sábado, 14 de julio de 2012

¿Y yo qué 'ha' hecho?

Me salto el prometido descanso del fin de semana porque la actualidad –y la rabia– puede mucho más y lo mismo le doy una satisfacción a todo ese grupo inmenso de políticos que hoy se hallará cómodamente descansando  y tiene tiempo (?) para leerme –el resto de días no trabaja–, mientras otros se devanan los sesos para buscar un resquicio por donde introducirse en lo que antes se llamaba, pomposamente, mercado de trabajo. Aunque alguna apellidada Fabra (chiquito ejemplo) los piropea con el consabido “que se jodan”.
¿Te acuerdas cuando de chicos nos reprendían por algo que no habíamos cometido? Pues nuestro estimado presidente ha hecho posible que recuperemos la ingenuidad. Si yo no he (ha) hecho nada, que yo no fui, era la consabida respuesta. Que en las más de las veces era verdad, porque algún otro miembro familiar o de amistades cercanas había planeado el asunto para cargar sobre otros hombros las trastadas de rigor.
Ahora toca volver al pataleo puesto que la culpabilidad de unos deberá ser expiada por los otros. Los banqueros, los defraudadores, los terratenientes, los mangantes, los tahúres, los políticos, los ejecutivos, los enchufados, los asesores (seguro que tú conoces varios más) están de enhorabuena ya que ellos forman parte muy activa de eso que se denominan mercados. Nosotros, si acaso, un mercadillo, y confórmate.
Sí, ellos, insisto, que no nosotros, no pierden jamás. Tienen garantizados, y bien, los errores a los que como humanos estamos sujetos. Y siempre habrá un colectivo de ‘bobos de turno’ que asuma la condición de pagadores por cuenta ajena. El resto de la película se rige por un guion harto conocido.
El pasado 11 de julio de 2012 (miércoles), y fecha a recordar en los anales de la historia, al tiempo que la UNESCO nombraba a la isla de La Gomera como Reserva de la Biosfera, Mariano Rajoy Brey (Santiago de Compostela, 27 de marzo de 1955) –para que lo tengas en cuenta y lo felicites en su próximo cumpleaños– nos ponía, definitivamente, la etiqueta de “gilipollas mayores del reino”. Este día será recordado para siempre jamás –por la intervención de la gloria divina y de la santa ‘troika’– por la adopción de 35 medidas de tal calibre que aquellas de Zapatero se constituyen en un simple coche de juguete al lado del Ferrari de Fernando Alonso (y de paso, viva el Santander y Botín).
¿Políticos o borregos? That is the question. Pues los muy golfos -¿o cómo demonios quieres que los mente?– no son capaces de erigirse como ejemplos y que cualquier propuesta del plan de ajuste fuera aplicada en primer lugar a sus sueldos y resto de privilegios. Pero no con idéntico porcentaje al mío, pues ya bien quisiera uno que el tanto por ciento fuera sobre sesenta o setenta mil euros (mínimo).
Que espectáculo más lamentable ver a una pandilla de energúmenos (lo siento por los que aún los mentan señorías; de señores y señoras, nada de nada) aplaudiendo a rabiar a un líder (qué sarcasmo) que machacará a quienes hemos vivido siempre de acuerdo con el fruto de nuestro trabajo, traducido en un salario ridículo al lado del que disfrutan todos esos que declaran, sin recato alguno, ser nuestros representantes. No nos alegrábamos de lo que estábamos imponiendo, sino que el batir de palmas era para demostrarle al jefe, que lo está pasando muy mal –¿y nosotros, qué, vivimos en jauja, cínicos?– y estaba necesitado de nuestro apoyo moral. Serán carotas. Y tú, Rubalcaba, con tal de argumentar que tu oposición es diferente a la del PP en su momento, ¿a qué juegas? Sal a la calle y sé un líder socialista poniéndote al lado de los débiles (somos casi todos) o esperas acaso a rescatarnos cuando nos hallemos sumidos en la miseria más profunda. Y pon de acuerdo a los tuyos o coge la puerta. ¿Qué hace Griñán reclamando la mitad del dinero recaudado por el incremento de los tipos del IVA? ¿No tendría que estar sublevándose ferozmente a la implantación de la medida que puede no alcanzar los cálculos previstos ante la más que probable disminución del consumo? ¿Por qué no entablar dura batalla contra los fraudes fiscales (también el del propio IVA no declarado, y no, precisamente, el de los pequeños negocios) que podrían hacer posible el no tener que recurrir a los salvadores de la patria, más conocidos como funcionarios?
Los banqueros se ovacionan con las orejas y hacen la ola a Mariano y su tropa. Las grandes fortunas, que haberlas haylas, siguen evadiendo pasta a mansalva (hay estudios y cálculos al respecto de los propios inspectores de Hacienda). Pero lo inmediato, porque lo dicta Europa, es volver a transitar el mismo camino que se está quedando sin hierba, yermo. Reitero, ¿políticos o borregos? ¿Qué tenemos? ¿A quiénes hemos elegido? Unos presupuestos aprobados hace escasas semanas que deben ser objeto de una tajada sin precedentes cuando nos los vendieron como excelentes y los únicos posibles. ¿Cómo va a ser eso, señor Rajoy, si usted no ha cambiado de criterio? Y los creía, de verdad, un poco menos ignorantes, pero me han defraudado, lo son mucho más de lo que yo pensaba. Sigan así y al tiempo de acabar con el déficit habrán finiquitado con lo que yo me niego en calificar como estado del bienestar, porque ese pudo ser el error al confundirlo con la riqueza de la pompa de jabón.
Aparte de las manifestaciones y protestas, permítanme los compañeros del gremio docente (y añádanse los que lo crean oportuno) una sugerencia: en las próximas navidades, nada de acudir a la clásica comida de despedida del trimestre (incluyan las del resto del curso). Alimentémonos para vivir, para rendir en nuestras obligaciones. Y nada más. En un año, cuando la economía (la de andar por casa) se haya colapsado, los políticos despertarán. Eso será mucho más efectivo que cualquier otro tipo de actuaciones que nos van a proponer los sindicatos, que pretenden salvar sus muebles y, de paso, demandar más subvenciones y mayor número de liberados. Ya hay competencia en gasolineras de este Norte con ofertas interesantes en el precio de los combustibles. Y los martes y jueves hay colas para los repostajes. Síntoma inequívoco de que miramos el céntimo. Hagámoslo en todo. Es preferible vivir como espartanos una temporada que morir en pulsos perdidos de antemano ante esta dictadura. ¿De los mercados? ¿De una mayoría parlamentaria mal entendida? Ponle tú el cuño.
Finalizo con el vía crucis en que parece se convirtió la procesión marinera portuense merced a un grupo de borrachos ‘de fuera’. Recurso manido de los alcaldes de turno, como siempre. ¿Te acuerdas, Marcos, cuándo permitiste a Manolito Artiles hacer lo que le vino en gana en sus retransmisiones televisivas? Pues de aquellos lodos nacieron estos barros. Ya él no recuerda nada, es muy olvidadizo. Incluye las camisetas. Yo tengo estas imágenes bien grabadas. Te faltó añadir la procedencia de los jóvenes beodos, los del botellón. A lo peor eran del Realejo y lo mismo la arman en la nuestra de San Agustín. Y con respecto a las medidas que vas a adoptar: a conejo ido, palos a la madriguera.