’. Y dos días atrás me remiten este otro que estimo oportuno colgar en este blog y que ratifica las penurias de aquellos maestros de antaño, vejados por la autoridad y condenados a morir sin remisión. Sí, literalmente, a morir. Lee y reflexiona. Y al final de la segunda entrega tienes unos enlaces por si crees interesante ampliar datos. Sin más, vamos allá:
La narración del caso que sigue está documentalmente probada y verificada. Se trata de un hecho real y no está novelado ni maquillado. Ocurrió en Ohanes (Comarca de Las Alpujarras, en la vertiente de Almería) entre 1734 y 1740. Como estamos en época de tremendos recortes, de los que la educación no ha quedado al margen, pongamos todo nuestro empeño para que sucesos así nunca más vuelvan a producirse.
Expediente de 1734 sobre la Escuela de Ohanes
Se inicia con un oficio del maestro de primeras letras al alcalde:
«Tengo el honor de poner en su conocimiento, la inquietud que me produce ver la viga que media la clase que regento, pues está partida por medio, por lo cual el terrado ha cedido y ha formado una especie de embudo que recoge las aguas de las lluvias u las deja caer a chorro tieso sobre mi mesa de trabajo, mojándome los papeles y haciéndome coger unos dolores reumáticos que no me dejan mantener me derecho. En fin señor Alcalde, espero de su amabilidad ponga coto a esto si no quiere que ocurra alguna desgracia con los niños y con su maestro, éste su seguro servidor. Dios guarde a V. muchos años.»
La respuesta de la primera autoridad municipal (28 de noviembre de 1734) fue la siguiente:
«Recibo con gran extrañeza, el oficio que ha tenido a bien dirigirme y apresuro a contestarle. Es cosa rara que los agentes de mi Autoridad, no me hayan dado cuenta de nada referente a la viga, y es más, pongo en duda que se encuentre en esas condiciones, puesto que según me informa el tío Sarmiento no hará setenta años que se puso, y no creo que una vez dadas esas explicaciones, que no tenía porqué, paso a decirle que eso no son más que excusas y pretextos para no dar golpe.
En cuanto a lo de los papeles que se mojan y el reuma que se le avecina, pude muy bien guardárselos, a aquellos en el cajón o en casa y ésta yendo a la escuela con una manta. No obstante lo que antecede, enviaré uno de éstos días a alguno de mis subordinados que mire lo que hay de esto. Y ojo que su engaño le estaría estar otros seis años sin cobrar lo quinientos reales de su sueldo. Dios guarde a V. muchos años.»
No se hace de esperar la reacción del docente (cuyo nombre, Menón Garrido, aparece por vez primera), quien un día más tarde remite al ayuntamiento (Sr. Alcalde de Ohanes de las Alpujarras. Partido de Uxixar. Reino de Granada) este otro oficio:
«Tengo el honor de acusar recibo de su atento oficio de ayer donde tiene a bien poner en duda el estado de la viga. Desde mi oficio anterior, Sr. Alcalde, hace unos ocho meses, pasaron las lluvias del invierno, y yo siempre mirando la viga con la inquietud consiguiente, ¿caerá o no caerá? Y así un día y otro, como si en vez de ser una viga, fuera una margarita. Si V. no cree lo que le estoy diciendo, puede mandar dos personas peritas, o venir V. mismo dando un paseito, si no le cuesta mucha molestia, que yo no le engaño, más que darle una idea del estado de mi clase, me permito acompañarle un dibujo, tomado del natural, que le dará una estampa real de ella. Y de lo del sueldo, no creo que se atreva V. a tocar mis quinientos reales, por que ya sabe V. el refrán: "Al cajón ni..." en fin Sr. Alcalde, Dios le guarde muchos años los efectos de la viga.»
El señor alcalde, don Bartolomé Zancajo, se toma su tiempo, pues la contestación se produce el 15 de octubre de 1735, es decir casi un año después:
«Acuso recibo a su oficio de 29 de noviembre del pasado año, me parece excesiva tanta machonería en el asunto de la viga. Sepa el Sr. Maestro, que si no le conviene la escuela puede pillar el camino e irse a otro sitio, que aquí para lo que enseña, falta no hace.
¿Qué importan a estas gentes ni a nadie ¿Dónde está Marte? Ni las vueltas que da la luna, ni que cuatro por seis son veintisiete, ni que Miguel de Cervantes descubrió las Américas?
Para coger un mancage, basta con tener fuerzas para ello. No obstante, como soy amante de la curtura y no quiero que digan que he ablao al maestro y no le trato como se debe, nombraré una comisión que informe sobre el asunto de la viga, y si resulta que usted me ha engañao, sa caido. Dios guarde a V. muchos años.»
Las personas peritas requeridas por el maestro debieron tomarse su tiempo para emitir el pertinente informe, según pueden ustedes comprobar en el contenido del mismo. He aquí su transcripción:
«Antonio Fuentes Barranco y Juan González García, Maestros albañiles de la Villa de Ohanes de las Alpuxarras, informan que personados en el sitio denominado u llamado, dicho sea con perdón, la escuela de este lugar, al mediodía del día 15 de mayo del 1736 acompañados por el sr. Escribano de este ayuntamiento, y mandados por el Sr. Alcalde, opinamos, pensamos y creemos, que la viga que ocupa el centro de la sala, clase o aula, que por estos tres nombres se le denomina o circunscribe, que la dicha viga no se ha movido, sólo se ha bajao cosa de diez o doce deos, amenazando sólo caer, pero nunca juntarse con el suelo aplastando a los que coja dentro.
Pero como quiera que la madera es un cuerpo astilloso, que tiene que crujir antes de pegar el golpazo, dando tiempo a que se salven por lo menos siete u ocho. Por lo cual firmamos a la fecha arriba indicada.»
(finalizaremos mañana)