viernes, 7 de septiembre de 2012

Códigos éticos

He manifestado en anteriores ocasiones que una de las pocas lecciones, de fundamento, que aprendí en la universidad fue aquella de que las normas se establecen para no cumplirse. Por tal motivo, cada vez que escucho que se recurre a los códigos éticos, o deontológicos, para intentar justificar, o solventar, determinado tipo de conductas, me entra un ataque de risa que me dura por lo menos cinco segundos y medio.
Con la cadena televisiva pública ocurre que cada gobierno la utiliza a su conveniencia. Unos lo disimulan un fisco y otros entran a saco sin recato alguno. Actualmente el PP, temeroso de que pudiera perder simpatías entre sus medios allegados (y lo está consiguiendo a pulso), ha modelado un entramado en el ente RTVE a su imagen y semejanza. Y si es preciso dar una patada al denominado Código de autorregulación sobre contenidos televisivos e infancia, pues se hace, y a otra cosa, señora Merkel (bienvenida, por cierto).
Todos estuvieron de acuerdo en que determinadas horas de la tarde eran sagradas y que en ese intervalo no podía emitirse contenido alguno que pudiera dañar o afectar a la infancia. En definitiva, que toda la programación fuera apta para menores, para entendernos. Pero nos hemos olvidado de que el Partido Popular representa los más rancios valores (¿valores, dije?) y las más genuinas tradiciones de la España cutre. Y por los mismísimos atributos mentados por Federico Trillo desde la presidencia del Congreso de los Diputados, qué menos que restituir el espectáculo (¿espectáculo, dije?) que mejor define nuestro temperamento, nuestra idiosincrasia y nuestras calenturas: las corridas. Y aquí se corre (acepción: mandarse a mudar) hasta don Miguel Cabrera y Pérez-Camacho, aquel célebre personaje que promoviera en Canarias la ley 8/1991, de protección de los animales, y que por ahora permanece callado como un tuso. ¿Cómo, que ya dijo algo? Pero sería a título personal, me imagino habrá sentenciado Antona. Lo mismo se calienta en unos días y pide asilo político en las filas de CC. Cosas peores se (le) han visto.
Me pregunto yo si este tema de las corridas es muy diferente del espectáculo de los sanfermines pamploneses o de otros tantos que, sin tener como protagonistas directos a los animales, están dirigidos por otros congéneres de dos patas a los que se les importa un pimiento la ética, la moral, las normas, el honor, el decoro y la madre del cordero. ¿Te pongo ejemplos o te basta con Telecinco?
Es aparentemente fácil pulsar un botón, lo normal es que sea rojo, que tiene el mando a distancia y que desconecta, ipso facto, el aparato televisivo. Con lo que muerto el perro, se acabó la rabia (y nunca peor expresado por el tema que nos concita). Pero no, aguantamos otro fisquito porque el morbo puede más. Y me recuerda las prohibiciones y amenazas de los curas en nuestros tiempos escolares ante todo aquello que pudiera ser pecaminoso. Y que cuanto más te lo decían, más ganas te entraban de hacer lo contrario.
El pasado miércoles por la tarde fue un día glorioso. Tras el achuchón de Contador en Fuente Dé (preciosa esa zona de Cantabria), tuvimos corrida en toda España (que es bien diferente que toda España estuviese corrida; acepción: cambiada de sitio), sin excepciones. ¿Quién apagó la tele y se fue a caminar, aparte de un servidor? Rajoy seguro que no, pues mientras preparaba la agenda para la visita de la canciller, y jefa suprema de la cosa europea (y arriba mentada a lo Mr. Marshall y que llega a tocarnos las pensiones), disfrutaba de un excepcional habano y miraba de soslayo cómo se ejecutaban los engaños al astado. En su mente, el recuerdo de los tiempos gloriosos en que nuestras carreteras estaban inundadas de ‘soberanos’ (que no monarcas) y ‘tíos pepes’. Y brindó por su mentor con un albariño (D.O. Rías Baixas) de buena cosecha, para que el otro código de si bebes, no conduzcas, fuera, asimismo, más papel mojado.
Los códigos éticos vienen a ser, ya lo decía mi abuela y lo he mencionado en varias ocasiones, mierda espichada en un palo. Preciosa redacción y mejor encuadernado para una nula aplicación. Como el pretendido para Radio Realejos, emisora pública (bien lo repiten), y en la que se persiste en poner a una alcaldesa tinerfeña, apoyada en su pueblo por el mismo partido que gobierna en la Villa de Viera, a la altura del betún. O el que debe tener el Gobierno de estas ínsulas baratarias en el apartado que guarda relación con la creación de puestos de trabajo, pues, tras las dieciocho mil promesas y proyectos al respecto que nos ha venido planteando Paulino Rivero a través de los tiempos, doña Margarita Ramos, consejera de (des)Empleo, va a destinar 9,5 millones de euros para sacar del paro a 1562 canarios (con certificado de residencia entre los dientes).
O, ya que estoy, el que debe tener el jurado que delibera para la concesión de los premios Príncipe de Asturias, puesto que en su modalidad de deportes se inclinaron por la gloria mediática de ‘La Roja’ en las figuras de Casillas y Xavi, ya premiados en 2010, antes que reconocer el innegable mérito de los atletas que se baten el cobre, en especial los que están participando en los Juegos Paralímpicos.
Leo con estupor cómo son demasiados los que sostienen que se ha perdido la vergüenza en bastantes facetas. Yo, siquiera por llevar la contraria, mantengo que no se puede perder lo que no se tiene. Y por ello, me rebelo y reitero la necesidad de una renovación profunda, radical (los famosos 360º que dijo el enterado).
Feliz fin de semana a todos, a pesar de los pesares.