miércoles, 8 de agosto de 2012

Demagogia, Paulino

Cada vez que se produce un incendio forestal (y desgraciadamente van unos cuantos), arden, también, los medios de comunicación. Y no digamos nada de las denominadas redes sociales, lugar en el que todos nos convertimos, por arte de magia, en técnicos de tomo y lomo. Lo hemos podido comprobar este verano en el que ya llevamos unas buenas muestras esparcidas por varias de las ínsulas macaronésicas ultraperiféricas.
Entiendo que se reproducen los esquemas vividos hace bastantes décadas, lo que me indica, salvo que algún político me señale lo contrario, que bien poco hemos adelantado. Porque seguimos empeñados en que los fuegos se apagan con un ejército de personas o con una flota bastante considerable de aparatejos voladores. Y quema un mogollón el escuchar a los (ir)responsables de turno soltar verborrea barata cuando las llamas están alcanzando su punto álgido. No realizan tales declaraciones en privado, sino que aprovechan cuando la presencia de micros sea considerable, para que se escuchen bien, para que se propaguen convenientemente sus ineptitudes.
Y los medios –la autonómica es modelo ejemplar– creen estar haciendo un servicio público encomiable (del que se jactan con propaganda de autobombo) llamando con cierta frecuencia a los cargos públicos. Eso sí, no molestándolos mucho para que puedan atender sus múltiples ocupaciones y no restándoles muchos minutos de su apretada agenda. Todo ello aderezado con imágenes grabadas tres días antes con lo que ves a idéntico operario unas trescientas veces y la misma manguera echando un chinguito de agua, que calificaría el campesino como la meada de un gato. Hemos dedicado no sé cuántas horas en un despliegue sin precedentes. Y como irá nuestro presidente para soltarnos las cuatro frases que le pasaron en forma de chuleta, las alcachofas se reproducirán como hongos delante de sus narices. Que no, esto es desinformar y crear morbo gratuito. Máxime en una sociedad en la que la telefonía móvil solo está vedada a un servidor. Porque me ha dado la realísima gana y porque sarna con gusto no pica.
Persiste Paulino en demandar medios aéreos de forma permanente en Canarias. Puesto que el gobierno de Madrid, y, por ende, el partido popular nos maltrata, nos machaca, nos tiene olvidados. Aunque él no dispone de una buena memoria cercana, porque también su gobierno nos ha dado buenos sablazos. ¿O es que acaso el IGIC se inventó solo para los ricos? De sus aficiones a la gira en helicóptero éramos sabedores, pero ignorábamos que pretendía más altos vuelos con la presencia de hidroaviones, con mucha más capacidad que la cesta de los autogiros.
A todas estas, llegan a Canarias las aeronaves y el tiempo se encarga de jugar una mala pasada puesto que no pueden operar en La Gomera porque la bruma que forma el alisio les resta visibilidad. Y se le da la vuelta a la tortilla con la cantinela de que el cambio meteorológico ha supuesto una ayuda inestimable, aunque los objetos del deseo (hidroaviones) deban permanecer inactivos. Acaba uno sin comprender si el alisio que tanto bien ha producido para que esa maravilla de la laurisilva en El Cedro, es o no un beneficio para esta joya natural. Me da la impresión de que en realidad no sabemos bien lo que queremos, sino que vamos a salto de mata a ver por donde nos sorprende el conejo. ¿No se está reforestando con esa vegetación por lo de la humedad, lluvia horizontal y demás?
Desde los grandes incendios de 1983 (Tenerife) y 1984 (La Gomera) hemos tenido un periodo muy amplio para haber aprendido y adoptado las medidas adecuadas para no caer siempre en los mismos errores, para no tropezar con las misma piedra. Pero no hay manera. Ojalá en un futuro tenga ocasión Rivero de repasar sus declaraciones a lo largo de estos años en los que Coalición Canaria ha formado parte de los gobiernos habidos en Canarias. Desde sus promesas de puestos de trabajo hasta estas últimas demandando medios para sofocar estos fuegos. Bien podría escuchar las opiniones de otros correligionarios al respecto (por ejemplo Wladimiro) que piensan que no son la  panacea. Ahí tienen el modelo de EEUU, con aviones de padre y señor mío, y con incendios de no te menees.
