sábado, 30 de junio de 2012

Estremecedor (y 2)

Y el escribano aludido, y presente en el peritaje descrito anteriormente, emite el suyo en idéntica fecha:
«D. Celedonio González García de García González (firmado y rubricado), Escribano de la villa de Ohanes de las Alpuxarras, partido de Uxixar, reino de Granada.
DIGO, declaro y doy Fe de cuanto en esta información del maestro de primeras letras de esta localidad, sobre una viga que dice el primero al Sr. Alcalde, o sea el segundo, está partida en el techo de su clase. Mi informe, imparcial y verídico, como corresponde a mi profesión es el siguiente: si la viga cae y amenaza peligro, puede ocurrir:
1. Que mate al Maestro, en cuyo caso esta Corporación se ahorraría los quinientos reales de paga.
2. Que matase a los niños y no al Maestro, en cuyo caso sobraba el Maestro.
3. Que matase a los niños y al Maestro cuyo caso sobraba, en ocurriendo en este caso, como suele decirse, que mataban dos pájaros de un tiro.
4. Que no matase a nadie; en cuyo supuesto no hay por que alarmarse.
Examinados en derecho las causas y efectos que anteceden, emito este informe, honrado y leal, cumpliendo con ello un deber de conciencia.»
Este es el famoso expediente tal y como fue conocido hasta que en el Archivo Municipal de Ohanes se encuentra otro interesante legajo, del cual se transcribe textualmente el siguiente documento, que data de 15 de diciembre de 1740, con el cual se aclara todo este asunto de la dichosa viga:
«Yo don Joseph Sancho Mengibar, cronista oficial de la villa de Ohanes de las Alpuxarras, declaro por mi honor ser ciertos los hechos que a continuación describo para que de ellos quede constancia en el Histórico Archivo de esta Villa, lamentando que la índole de los mismos ponga un hito trágico en los bucólicos anales de este pueblo.
El día del catorce de octubre del año de Nuestro Señor Jesucristo, de mil setecientos cuarenta, siendo alcalde de esta villa Don Bartolomé Zancajo y siendo las doce de su mañana, se hundió el techo del salón de la escuela de esta localidad, pereciendo en el siniestro el señor maestro de primeras letras Don Menón Garrido Martín y los catorce niños que en aquellos momentos daban clase.
Después de laboriosos trabajos fueron extraídos de los escombros los cadáveres de las victimas y trasladados al cementerio municipal, acompañados del pueblo en masa, que era partícipe por entero del dolor que significaba tal catástrofe, ya que a todos más o menos directamente les alcanzaba, dado el número tan elevado de inmolados en aras de la cultura.
Abierto el oportuno expediente, se ha podido comprobar que por parte de la autoridad competente se tomaban periódicamente todas las medidas encaminadas a velar por el buen funcionamiento del sagrado recinto; y como pruebas concluyentes se presentó expediente incoado al efecto, que dos peritos albañiles y el ilustre escribano de esta villa, informaban sobre el buen estado del local, ya que los informes datan del quince de mayo de 1736; quedando plenamente demostrado que únicamente un accidente fortuito fue el responsable del hundimiento.»
Me hizo recordar demasiadas ‘anécdotas’ de las que recojo en “Prensa y educación en el Norte de Tenerife entre la I y la II Repúblicas (1873-1931)”. Que ahí siguen guardadas a la espera de tiempos mejores para estudiar cualquier posibilidad de publicación. Pero esa será otra historia. Ahora te dejo con los enlaces aludidos por si quieres incrementar la información del lamentable suceso. Y te indico que situaciones de escándalo en las penurias de las instalaciones en las que los maestros ejercían su labor existen en nuestro entorno ejemplos hasta hace relativamente escasas décadas. Y litigios de los mismos con los alcaldes de turno, tres cuartos de lo mismo.