martes, 31 de julio de 2012

Protagonistas, los perdedores

Lo de estar felizmente jubilado tiene sus indudables ventajas, pero, asimismo, más de un inconveniente. Ayer, sin ir más lejos, me fui hasta la imprenta de La Perdoma –allí me lo paso bien– porque tenía unas serias dudas en la composición de un libro que se pretende editar sobre la figura de don Víctor Rodríguez Jiménez. Ya te contaré más adelante. Al regreso, me dirigí a la zona industrial realejera –el polígono de La Gañanía–, a uno de los hipermercados allí ubicados, porque debía cumplir un encargo familiar. Cuál no sería mi sorpresa cuando me encuentro que todos estaban cerrados a cal y canto. Si te digo la verdad, cuando atisbé el primero de ellos (mal)pensé que la competencia había provocado el cese de la actividad. Oye, y me paré para preguntar a unos jóvenes que se hallaban en las inmediaciones con una cinta métrica. No debían ser del pueblo, puesto que estaban tan en la inopia como yo. Me vine para casa y a la altura del cementerio de San Agustín (el de El Mocán, para situarnos y entendernos), se me encendió la bombilla. Y díjeme: Chacho, si hoy es festivo en la muy histórica villa. Claro, como desde hace unos tres años perdí la noción de jornada laboral, del tiempo, de la hora, del día en que vivo, mandé el reloj y el calendario (almanaque) a que disfrutaran de unas merecidas vacaciones –aunque trabajo más que nunca–, creía que cualquier momento era idóneo para comprar la carne y los duraznos (que es lo que se me había consignado). Luego le das una veintena de vueltas al ‘celebro’ (que expresaría el erudito) y recuerdas que San Vicente cayó en domingo y que, por lo tanto, el consistorio cambió uno de los dos tradicionales y… eso.
Luego, leyendo la prensa (que se ha convertido –cómo cambia la película– en el medio de comunicación que simboliza la inmediatez), me entero de que el canal 2 de la televisión autonómica deja de emitir desde ya. Y me puse triste, mucho. Es una pena que esta crisis se lleve por delante una de las escasas actividades que me distraía un fisco apenas. Es que como casi siempre llego tarde, a ver la tele, las repeticiones me mantenían al tanto. Pues no vi yo pocas veces a Calero subido en la azotea y a Fernando Delgado emulando los viajes de Paulino en el helicóptero (aunque alega Martín Marrero que hace diez meses que no lo prueba; chiquito mono tendrá el presi). Me conozco todas las islas al dedillo desde lo alto. Soy capaz de cerrar los ojos y salir desde Orchilla contándote todos los recovecos, calas, barrancos, desfiladeros, plazas, puertos, montañas… (pregunta sin compromiso) y llegar hasta Caleta del Sebo, aterrizando al lado del comercio de Margarona. Me culturicé tanto que si yo te contara quedarías asombrado. Y los informativos… Esas conversas que yo mantenía con Paco Luis (antes con Roberto y Estíbaliz). Qué emoción esperar para comprobar cuántos accidentes, robos, juicios, maltratos, cabras degolladas, perros envenenados, ciudadanos de nacionalidad “extranjera” desaparecidos en senderos peligrosos, incendios, erupciones volcánicas… había habido en la jornada anterior. Mañana, tarde, noche y madrugada. ¿Vas a seguir cobrando lo mismo Willy o también te recortan en proporción al descenso de horas ‘tripitidas’ o ‘cuatripitidas’?
Tras el abatimiento me refugié en el deporte, en los JJOO. Y observo lo injustos que somos en muchas ocasiones con los que ganan, con los vencedores. Y todo porque alguien más famoso las pierde. Llega Michael Phelps en cuatro lugar en una prueba de natación. Y el titular destaca que no accede al podio. La reseña de los tres primeros, en un segundo plano.
La desilusión futbolera (hasta Honduras nos gana, manda ‘trillos’) ocupa, y preocupa, a cuanto comentarista deportivo se precie. Fotos, caracteres destacados y de impacto. ¡Ah!, y si llegamos a ganar, el equipo estaba para medalla. Y si yo me llego a sacar el euromillón, lo mismo no estaría ahora escribiendo boberías. La victoria en baloncesto contra China, lo segundo. Aunque “hubo altibajos en el juego”. Toma, en esta disciplina deportiva siempre. Y añadiría que más altos que bajos, porque los bases no suelen ser como yo. Y la obsesión por las medallas que no falte jamás.
Se acabó. ¿Saben por qué? Le bajé el sonido al cero. ¿No dicen que una imagen vale más que mil palabras? Pues toma medicina.
Hasta después.