Cuando el presupuesto del auditorio tinerfeño, que lleva el nombre de uno de nuestros presidentes, cuadriplicó el importe que figuraba en su proyecto original, ¿a nadie se le ocurrió pensar cuántos metros de tubería se podían haber extendido por los montes por si eran necesarios en momentos de apuro? ¿No hubiera alcanzado, asimismo, para construir grandes depósitos de agua y aprovechar la que se arroja impunemente a la mar? Por la falta de medios técnicos no sería, señor presidente. Nos habla usted de conciencia, de responsabilidad, mientras cuantifica en tres o cuatro hidroaviones los que deben estar aparcados a la espera de sus órdenes. Para lo que deberá cerrar algunos colegios y hospitales –ya nos lo viene advirtiendo, aunque trasladando las culpas a los otros; el echar balones fuera siempre se le ha dado bien–, si quiere mantenerlos en las debidas condiciones de uso. Y mientras tanto usted los utilizará para los desplazamientos insulares, amén de prestarlos para que los reportajes de la tele canaria sean de más ‘alta’ calidad, o para que la guanchancha actúe a vista de pájaro.
Los incendios, estimado Rivero, deben ser combatidos desde muchos antes de ser meros conatos. Y para tal menester se requiere visión de futuro. Algo de lo que usted no dispone –y a los hechos me remito– pues basta una somera revisión a sus ‘arrancadas’ pretéritas para llegar a la conclusión de que  ha alcanzado la fecha de caducidad. No digas más disparates y si no es capaz de pensar un fisco y contar hasta diez antes de ‘disparar’, absténgase. Suprima la policía y tele autonómicas (no he visto a nadie llorando tras la clausura del segundo canal), priorice objetivos, desmonte mucho chiringuito en el organigrama gubernamental, deje de buscar culpables en otros ámbitos (porque pasado mañana los puede volver a necesitar)…
No, hoy no deseo comentar absolutamente nada del papel de los socialistas canarios. Ese pasado mañana antes citado puede ser el de la patada en el culo. Porque a usted, señor Paulino, hay que reconocerle esa habilidad: puede seguir siendo presidente canario hasta el año tres mil quinientos. Y sin demasiado desgaste, sin  quemarse un ápice. Y hágame el favor de no utilizar como argumento a favor para defender una base fija de hidroaviones la difícil orografía, porque por esa misma razón lo van a tener crudo para que las descargas sean efectivas. Si una niebla los dejó en dique seco, un barranco gomero impondrá mucho más que respeto.
Pero su capacidad camaleonística es tal que a los tres días de cualquiera de sus boutades va y nos suelta que tampoco fue tanta la desgracia y que el pino canario se recupera en un pispás. Bueno, y si además hemos eliminado la controvertida pinocha, habrá que plantearse si es bueno o malo que el monte se vaya quemando por sectores cada equis tiempo.
Echo la vista atrás, casi treinta años, que se dice pronto, recuerdo al gran Eligio, cierro los ojos y veo las mismas imágenes. Penoso, triste. Haría bien Paulino Rivero en cuidar sus declaraciones. No por los periodistas, cuya única misión es aguantar la alcachofa ante sus narices –y ahora más temerosos por lo de Ana Pastor–, sino porque a este paso se nos queman hasta los montes de Fuerteventura y Lanzarote. ¡Ah!, si lo suyo es vergonzoso, lo de José Manuel Soria, incalificable. Se agarran hasta de un clavo ardiendo para intentar obtener réditos políticos. Y entre ellos, las desgracias ajenas, salvadores de la patria. Sin embargo, un consejo: cuídense de Vázquez Figueroa, no sea que les turre ciertos atributos.
Perdón por el desorden y caos, fiel reflejo de cómo quedo tras ‘(des)informarme debidamente, pero en que me tienen ‘quemado’ estos salvapatrias. ¿Por qué no te callas?, que diría el Borbón.