lunes, 27 de agosto de 2012

Allá donde fueres

Haz lo que vieres. Eso reza el refranero antiguo español. Parece obvio, o al menos eso pensamos los que ya hemos cumplido uno cuantos. Aunque el tema de la globalización, la inmediatez informativa a través de ese artilugio denominado Internet, está dando lugar a situaciones extrañas. En los últimos años de docencia activa, siendo normal que en cada centro el número de alumnos extranjeros constituya una cantidad bastante considerable, ya se comenzaba a vivir situaciones que rompían más de un esquema. Y no es mi intención dirigirme hacia los controvertidos asuntos religiosos que traen a mal vivir a más de un gobierno (ahí tenemos el debate candente de la utilización del burka). Porque en el diario desenvolvimiento de una jornada escolar, siempre se atisban comportamientos anómalos. Entre los que es bastante frecuente el afloramiento de actitudes que te chocan, no sin cierta sorpresa, con el cliché que tu intuías del país de procedencia. Significativo, por haberlo vivido directamente en al menos un par de ocasiones, el que yo mento como caso cubano. Puede que sea el soltar cadenas (y ya me entienden por el régimen político existente en la Perla del Caribe) lo que conduce a situaciones asaz grotescas. Vamos, que pasan al otro extremo –se te suben a las barbas, para entendernos– con una facilidad pasmosa. Son como los loros puestos en libertad que trincan una huerta de millo y destrozan las mazarocas (mazorcas, en fisno) que es un disgusto ir luego a coger las piñas porque te llevas tremenda sorpresa. Iba a poner el ejemplo de las jóvenes de los colegios de monjas, pero me contuve.
Suelo meter la pata con frecuencia por no saber estarme quieto. Pero procuro documentarme antes de sentarme ante el ordenador a teclear estos párrafos. E insisto que sin tener la obligación que debe exigírsele a un periodista (ya lo insinuaba Juan Cruz en una entrevista que le realizaron ayer en Diario de Avisos), intento no solo ser respetuoso en mis comentarios (que no informaciones), sino que las líneas redactadas tengan un mínimo de consistencia. Perdón por la reiteración: para lo otro está el feisbuc.
Y ya llegué adonde pretendía, a esta red social que, por lo visto –aun consciente de que la transito poco–, y como fiel exponente del puritanismo estadounidense, persigue antes una fotografía con ligeros tintes de ‘enseñanza’ que comentarios con un léxico y contenido merecedores de al menos un ligero tirón de orejas. Deberá ser, me imagino, los inconvenientes de la traducción.
Así, pues, enlazando los argumentos anteriores, y dejo a tu consideración las valoraciones pertinentes, plasmo seguidamente estas tres guindas (textual):
Viviendo en el comunismo del PP!! Acatando lo que dicen y sin poder hacer nada, no hay derechos ya en este país. Impotencia absoluta!!!!
Volviendo a casa caminando porque un maldito guardia civil me ha echo parar el coche por no llevar carnet!! Me cago en la puta madre de todos los civiles.
Llegar hasta el punto de tener que aguantar a un HIJO DE PUTA DE GUARDIA CIVIL RACISTA... Y que me diga que tengo q mejorar mi comportamiento que ya no estoy en Cuba... HIJO DE PERRA, IGNORANTE E INÚTIL.
Se dice, se comenta que los que hemos dejado de fumar, y mucho antes que se impusieran los recortes, somos los más radicales a la ahora de expresar las molestias del humo de los cigarrillos en cualquier lugar. Estimo que estas cuestiones no se pueden argüir tan a la ligera, pero cuando leí los tres párrafos de marras pensé en mi primo Juan Antonio, el responsable de la Autoescuela El Tejar, y que tantos e interesantes reflexiones nos deja en esta misma red social aludida (como el particular caso de circular en las rotondas y que demasiados quebraderos de cabeza provoca en la denominada de ‘Ambrosio’ –o fuente luminosa, a ratos– en el Polígono de San Jerónimo). Porque se habrá echado las manos a la cabeza cuando lee que el individuo en cuestión se ha molestado (acepción benigna de cabreado) porque la policía de tráfico se ha limitado a cumplir con lo reglamentariamente establecido.
Si por un causal se me ocurriera calificar el conjunto de buenas intenciones y lindezas con las que piropea el sujeto a quienes tienen el deber de velar por la seguridad en las carreteras, puede que sea tildado igualmente un servidor de racista por quien ha sido acogido, y parece que no integrado, en el territorio patrio. Estas particulares muestras de agradecimiento son las que chocan sobremanera y te dejan patinando en seco (con carné y en un circuito adecuado). Con elementos así, imagínense ustedes que no tuviéramos agentes en las vías: nos comeríamos (metafóricamente escribiendo).
Me asalta la duda de si no llevaba el carné porque se le había quedado olvidado en casa o porque no lo había obtenido todavía. Porque en el segundo caso, y ya nada me extraña, lo de ignorante e inútil (soslayo las otras perlas ¿del Caribe?) bien podrían ser aplicadas al antillano. Pero ni me pasa por el magín elucubrar con tal posibilidad, no sea que me espete el contenido íntegro del artículo 14 de la Constitución Española, que no debe ser idéntico al correspondiente en la República de Cuba (que sí consagra la dignidad del ser humano, aunque para algunos ‘rectos compatriotas’ deban excluirse los que lleven uniforme verde, y a los familiares más directos de los mismos me remito).
Había otros asuntillos en cartera, pero los dejaremos para mañana. Oye, he tenido excelentes alumnos de las más diversas procedencias, etnias y religiones. Insisto, encantadoras personas y mejores estudiantes. ¿De los otros? Alguno, escasos. Para mí que estas formas, que me corrijan los psicólogos, son un mecanismo de defensa ante un evidente complejo de inferioridad.