sábado, 16 de junio de 2012

Yo no fui

El afortunado de la Primitiva. Ese que el pasado jueves ganó 3.393.439,60 euros en una apuesta que obtuvo los seis resultados y que fue depositado (o sellado, ya no sé cómo se dice) en este pueblo nuestro. Es decir que un realejero, vaya usted a saber, puede haberse levantado millonario ayer viernes. E insisto, no fui yo. Y no te vayas a creer que es una suerte la que tuve; pues no, más bien una desgracia. No me hubiese importado lo más mínimo cargarme con alguna preocupación más. Lo seguiremos intentando mientras hemos de conformarnos con un reintegro de cuando en vez.
Como dedico un par de horas por las mañanas en culturizarme un fisco (leo la prensa, escucho la radio, miro por la ventana, riego las plantas, limpio la jaula del pájaro y ya no hago idéntica tarea con las tortugas porque las regalé y deben hallarse nadando en aguas más placenteras en el Jardín Botánico: El Jardín de Aclimatación de la Orotava, que se crea por Real Orden de Carlos III de 17 de agosto de 1788), me asombra, y me ratifica, un hecho que comentaba hace unos días acerca de la inmediatez de la información: se utiliza el periódico como apoyo y sostén de programas radiofónicos y/o televisivos.
Te pongo un ejemplo en el que yo mismo seré el conductor del ‘evento’. Llego diez minutos antes a la emisora, cojo el diario que halle a mano –en su defecto, consulto en internet–, y marco con bolígrafo rojo aquello que me llame la atención. No que intuya pueda tener importancia o trascendencia para mis posibles oyentes (o como se menta ahora, escuchantes) y pueda guardar relación directa con el cometido y servicio que el medio (en el que trabajo) preste a la sociedad. No, prima mi interés personal o el de aquel círculo en el que me desenvuelvo una vez finiquitada mi jornada laboral.
A renglón seguido, y una vez me señalen el instante de meterme en la pecera, echo mano del teléfono que, a buen seguro, estarán mis amigos al otro lado. Y ya está. Y mañana igual. Y pasado igual. En el transcurso de cualquier día echaré mano (chacho, ya lo escribiste antes) de mis recursos dialécticos, de mis profundos conocimientos estilísticos, y preguntaré muy solemnemente: Podría usted explicarme, a grosso modo, cómo se va a desarrollar… y tal y cual.
Como mi álter ego (Loc. lat.; literalmente, 'el otro yo') escuchaba en ese preciso instante, añadió para su interiores íntimos de adentro, así como de motu propio, aquello de ya el perro me desriscó la coneja y armose la marimorena. Salió la consabida palabrota que se perdona por el contexto: Coño, si quieres presumir de latinajos, infórmate; y si no estás plenamente seguro, cállate, evítalo. Observa qué fácil:
“Grosso modo es una expresión latina que se utiliza a menudo en castellano. Mi consejo aquí, como siempre, es evitar el latinajo sustituyéndolo por una expresión más llana y más clara. No obstante, si alguien se empeña en usarlo, debería tener en cuenta lo siguiente:
No debe ir precedido de preposición. Se considera semiculta la forma a grosso modo.
Grosso se escribe con dos eses, o sea, nada de (a) groso modo.
No es necesario emplear cursiva para escribir esta expresión latina porque está integrada en el léxico castellano.
Aquí tenemos un ejemplo correcto:
Para entender los posibles impactos de San Glorio sobre la población oriental de osos cantábricos conviene conocer grosso modo la geografía del núcleo oriental y la distribución del oso dentro de ella.
Hay muchas posibilidades castellanas para sustituir esta locución, dependiendo del contexto en que aparezca: aproximadamente, más o menos, a grandes rasgos, por encima, sin entrar en detalle, etc.
Podría terminar añadiendo que esta ha sido una explicación grosso modo, pero para predicar con el ejemplo diré más bien que eso era, poco más o menos, lo que tenía que contar hoy”.
¿Te has fijado, lancha rápida? ¿Cuántas veces te lo he explicado? ¿Te lo tendré que repetir en escasos días como le han hecho a nuestro presidente gubernamental con lo de res-ca-te?
¡Ah!, que no se me pase: motu proprio, sin preposición de. Claro que es complicado y difícil por la reiteración de la r. Pues no lo uses, bobo tieso, que nuestro idioma es bastante rico en alternativas. Me permito estas confianzas, no te olvides, porque el protagonista soy yo mismo.
Bueno, y de nada.