sábado, 18 de agosto de 2012

Injustificable

El pasado miércoles, 15 de agosto, festivo en Canarias, al tiempo que nos despertábamos con otro incendio en Los Realejos (estaba tardando), tenía la oportunidad de escuchar unas declaraciones de un tal Rubén Fontes en un programa titulado ‘La radio en directo’, de la autodenominada radio nacional canaria (bastante original, por cierto). Tras las pertinentes averiguaciones pude descubrir que se trata del jefe de producción de RTVC, siervo de la ‘Voz de su amo’ (Willy), secretario de organización de la comisión ejecutiva de CC en Gran Canaria (a petición de las bases, alega en su descargo), que ha escalado peldaños desde su puesto de tanatopractor –especialista en tanatopraxia– o maquillador de cadáveres. Ganó mucho, en todos los aspectos, con el ‘negocio’ de la llegada de pateras y cayucos a las costas majoreras, obteniendo las mejores fotos y vendiéndoselas al mejor postor desde su privilegiado puesto de esteticista de cementerio. Ahora ‘maquilla’ en otros ámbitos.
O yo soy medio raro (idea no muy descabellada) o en esta comunidad autónoma estamos meando por fuera de la bacinilla. La exposición del cúmulo de excelencias que cantó el ‘Rubenito’ del ente público radiotelevisión canaria me avergonzó sobremanera. Es como si el ‘dueño’ de este blog al que has tenido acceso, se dedicara a cantar en cada uno de los posts lo bien que me quedan plasmadas estas líneas en las que intento expresar mi parecer acerca del tema que considere de interés. Y digo (escribo) más: es que estando legitimado para hacerlo porque a nadie me debo, sería incapaz de caer en tal tentación. Pero el señor Fontes, ni corto ni perezoso, pensando, quizás, que es condición necesaria y suficiente el hacer la pelota a sus jefes inmediatos, sea Willy, sea Paulino.
Insisto, seguía bien activo el incendio de La Gomera, y el de mi pueblo preocupaba porque los inicios son momentos trascendentales para su posible control, cuando el susodicho se lanzaba flores por lo bien que lo venían haciendo, por el desarrollo inmaculado en la labor informativa, con un despliegue en el que “no se han escatimado medios”. Qué fácil es nadar en la abundancia. Como lo hicimos años atrás y con las consecuencias en las hemos desembocado. Qué placentera travesía, don Rubén, y tan diferente a la de los negritos de los que usted se valió para el ascenso. Llegué a la conclusión de que la extinción de estos desastres naturales, en los que nos hemos visto involucrados este verano, es obra y gracia del amplísimo despliegue de unidades móviles que llevan signadas unas enormes ‘ces’ en sus carrocerías (dos en época de bonanza en La Gomera y en estos días muchas más que las unidades móviles policiales).
Fue tanto el autobombo que me llegué a preguntar qué hubiese sido de las brigadas forestales, de la unidad militar de emergencias, de bomberos, guardia civil y todos aquellos que intervinieron en las operaciones de extinción sin el auxilio de los intrépidos periodistas, sin la cercanía de un micro, de una cámara… La justificación de un gasto, que sigo considerando innecesario, con acontecimientos puntuales, deberá explicársele a quien dentro de unos días, una vez sofocadas las llamas, tendrá ante sí la difícil coyuntura de qué hacer ante el panorama de aquella propiedad en la que invirtió euros, tiempo y toda una vida. Que probablemente será beneficiario de una mísera ayuda porque no hay dinero para más. Y le volverán a contar el triste poema de la crisis. Pero sí habrá para desplazar más cronistas (un par de ellos en cada barco que trasladaba efectivos desde Los Cristianos), más coches y, en fin, más de todo; con sus correspondientes expendios, directos que no colaterales. Se trataba de cubrir cada cruce, cada camino, cada lugar de concentración, cada movimiento… porque los instrumentos de comunicación de los que sí apagan el fuego, tenían que ser reforzados con los inigualables del equipo de informativos de ‘la nuestra’.
