martes, 14 de agosto de 2012

Bravo por ellas

Aquellos que hayan sido capaces –tremenda osadía– de haber seguido la trayectoria ‘escribidora’ de este aprendiz juntador de letras, se habrán percatado de unas cuantas manías que llevo adheridas cual sello de correos. Puede que algunas loables y otras no tanto. Entre las primeras, y contando con la benevolencia de todos ustedes –me atrevería a afirmar que así es–, el propagar a los cuatro vientos que la mujer merece puestos más destacados en la sociedad que aquellos a los que tradicionalmente se le ha relegado. Y son varios, diría que bastantes, los comentarios que han visto la luz apostando decididamente por el ascenso en las responsabilidades políticas. Porque basta con extrapolar lo que realizan en su vida diaria a la gestión de los dineros públicos, para pensar muy seriamente que otro gallo nos cantaría (u otra gallina pondría huevos).
Sin ir más lejos (otra de las tantas manías esta expresión), aquí en Los Realejos, mi pueblo y villa natal, vengo lanzando singular cruzada, desde ha unos cuantos buenos abriles, a favor de que una fémina lidere la candidatura del partido socialista (con los otros tengo menos confianza). Que capacitadas haylas y ya es tiempo y lugar de que la alcaldía realejera tenga como cabeza visible una joven sobradamente preparada.
Pero no iban los tiros por ahí, lo que pasa es que siempre cojo algún atajo y me pierdo. Va el titular, y la ilustración que acompaña este texto, por estos juegos olímpicos que acaban de finalizar en Londres. En los que la representación española ha salvado los muebles gracias a ellas. Sí, lo vires para donde lo vires. Y en condiciones, valga el caso de la luchadora vasca Maider Unda, menos favorables que las de otros deportistas masculinos.
Ya que mencioné la proeza de esta alavesa productora de quesos y todo un ejemplo para el olimpismo, debo, sensu contrario, criticar la postura de algún iluminado que justifica su fracaso alegando venirse para España a fin de no seguir gastando el dinero de nuestros impuestos. Lo mismo es uno de los tantos que puso en tela de juicio en su momento la política de recortes. Muchos atletas deberían hacer profundas reflexiones, sobre todo aquellos que viven subvencionados, y a la hora de rendir parece que influye en grado sumo la cultura latina.
Sí, un bravo muy sonoro por esa lección que ha dado la representación femenina, siempre más escasa, en la capital de la Gran Bretaña. Su pundonor, garra y atrevimiento nos recordó el coraje de aquellos futbolistas de antaño, que habrán quedado, por cierto, más que cabizbajos con el ‘brillante’ papel de los bien pagados de la Rojita. Que se paguen sus vacaciones, como quieren hacer con los funcionarios.
Y ese arrojo y esa valentía son las cualidades que yo reclamo para que esta pléyade de jóvenes pase a formar parte de los foros de decisión de este país. Desde ayuntamientos hasta donde haga falta. Para que desechemos de una vez el que tengan que ser las hijas de papá (¿Pensaste en Andrea Fabra?; yo también, y que se joda) las que puedan acceder a tales puestos. En los que, al tener su porvenir más que asegurado, solo calientan la silla, acontecer por el que le abonamos una pasta gansa. O lo que es peor cuando mueven un dedo: acometer acciones encaminadas a favorecer determinados intereses, casi siempre relacionados con círculos bien cercanos.
Ahí tenemos al Angelito Carromero, ese pollo alto cargo de las Nuevas Generaciones (chiquito porvenir) del PP, metido en mil fregados y al que, por fin, han retirado el carné de conducir (el del partido lo sigue conservando por si le vale de ayuda en Cuba) ya que se ha quedado sin puntos. Pues que lo fiche Botín, si tanto le gusta la velocidad, le ponga una pegatina del Santander en el culo y que después Rajoy lo nombre Director General de Tráfico. Esos son los ejemplares que medran en esta España nuestra. Y como nunca han dado un palo al agua, hallan en la política el cauce adecuado para seguir con esa inactividad permanente.
Las medallas femeninas me han insuflado abundantes dosis de optimismo. Intuyo que en un no demasiado lejano día, no tenga que haber concejalías de la mujer, ni de mayores, ni de la tercera edad… Porque ello significa e implica, por el mero hecho de sus existencia, discriminación. Yo no vislumbro en aquellos consistorios a cuyo frente se halle una mujer que exista un concejal del hombre.
Esa nueva reestructuración de la administración pública, sin necesidad de tanto estanco y chiringuito, será posible cuando una mayoría de mujeres dirija el cotarro. Porque de gestión, de finanzas, de ahorro, de sufrimiento… Coño, ¿quién lleva la casa adelante con penurias, con carencias, con recortes? ¿Y no es el propio Mariano el que compara, una y otra vez, la caja de las perras con el monedero del hogar? Además, otra ventaja indudable para cuando haya más alcaldesas que alcaldes: sobran los asesores. ¿Tú conoces alguna mujer inepta? Yo tampoco.