viernes, 1 de junio de 2012

La elocuencia del silencio

Llevamos una temporada en que las declaraciones de políticos, banqueros, economistas y otros varios, que pretenden pasar a la historia por el cúmulo de disparates que enuncian, es tal que uno, observador atónito, no sabe bien a qué carta atenerse. Además, en una época bastante convulsa, en la que estamos todos necesitados de estímulos externos positivos para poder levantar cabeza, no contribuyen los susodichos en poner algo de sosiego en este valle de lágrimas. Parece conveniente recordarles que para esos viajes no hacen falta tales alforjas, o que calladito se está más guapo, pues ellos cobran –o deben– por hacer y no por decir.
Puede que Rajoy, al estar utilizando una táctica bien diferente a la de Rivero, haya creído conveniente predicar con el consabido refrán o dicho de “en boca cerrada no entran moscas” o “en la duda, ten la lengua muda”, consejo que debería repartir en grandes dosis a su tropa gubernamental. Porque si más pronto suelta de Guindos que solo hacen falta equis millones para que Bankia levante cabeza (más que sea un ‘rato’), antes está respondiendo la entidad bancaria (¿o inmobiliaria?) en elevar la cifra al cuadrado. Y como los ‘mercados’ (y la madre que los trajo) están al acecho, la repercusión sobre el tono que se da la prima de riesgo es digna de te rondaré morena.
Claro, es tal el mar de dudas que al final no sabes tú qué es mejor exactamente. Lo único que se nos va aclarando es ir creyendo que no era Zapatero el único culpable de la gravísima situación. Ahí tenemos la discusión entre eurobonos sí, eurobonos no; que el BCE inyecte o proyecte; teoría merkeliana sí, teoría hollandesa no. Y en estos tiras y aflojas tienen a España cogida por cierto sitio de la piel de toro. Lo de Grecia ya es de juzgado de guardia.
El menda, más que ignorante en ese vasto campo de la economía (no entiendo la doméstica, ya me dirán de la otra), sí se atreve a sugerir a los que supuestamente deben orientarme en cómo guardar los cinco euros ahorrados (por lo que pueda pasar) en otras cuestiones en las que uno se desenvuelve con un poco más de holgura. Y acude a los tratados lingüísticos y libros gordos de Petete por si es capaz de que me pongan más difícil el tener que redactar unas líneas para las entradas de este blog. Puesto que la simple lectura de tres o cuatro cabeceras te da pie a infinidad de interpretaciones y a veces te hallas en la disyuntiva de tener que seleccionar a la hora de sentarte ante el teclado del ordenador.
La propuesta (condicional) del viceconsejero Jorge Rodríguez, que comentamos el pasado sábado, y que dio lugar a bastantes comentarios en el digital que la publicó, me valió, asimismo, para investigar en los aledaños de esa máxima que te aconseja ser prudente en el uso del lenguaje oral, y, ante la duda, permanecer en silencio. Yo me limito a transcribir y entrecomillar. Si sobre este mismo asunto escribiera (es un decir) Paulino en su blog, le daría la vuelta a la tortilla y esgrimiría que hay que desembuchar, máxime si las ‘viejas glorias’ de su propia formación también lo cuestionan. Por cierto, ¿comenzaría antes en política Manuel Hermoso que el actual presidente autonómico? Yo diría que comme çi, comme ça.
En fin, ahí una relación:
"Del árbol del silencio pende el fruto de la seguridad."
"Después de que has soltado la palabra, esta te domina. Pero mientras no la has soltado, eres su dominador."  Con variantes: "Eres esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios." "Si la palabra callada es tu esclavo, la expresada es tu amo." "El hombre es amo de lo que calla, y esclavo de lo que dice."
"No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio." Y otras variaciones: "Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas." "Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no lo vayas a decir." (Utilizada por el grupo musical español El último de la fila en su canción Cuando el mar te tenga). "Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio."
"Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra."
"Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar."
Este último me da pie a una (otra) profunda reflexión: he alcanzado esa etapa. Así que seguiré escribiendo como un descosido, pero más callado que un tuso. Soy un privilegiado. Gracias, Pauli.
Y hemos dado comienzo a junio. Feliz primer fin de semana.