jueves, 7 de junio de 2012

Incumplimientos

Uno recuerda con especial cariño algunas cosas que ha ido aprendiendo a lo largo de su existencia. La definición de Educación Física que me dictaron allá por primero o segundo de bachillerato, localizar la Estrella Polar, varios poemas, la tabla periódica de los elementos… Y ya mucho más tarde, en una de las tantas clases universitarias, la máxima de que las normas se establecen para no ser cumplidas. Y tal cuestión es frecuente caldo de cultivo en cualquier administración pública que se precie.
Un ejemplo –de los tantos– lo hallamos en la vecina ciudad de Puerto de la Cruz, tan en boca de los ciudadanos preocupados por la buena gestión de los recursos públicos a raíz de los gastos ocasionados por los concejales del equipo de gobierno con ese juguetito llamado teléfono móvil. Puedes observar en la ilustración, que ha dado a conocer la formación de Vecinos por el Puerto, cómo los susodichos no se han recatado lo más mínimo a la hora de disponer con demasiada alegría de los euros que los contribuyentes les han confiado. Claro, te pones a pensar con detenimiento y compruebas que al sueldo estipulado –bastante generoso, por cierto– debes añadirle otros dispendios (teléfono, coche oficial –conductor, combustible, cubiertas, aceite, limpieza y sigue tú–, asesores, seguros médicos privados, secretarios, letrados…), con lo que el montante global mensual es una cantidad con demasiados dígitos. Y si lo dijeran claramente, sabría uno a qué atenerse. Pero lo lamentable es que lo ocultan (repasa el programa electoral de PP) y, además, si insistes demasiado lo mismo te llaman mentiroso.
Ayer comentaba que habían decidido (Marcos, Sebastián, Lope, Luismi, Sandra, Marrero…) restringir el gasto telefónico a 60 euros/mes. Pero lo que esta gente, de cara a la galería, adopte en materia económica vale menos que el sobado pasamanos de la escalera de un juzgado de guardia. Porque en diciembre de 2010, los muy caras (vuelve a mirar el gráfico y dime qué otro calificativo podría asignarles) sostenían que los grupos municipales de Coalición Canaria y Partido Popular consideran oportuno y necesario adoptar diversas medidas inaplazables de orden organizativo y funcionamiento de los servicios municipales y de personal que permitan reducir o contener el gasto así como para mejorar los ingresos y permitan alcanzar el objetivo último de disponer de una administración moderna, eficiente, eficaz y equilibrada en cuanto a ingresos y gastos. Las medidas que se pretenden adoptar deberán aplicarse a partir de año 2011 y se mantendrán hasta tanto se consigan los objetivos previstos
Qué bonito, no, este capítulo de buenas intenciones. Para ti, para mí y para los funcionarios, pero no para ellos, para los de la relación, que apenas redactaron las líneas precedentes se enfrascaron en la investigación de si en su móvil funcionaba Internet para subir fotos al feisbuc e ir al baño dejándolo conectado. Porque el gasto del mes de julio (fiestas patronales) del controvertido Luis Miguel (ve de nuevo al listado –de listos, obviamente–) es como para echarle de comer aparte. ¿Cómo? Sí, todavía se escuchan por los bajíos los ecos del “es que no me di cuenta”. Preclaras mentes que generan prestigio y encumbran a las universidades que las (de)formaron.
Pero espera otro fisco, porque también alegaron (recuerda, diciembre de 2010) que por la concejalía competente en materia de telecomunicaciones se establecerán límites de gasto mensual máximo para los miembros del Gobierno. Excepcionalmente podrá autorizarse un límite mayor en los casos de necesidad de utilización de los servicios de roaming [manda ovarios con la palabreja: el roaming es la capacidad de hacer y recibir llamadas en redes móviles fuera del área de servicio local de su compañía; es decir, dentro de la zona de servicio de otra empresa del mismo país, o bien durante una estancia en otro país diferente, con la red de una empresa extranjera], previa comunicación. Superados los límites de gasto previsto, la línea quedará bloqueada.
Y a la vista está que se pasaron el acuerdo por los arcos del acueducto que se halla junto a la montaña de la Horca (o de Las Arenas). Son los denominados, como ya señalé, capítulos de buenas intenciones, o, como argumentaba al principio, destinados a no ser cumplidos. Porque de los 5.040 euros que era el tope máximo a gastarse en todo el 2011 hasta los 28.528,32 que debieron abonarse a la operadora, media un abismo en el que Sandra, concejala responsable de la economía local, y Marcos, jefe máximo de la tropa, debieron quedar sepultados para siempre jamás por ese otro tópico conocido como coherencia política.
Me causa hilaridad –eso, cinismo a la enésima– escuchar en las tertulias de los medios audiovisuales (a pesar de trabajar 25 horas diarias para justificar sus elevados emolumentos, aún disponen de minutos para canales televisivos y emisoras radiofónicas) cómo justifican –lo intentan– lo que no es posible evidenciar. Se llevan la palma los ediles populares, que, dicho sea de paso, a este ritmo dejarán de serlo (populares) en un santiamén. Como escribe el amigo Salvador, el panorama no escampa. Y cómo demonios podrá hacerlo con estos mimbres, cuando se nos aprieta el cinturón hasta extremos insospechados mientras los que deben predicar con el ejemplo y ser exquisitos en sus procederes campan por sus respetos. Cada vez que escucho a Sebastián Ledesma, otro de los presuntos implicados, en sus disertaciones (Radio Realejos y Canal 4), no me queda más remedio que alegrarme infinitamente por haber fijado su residencia en la otrora Ciudad Turística. Cuánto calvario para mis estimados amigos ranilleros, entre los que se hallan varios destacados miembros familiares (no me tilden de sospechoso). No puedo concretar más por si califican de ‘riesgo’ alguna de mis primas.
¿Ustedes no notan que Sandra Rodríguez está muy callada últimamente, como apagada, si hasta hace bien poco fue todopoderosa? Ahora que caigo: ¿ya pagaron todas las deudas? Pues recuerden que ese dinero (prestado) debe ser devuelto (y con intereses). ¿Devolver (como el de los móviles)? Ya se verá. Este nuevo acuerdo restrictivo que hemos (re)adoptado por el que limitamos… ¿Vas a empezar otra vez?