viernes, 10 de agosto de 2012

Súper

Recuerdo cierto ‘dardo’ de Lázaro Carreter que aludía a la desaforada utilización del que hasta hace poco fue prefijo y que ahora se ha convertido, producto de modismos y cambios sociales, en el comodín perfecto para expresar que en una época de crisis cualquier acción que se salga de los más simples cánones de la normalidad es ‘súper’.
En la celebración de estos juegos olímpicos (Londres 2012), los deportistas españoles lo han hecho superbien, y aunque no hayamos alcanzado el número de medallas que teníamos previsto, ello no ha restado un ápice a nuestra superactuación en la inmensa mayoría de las disciplinas. El que no se superconsuela es porque no le interesa o porque supersubestima (vaya palabreja más incongruente) la superintegración de los momentos superdifíciles que en todo programa vital nos superacongoja y nos supercondiciona.
En baloncesto, aun perdiendo a posta con los brasileños para evitar un posible enfrentamiento con los estadounidenses en semifinales, realizamos un superpartido en el que las supercanastas (de tres puntos o más) marcaron un hito de inflexión superacorde con la supertáctica planteada por el seleccionador del ramo. Gasol one estuvo supermotivado y ejerció un dominio absoluto bajo los aros (propio y ajeno). Gasol two no se le quedó a la saga y secundó (como su propia nomenclatura indica) la supertarea del hermano con unos supertapones que encendían el graderío londinense. La nota negativa, la superlenta recuperación de Navarro que no acabó de estallar (por lo de ‘Bomba’) con sus supertriples y esa pudo ser la causa del superdesfondamiento en el último cuarto con un parcial superescandaloso a favor de los cariocas.
Lo del fútbol, a tenor de lo que nos manifestó el periodismo especializado, fue un superfracaso. No estuvimos a la altura de las circunstancias y no fuimos capaces de marcar un mísero gol en las tres superconfrontaciones en las que, aparte de no merecer la derrota, demostramos una altísima supercapacidad para superar los reveses. Nos produjo una supertristeza sin precedentes, pero son avatares que suelen hacerse mucho más patentes y notorios cuando partimos con la vitola de superfavoritos.
En Tenerife no podemos estar superdeprimidos porque Pestano haya vuelto a fallar en una cita grande (o supergrande). Y como ya no es un niño, nos tememos que vayamos a pasar una supertemporada bastante superdecaídos y superabatidos, que viene a ser lo mismo pero denota una superestabilidad emocional que, a la larga –no hay mal que cien años dure–, supondrá una mejor superconcentración en eventos superlativos. Le deseamos, como no puede ser de otra manera, una superación superrápida.
Si dejamos al margen el deporte, o superdeporte, que asimismo se estila, y nos adentramos por los senderos y vericuetos de la geografía insular canaria, habremos de recalar, qué remedio nos queda, en estos superincendios que nos asolan cada tres por dos. Y que últimamente, para mayor inri, se superponen, bien duplicados o triplicados, lo que, obviamente, constituye una superdesgracia sin precedentes. Es superestresante el contemplar cómo se queman nuestros recursos naturales ante el avance superatroz de unas lenguas de fuego superveloces, movidas y dirigidas por unos supervientos que surgen de las supercorrientes que en los superbarrancos gomeros, por ejemplo, y que son superimprevisibles.
Son, y así lo indican todos los superintendentes, verbigracia, nuestro superpresidente, acciones supermeditadas y ejecutadas alevosamente por los superpirómanos que pululan por los terrenos de medianías, que son los superadecuados para provocar estas superchamusquinas.
Aparte de la superinformación a que estamos sometidos en este verano aciago, deberíamos mostrarnos superfelices, supercontentos y supercalifragilisticosespialidosos porque cinco letras han hecho posible que nos olvidemos de esta superdepresión galopante, cuyo reflejo más sonado es esa superprima, de mayor o menor riesgo, que cada día nos superataca.
En fin, superfisgoneadores míos, a pesar de los pesares sigo superactivo y supertrabajador. Creo que es conveniente superarse cada día y por ello me superestimulo todo lo que puedo. Ojalá no me superpase y me vaya a provocar una superenfermedad.
Si crees que he exagerado, si estimas que he abusado, es que tú no estás en contacto con la realidad. Es tanta la proliferación del súper que en cualquier conversa, aunque sea en el súper, se cuela incluso en el vocabulario de los que podrían considerarse miembros de ambientes más selectos y cultos. Yo estoy superpreocupado, qué quieras que te diga. Y eso que acabo de comprar unos productos superbaratos; sí, estaban superrebajados, lo que me ha hecho superfeliz. Tengo una supersuerte.
Pasen un superagradable fin de semana.