jueves, 5 de julio de 2012

Poses

Algún ejemplar de la fauna de mi pueblo no debe andar muy bien de la testuz. O crisma, según la explicación del cura que ofició el bautismo del que te escribí algo ayer mismo. ¿O fue anteayer? ¡Ay mi azotea! Y ladra a destiempo que es un disgusto. Desde mi posición ante el ordenador no alcanzo a ver si el dueño lo tiene amarrado, o suelto pero en recinto acotado. A buen seguro que no dispone de bozal, de lo contrario sería mucho más comedido en sus aspavientos. A todo el que pasa por los alrededores le salta que es un disgusto. Te manda cada susto más grande que aquel que años ha me botó al centro de la calle cuando iba tranquilamente por una acera de la Urbanización Los Potreros, en Toscal-Longuera. Lo malo es cuando le da por deleitarnos con sus conciertos a las tantas de la noche y sin  que haya partido de España que celebrar. Se parece muy mucho al clásico vecino que no permitiendo que gastes luz o pilas te manda su equipo de música a todo volumen con una veintena de temas de Pepe Benavente. Que lo tengo, no te vayas a creer.
Y no se te ocurra llamarle la atención (al animal, que no al vecino) porque te adopta una pose desafiante de mucho cuidado. Yergue (o irgue) su esbelta figura sobre los flancos traseros y te muestra una dentadura perfecta. La lengua un poco larga, eso sí, pero con un vozarrón que ya quisieran los grupos folclóricos para solista masculino. No lo he visto mover la cola (síntoma inequívoco de cambio de humor) en todos los años que llevo viviendo en Los Príncipes. Y va para la decena. Vaya bruto, creo que lo estoy empezando a odiar. Hace dos noches, cuando esta nación nuestra se olvidó de todas las penas, al escuchar los voladores, en lugar de meter el rabo entre las patas se enfoguetaba (y nunca mejor expresado el término pirotécnico, del verbo enfoguetar, sinónimo de enfollinar o enfogonar) de tal manera que parecía una escopeta de balines de repetición.
Pero no era mi intención el que me saliera un preámbulo tan largo. Porque las poses del titular hacen referencia a otras bien diferentes. Intentaré explicarme:
En la campaña de las pasadas elecciones, tanto locales (ayuntamientos y cabildos) como autonómicas, tuve la oportunidad de hablar con bastantes candidatos. Nada diferente, por otra parte, de lo que suelo hacer cada vez que me doy un garbeo más allá de las lindes de la puerta de acceso a la cancela de casa. Y recuerdo conversas en las que aludíamos a las maneras de enfocarla antes y ahora. Cierto es que ya no se estilan los mítines; si acaso uno en la capital para los incondicionales que son transportados hasta el local correspondiente, salvo algún elemento extraño que se cuele, pero que Javier Abreu se encarga de expulsar de manera amistosa. Pero tampoco, y era mi modesta aportación, está todo dicho con los recursos de Internet y las redes sociales. Es más, pienso que las mismas, con sus foros, dimes y diretes, contribuyen más a perder votos que a ganarlos.
Ahí tenemos como ejemplos los recientes congresos de CC y PSOE. La impresión que yo tengo, y seguro que coinciden con mi planteamiento muchos de los adictos a feisbuc, es que allí se va a sacar la foto de turno, a invadir muros y paredes con las poses del bien quedar, mientras que debates, aportaciones y programas quedan aparcados para mejor ocasión. Si esas son todas las ideas a presentar a una sociedad necesitada de estímulos, ejemplos y valores, guárdenme un cachorro envuelto en papel celofán. Luego no se recatan en argumentar que es menester recuperar la confianza. Si con estos procederes le están espetando a la población que van a lucirse, máxime cuando acompañan supuestas iniciativas con discursos vacuos, monótonos, de esos que no se los creen ni ustedes. Qué ilusión pueden proyectar cuando cada reunión concluye en más de lo mismo, en monsergas harto conocidas y en instantáneas gráficas de digan siete.
Voy a empezar una reunión en la sala tal de la institución cual. Al rato, ya estamos reunidos. Al otro rato, hemos finalizado con importantes acuerdos. De estos, ni mu. Fotos, siete u ocho. Otro: comienza la tertulia en un minuto. Sintonicen la autonómica. ¿Ustedes creen que esto es serio? ¿Le están diciendo al pueblo que les estamos pagando para que se entretengan con mariconadas? Y luego intentan explicarse que el gasto elevado es por desconocimiento. Ustedes tienen una jeta (acepción coloquial cuyo significado se equipara a caradura) que se la pisan.
Lo peor no es lo que yo pueda escribir o decir de la nefasta gestión. Porque soy consciente de que con mandarme para cierto sitio quedan ustedes aliviados del todo. Pero como soy un utópico no puedo resistirme a continuar en esta lucha con este modesto medio que tengo a mi alcance. Lo mismo grano a grano acabo por formar un granero.
Echo nueva visual a la fotografía, una más de las dieciocho mil colgadas en diferentes patíbulos, qué digo, osado de mí, muros (de las adulaciones, lamentaciones para otros) quise expresar. Por cierto, ¿qué estás mirando, Carolina; no te da vergüenza?