A la ingente sangría económica que supondrá este espectacular movimiento de medios, humanos y técnicos, habrá que sumar este otro que te comento. Ni lo pagará Rivero, Pérez o Rajoy. Recaerá, una vez más, sobre los mismos. Y entre estos, más de uno de los propios damnificados, bien de una manera directa (más impuestos) o bien indirecta (nuevos recortes, menor asignación para paliar secuelas).
Llamadas telefónicas (molestias) hacia quienes deben ocuparse de otros menesteres. Porque establecemos un organigrama en los denominados gabinetes de crisis y luego no pueden atender sus obligaciones porque deben estar pendientes del móvil bajo la excusa de tener informada a la población. Lo que el ciudadano espera es que acaben con el fuego y no la reiteración de las mismas imágenes, incluyendo las ovejas calcinadas para el aderezo pertinente del morbo. Y me cabrea, me enfada no, me cabrea el que concluyan la entrevista con lo de ya no le molestamos más porque sabemos que se halla muy ocupado y tal y cual. Y a la media hora están de nuevo colgados al teléfono. Y en el intervalo de los treinta minutos, otros cinco o seis medios de comunicación han repetido la jugada. Luego nos quejamos de que hay pocos medios humanos en el frente. No nos aclaramos.
A los doce minutos (segundo arriba, segundo abajo) de haberse tenido noticia del comienzo del siniestro, somos todos técnicos. Los más, los periodistas y los políticos. Con las cuatro frases hechas que copiaron del informe obtenido en la rueda de prensa anterior. ¡Ah!, se me olvidaba: una vez concluida, volvemos a preguntar al consejero o al director general para que nos conteste exactamente lo mismo que había dicho un minuto antes. Y después telefoneamos al responsable de la UME al que solicitamos opinión acerca de las recomendaciones que ha dictado el cabildo. Es como si Melchior demandara al ciudadano que no suba al monte y Santiago Díaz (el de la UME, que ya me los conozco a todos) recomendara que se fueran de chuletada al Chanajiga.
Lo siento, no hemos cambiado gran cosa (puede que incluso hayamos empeorado al creernos más preparados ante el cúmulo de noticias) y flaco favor nos estamos haciendo. ¿Qué está ardiendo exactamente en Los Realejos?, preguntaba el locutor televisivo, quien habiendo escuchado el día anterior lo del cañaveral de Gran Rey, sugirió si era este tipo de vegetación. Yo le hubiera respondido que unas huertas de platanera que se dan muy bien en lo altos de La Cruz del Castaño y Los Tres Pinos. Y si el cuestionado hubiese sido el anterior cura de Icod el Alto, personaje polémico donde los haya, a buen seguro que  le habría espetado que la cuca del guanche de El Lance (bueno él lo dijo de manera más expresiva en cierto artículo que escribió para el programa de las fiestas de aquellos cuarteles años atrás).
He vuelto a hacer un alto en otro fin de semana y he incumplido la observación del descanso que me había impuesto. Pero estoy empeñado en llevar la contraria a los que me aconsejan ciertas desconexiones. ¿Creen, acaso, que si no escuchara lo que no debería, si no leyera lo que puede serme perjudicial y si no viera lo que puede dañarme la vista, podría atreverme a redactar estas líneas? En estos últimos días, y de manera casual, me han preguntado dos personas por el tiempo que le dedico a cada entrada de este blog. Bastante, respondí a ambas. Para escribir boberías tengo el feisbuc.
Acabo con un consejo –qué atrevimiento– al señor Fontes: modérese y calle, o al menos disimule. Un periodista, por mucho que se deba, es algo más que un borrego domesticado o un maquillador de la realidad. Y debo presuponerle, por arriba de otras circunstancias, profesionalidad (dejemos, por ahora, al margen la ética y todo ese cúmulo de ‘buenas acciones’). Ya que es lo que es y está donde está, solicite un cambio urgente u otro ‘enchufe’ en el que pueda disimular un fisco y en el que pueda dedicar (¿o babosear?) no diez, sino las veinticuatro horas del día.
Bueno, ahora voy a seguir pintando. No me queda otro remedio.