miércoles, 4 de julio de 2012

Buscando alternativas

Mitad de semana. Miércoles. Ya hemos despertado del sueño dominguero. Hemos retornado a la cruda realidad. Pero el entusiasmo de banderas y gritos desaforados ha quedado relegado a un segundo o tercer plano. Mas ni aun así rescatamos el espíritu reivindicativo para clamar ante los asaeteados a los que nos tienen sometidos. Nos atacan por todos los flancos. Y si aquel recorta y nos deja de ingresar tantos millones de euros, este nos sablea para compensar. Y se adopte esta o aquella medida, siempre estarás tú en el centro de la diana. Incluso cuando ellos estiman dar un mínimo de ejemplo, jamás tendrá carácter retroactivo. La retroactividad es palabreja que solo forma parte de nuestro bagaje cultural. No se halla en su diccionario por lo que los análisis recaen sobre nuestros cuadernos. Y no te amargues porque enfermas. Y si lo haces, a pagar, si no te mueres y un problema menos.
Saben que tras los congresos de CC y PSOE ha habido un ganador indudable: el PP. Por mayoría aplastante. Soria se alinea con Rajoy (¿o acaso esperabas otra cosa?) y nos remite, vía Madrid, las sorpresas de los viernes. Nos espera un segundo semestre de 2012 en el que no podremos salir de casa. ¿Para qué, si no nos quedará un céntimo para ir a comprar? Se avecina una buena. El cierre de comercios será tema de tertulia. En la calle. En el parlamento, no. Que allí tienen bastante con pensar en qué podrán acometer con el sueldo recortado y en qué otro impuesto modificar para suplir las disminuciones en las transferencias.
Estimo que con el incremento del IGIC se van a llevar un fiasco. Porque después de pagar los servicios elementales de toda casa, el cortado no va a poder ser. Y la comida fuera –al menos una al mes– de la que disfrutaba el clan familiar quedó vetada desde noviembre del año pasado. El coche se nos oxidará en el garaje (dichoso el que lo tenga) o se nos caerá en pedazos en la calle porque llenar el depósito es capítulo de ciencia ficción. Ir en taxi, aunque sea compartido, o en guagua –en el Norte no hay tranvía– se ha convertido en artículo de lujo con el gasoil a mucho más de un euro.
Si los cálculos se han realizado pensando en los consumos anteriores, me temo que hayan hecho la cuenta de la vieja. Los ingresos de las instituciones públicas dependen, y muy mucho, de lo que podamos disponer los sufridos paganinis. Y cuando a un estanque no entra un buen chorro de agua, difícilmente podrás regar con fundamento porque la poceta se la chupa toda; y si tiene zahorra ni te cuento.
El pasado domingo fui a un batiado (o bateado) –¿te acuerdas del vocablo?–. Y el cura aconsejó a los padres de la criatura que si decidía ir al seminario lo mandaran con los ojos cerrados, que tendría la comida asegurada, y en el futuro, trabajo certificado. Lógica aplastante. Y en el ágape posterior –frugal, que no están los tiempos para dispendios–, las charlas de rigor. Como tengo en la familia una buena tanda de docentes, les aconsejé –lo que da la edad– que fueran comedidos y andasen con sumo tacto no fuera que ‘me llamaran de nuevo a filas’ y se quedaran sin trabajo. Porque tal y como veo la pensión, lo mismo deberé buscar alternativa urgente cualquier día de estos. Y después de las críticas (constructivas, por supuesto) que he realizado de la forma de hacer política que se estila en los tiempos que corren (porque los tiempos corren, como es notorio), no creo vaya a tener cabida en las próximas candidaturas electorales, salvo que –qué importa uno más– me dé por crear un nuevo tinglado y concurrir en 2015 para luchar por ese espacio de los desencantados. Lo mismo damos un susto. Aunque mucho mejor, pienso, otro recurso podría ser el ponerme a dar clases particulares en el sótano de casa, previo acuerdo con los compañeros que permanecen en el curro para que me soplen lo que van a poner en los exámenes, y así le damos una satisfacción a la consejería acabando con el odioso fracaso escolar. ¿Qué te parece, José Miguel?
Por cierto, ya que te mento, me soplaron que en el congreso de Adeje amenazaste con dimitir ante las presiones para conformar la ejecutiva (plagada de cargos públicos que adoptan posiciones de partida). O sea, que ha habido otro cierre en falso. Chiquito estampido (más que fracaso, frascaso, o golpe con un frasco) les espera. Dicen que de los errores se aprende. Puede que sea menester comenzar a desterrar la creencia. Mejor pensar que el hombre (racional él; según el cura de un fisco más arriba ello es debido a la existencia del alma) es el único animal que tropieza (en canario, trompieza) reiteradas veces con un cacho de tosca (o callao de la playa de Los Roques) que le interpongan en su camino. Se comprueba que lo de torrontudo (o torrentudo) de Paulino ya se te está pegando.
Viva la unidad de la izquierda, la subida de los impuestos y la madre del cordero, a saber, la oveja, que mi nieta confunde con abeja y piensa que vuela. No veas lo que me ha costado explicarle que los que vuelan en este país son los políticos. Es complicado, no te vayas a creer.