martes, 3 de julio de 2012

Congreso

Las dos fuerzas (es un decir) políticas que forman el actual gobierno canario han salido tremendamente reforzadas (es otro decir) de sus respectivos congresos. Y menos mal que el PSC ha alcanzado, por fin, cuotas –cotas queda demasiado elevado– de poder. Lo están haciendo –ambos y ambas– tan bien que no es que la ciudadanía, el posible votante, esté hasta el gorro, sino que sus propios militantes dudan de las excelencias que cantara Julio (Iglesias) Cruz desde lo alto de Garajonay. El porcentaje obtenido por el único aspirante casi es igualado por los votos en blanco (y menos mal que no procede el negativo).
Somos un partido nacido para gobernar. Y tras dieciocho años en el dique seco, se han mojado los tobillos y, el resultado salta a la vista: la han encharcado. La atracción (fatal) que despierta José Miguel Pérez –a quien no restamos un ápice de sus otras posibles valías– es directamente proporcional a la de Rubalcaba, el buen rollito (uno aquí y otro allá). Y eso,  allá, a pesar de los vaivenes populares y de su feroz política de recortes, el PSOE no levanta cabeza ni siquiera con el consuelo de la victoria de Hollande en Francia y su erección (qué palabreja) como líder destacado en el contexto de la UE. Aquí es peor, porque Pérez es el actual vicepresidente y consejero de Educación. Y no creo que la gestión haya sido nada positiva cuando no ha conseguido levantar los ánimos de su alicaída tropa. Con una única candidatura, el haber alcanzado ese escaso porcentaje –ya lo señalábamos cuando el cónclave de CC– no puede tener más lectura que la mitad del partido no está por la labor. Si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de los que votaron afirmativamente son cargos que necesitan, sí o sí, seguir asidos al machito, fácil es deducir que el descontento de las bases raya el desánimo. Añadan que el anterior de 2010, con el golpe de mano de las gestoras tinerfeña y santacrucera, otro medio PSC quedó hecho añicos, es probable que en 2015 queden los socialistas canarios (un cuarto de lo que fueron años ha) como una formación residual que deberá contentarse con seguir gobernando en aquellos ayuntamientos en los que el carisma de ciertos alcaldes les permite asomar un fisco la cabeza en un mar bastante irritado.
Uno echa una visual a las imágenes que nos ofrecen los medios de comunicación y se pregunta cómo es posible que sigamos viendo las mismas caras que estaban desde antes de yo participar activamente en el cuatrienio 1983-1987. Y todavía se empujan. Y se navajean. Y acuden al feisbuc para escribir que son más de las doce de la noche y siguen trabajando. Y reclaman una mayor atención al ciudadano, al joven, al parado, porque las políticas neoliberales de Mariano nos traen a mal vivir. Y miramos el panorama a nuestro alrededor, o nos damos un garbeo por las ínsulas baratarias, y contemplamos atónitos cómo este gobierno, del que participa el PSC, ha sido capaz de poner el índice de desempleo casi a la altura de los que votaron sí, por obediencia interesada, a la candidatura de José Miguel.
Mientras, los autodenominados críticos no son capaces de presentar candidatura alternativa y pretenden disimular su contrariedad con acudir a quejarse en San Borondón. Porque en el fondo tampoco interesa levantar demasiado la voz no sea que mañana, por esos extraños derroteros de pactos y componendas, tengan la oportunidad de ubicarse en los mismos lugares que ahora critican porque son ocupados por otros culos. Creo que esta película la he visto demasiadas veces. Puede que sea debido a mi provecta edad y no a lo que estoy pensando.
