jueves, 9 de agosto de 2012

Estamos en Marte

El pasado lunes, bien tempranito, alcanzamos el objetivo. Un largo viaje de casi nueve meses culminaba con un  aterrizaje (¿o amartizaje?) perfecto. El Curiosity se depositaba en un cráter marciano (que no mariano), a buen recaudo de ojos indiscretos, y desde allí nos irá enviando información de si ET procedía o no del planeta rojo. De no ser así, la incógnita de “mi casa” continuará con nosotros hasta el próximo viaje, por lo menos.
Lo verdaderamente importante y significativo no es que la NASA haya alcanzado el cuarto planeta del sistema solar una vez más con un cochito (versión canaria de cochecito) de esos que contemplamos en manos de los críos cualquier Día de Reyes, sino que ahí, entre tanta seriedad y tecnología punta, iba la parte más conocida del pueblo español: el salero, la gracia, la chispa. De no haber sido así, imagínense ustedes lo aburrido que hubiese resultado esta larga travesía por los espacios siderales. Y lo que es peor, aguantar allá arriba, a tanta distancia, durante dos años (mínimo, que lo mismo se prolonga unos cuantos más) un periodo que se supone de una enorme soledad y sin una bocanada de aire fresco que llevarse a los bronquios.
Coincidirán conmigo que no es lo mismo un escueto y sobrio mensaje de un científico norteamericano que un chiste bien contado por un andaluz guasón de esos que se ríen hasta de su propia sombra. De esas cualidades vamos sobrados. Tanto que son muy pocas las naciones que pueden presumir de odiseas de tal calibre: estamos en Marte. Desde luego, si al final se llega a la conclusión de que no ha existido vida en ese territorio, a partir de ahora ya no se podrá mantener esa condición. Porque yo me imagino que en el juguete mecanizado habrá viajado una bacteria, o un virus. Saben ustedes que estos bichitos pululan por doquier de manera harto notoria. Si llevamos al crío al médico por un golpe de tos: eso es un virus que anda. Si le subió la fiebre después de un día de playa: eso es un virus que anda. Si le entró un cólico tras ingerir un yogur caducado porque se quedó fuera de la nevera: eso es un virus que anda. Si agarró un enfriamiento por estar cuatro horas sin salir del agua: eso es un virus que anda.
Con tales antecedentes, convendrán conmigo de que en Marte, ahora mismo y a partir de la primera hora del pasado lunes, habrá más de un microbio a la caza y captura de cualquier inquilino en el hacer de las suyas, cual si de pulga se tratase que busca medio de transporte gratuito (léase, perro, chucho o similar). Y el bichito es, y será siempre, español. No podía ser de otra manera. Con los recortes no se concibe que los inventores del sector español del artilugio hayan usado guantes para maniobrar en el montaje. Rajoy no podía permitir dispendios tales. Que con el ingenio que nos caracteriza suplimos el resto de carencias propias a nuestra intrínseca forma de ser. Lo mismo empaquetamos para el siguiente al mismísimo Chiquito de la calzada. Me encantaría una pareja presidencial, pero va a ser que no.
En las primeras fotografías enviadas por el ‘curioso’, en blanco y negro, se observan unas sombras raras. Si me llevaran a jurar, diría, casi sin temor a equivocarme, que son producto de las primeras travesuras del nuevo habitante de allende las tierras. Comprobarán en unos días, cuando se estabilice el sistema y comience la sesión en color, que el susodicho comparecerá ante los medios con mucho mayor desparpajo y una prestancia digna de elogio. Los españoles somos así, desde nuestras más primitivas formas unicelulares hasta las más complicadas y retorcidas mentes (como las que se congregan en la Carrera de San Jerónimo o en el Palacio de la Moncloa, valgan de ejemplo, y sin necesidad de ir más lejos, a Marte, verbigracia).
Hemos aportado una estación meteorológica, según cuentan las fuentes oficiales. Pero siempre se ocultan las verdaderas intenciones. A requerimiento del propio presidente, Soraya y Dolores, asesorados por Paco Camps, se entrevistaron con los fabricantes nacionales y lograron colar una enmienda parcial para que el aparatito investigara posibles solares donde ubicar unas industrias textiles y poner al frente de ellas al cuestionado ‘Bigotes’. Sería una preocupación menos y un alivio para la justicia quitarse de encima este peso ‘Gürteliano’ con una sentencia ejemplar: la extradición total y un alejamiento perfecto (por kilómetros que no quede).
Otros que vislumbran una magnífica oportunidad en esta nueva aventura son los socialistas, pues el CIS está empeñado en darme la razón y demostrar que por mucho que descienda el PP, no es Rubalcaba el hálito de esperanza que necesita el electorado. Por ello, dentro de cuatro o cinco años luz, cuando la primera generación de españoles en el exterior se halle en edad de votar, será factible que un nuevo proyecto nos venga desde nuestras posesiones marcianas. Será la prueba irrefutable del nacimiento del nuevo imperio y volverá a no ponerse el sol en tan vasto territorio, salvo cuando haya eclipse total.
Concluyo: estamos a jueves, pero lo importante y trascendental es que, al tiempo, estamos en Marte. Curioso. Congratulaciones. Parabienes. ¡Ah!, y Paulino está asimismo la mar de contento. Parece que Rajoy no ha visto con malos ojos colocar allá arriba una estación de bomberos espaciales. Apagaremos los incendios con enormes bloques de hielo, al estampido, escacharemos el fuego sin remisión. Tiemblen pirómanos (enfermos mentales, según los jueces; hijos de la gran… llama, según el resto).