Y apelan, todos al unísono en monocorde canción, a la ciudadanía, a la misma que castigan con unos procederes que nada se diferencian de los que aplica el gobierno nacional. No dudamos, como escribía el pasado domingo Leopoldo Fernández en Diario de Avisos, de la honradez y buena voluntad de Pérez, pero está claro que eso no se ha traducido en una gestión eficaz. Por lo que esta nueva ejecutiva nace, una vez más, coja. Máxime cuando es tres cuartos más de lo mismo (revisen composición de los diferentes órganos). Y manifestar que menos mal que estamos gobernando porque de lo contrario los contribuyentes estaríamos ahogados en pena, el mismo día en que se unen a los sablazos nacionales los autonómicos (baste observar el incremento en el precio de los combustibles; a la mayoría de los elegidos no les va a afectar dado que ya viajan en coche oficial), es como para tirarnos de los pelos o como para tirarlos en el vertedero de Zonzamas.
“Canarias necesita partidos fuertes, cohesionados, coherentes, serios, rigurosos, ejemplares, honrados, con ideas y proyectos capaces de ilusionar a la ciudadanía”, extraigo del mismo comentario del que fuera director del periódico arriba citado. Eso, estimado periodista, es de Perogrullo. No solo lo firmaría cualquier formación, sino que a buen seguro lo incluyen en su ideario. Desde Orchilla hasta Caleta del Sebo, por el extremo izquierdo y por el derecho.
El PSC-PSOE, como semanas atrás CC, ha perdido otra oportunidad –y van…– para emprender otro camino, otra nueva vía, otra senda. Porque los mismos que alcanzaron colosal paliza en las elecciones habidas en 2011 (nacionales, autonómicas y locales) no están legitimados para hacer llamados a la ilusión ni a generar confianza en una población desencantada. ¿Qué novedad puede aportar un grupo de perdedores natos? Tienen grelos, como las papas, cuando no la molesta polilla. Y si para esta se han habilitado contenedores, no deseo lo mismo para aquellos, pero antes de que nos entren ganas, échense a un lado.
Por último, no nos hagan reír con el estribillo de que con el auxilio socialista el gobierno presidido por Paulino lleva a cabo una política diferente a la del gobierno nacional popular. Por favor, que ya somos un fisquito mayores, a los que nos pueden conceder, al menos, el beneficio de la duda. Déjenos ser, como mínimo, tan torpes como ustedes se nos muestran.
Dejé la militancia en 1987. No fiché en Izquierda Unida ni formo parte de Socialistas por Tenerife. No asisto al Club de la Tercera Edad, pues como argumentaba mi madre con más de setenta:  ¿adónde voy a ir yo con los viejos esos? Fui monje pero ahora no ejerzo ni de monaguillo. Pero practico, y mucho, eso que ustedes llevan pregonando desde que yo era joven: hablar con la gente, enterarme de sus problemas cotidianos, de las enormes dificultades por las que atraviesan… En fin, todo eso para lo que ustedes, que se dicen de izquierdas, no tienen tiempo porque viven apoltronados a caballo entre sus cargos orgánicos y públicos. Y para lo que ustedes proponen, y ahí se queda, pero yo mamo día a día en pateadas y conversas, no hay disponibilidad horaria porque es materialmente imposible. A perdonar por ponerme de ejemplo, pero a veces pienso que sus muy desatendidas múltiples ocupaciones los está volviendo más toletes aún. Decía mi abuelo que el que mucho ‘abraca’ poco ‘atraca’. A un servidor, jubilado ya (con pensión recortada, que no congelada, pagando idéntico canon por los medicamentos que cuando estaba en activo, y otras cien nimiedades más que no menciono porque no me van a entender), como no se quiere morir como el pajarito que encierran en una jaula, y por ello se entretiene en dieciocho mil boberías, no le da el tiempo. Se va a la cama pensando que le quedaron asuntos para el día siguiente. Y se preocupa –qué necesidad– al sentir que quizás pudo haber hecho un poco más. Pero para qué seguir. Puede, estimado político y posible lector de estas líneas, que si has alcanzado esta línea estés esbozando una sonrisa y diciendo para tus adentros: mira tú el imbécil este. Sea como fuere, muchas gracias. Yo también te quiero. Por gilipollas (yo, que lo otro ni se me pasa).