jueves, 27 de septiembre de 2012

Falta de sincronización

El triste espectáculo surgido en torno a la natación sincronizada española me ha conducido a echar la vista atrás bastantes años. Porque la destitución de la seleccionadora Anna Tarrés y los posteriores comunicados, verbales y escritos, a favor o en contra, según sople el viento, me han refrescado ciertos momentos de cuando uno tuvo a bien dedicar unos años de su vida a ejercer de político. Que en aquel entonces se traducía en tributar muchas horas al servicio de los demás, alcanzar más de un ‘estampido’ a modo de ingratitudes y cobrar lo justo para seguir viviendo. Y como vislumbré cierto apellido entre las firmantes que ponen a caldo de gallina a quien hasta hace poco era una excelente entrenadora por mor de bastantes medallas, no me quedó más remedio que recordar cierta conversa de no ha mucho con uno de aquellos concejales que formaban el exiguo grupo opositor en la corporación municipal del entonces, y que en la actualidad ha vuelto al consistorio de la mano de otra formación política. Quien vino a reconocer que hubo ciertas meteduras de pata –mentémoslo así– en desafortunadas actuaciones durante el mandato. Como cierto espectáculo habido en el transcurso de una sesión plenaria y ofrecido, o deleitado, por un representante público que parecía no hallarse en las debidas condiciones físicas y mentales, amén de calificaciones a destiempo a una gestión que ni siquiera se había iniciado.
Por consiguiente, y sin que sirva de precedente, mis dudas más que razonables ante la misiva firmada por varias exnadadoras, entre las que figuran algunas canarias. Y como una exalumna ya me había contado con anterioridad los motivos que la indujeron a dejar el centro de alto rendimiento de San Cugat del Vallés, estoy con las que manifiestan que el deporte de elite (la RAE lo prefiere a élite) lleva aparejado muchos inconvenientes y nadie puede dejar de comprender que para alcanzar esos niveles, la capacidad de abnegación debe implicar enormes sacrificios. No quisiera, por ahora, pensar en lo que sucede en selecciones como la china o rusa en idéntica disciplina deportiva.
No cuestiono los métodos utilizados porque los desconozco, pero tampoco creo que nadie se sienta obligado a permanecer donde no quiere estar. Y que al no tratarse de una mera afición en la que me tiro a la piscina, me hago un par de largos y luego me piro, me traslada, igualmente, al tema que ayer inundó las redes sociales: las cargas policiales en las manifestaciones madrileñas. Respetando todas las opiniones, deduzco que hay mucho entendido –y sobrado– por esos mundos de la Internet. Ni quito ni doy razones, pero una acción de las fuerzas y cuerpos de seguridad no se conciben con un quítate de ahí porque te puedo lastimar. Demasiada falsedad en todos los lados. Y tan sectarios los unos como los otros. Con excesiva propensión al insulto fácil y al recordatorio de los familiares más directos, incluso por parte de quienes han formado parte de candidaturas en convocatorias electorales. Que con tremendas alegrías y escasas reflexiones se lanzan a la piscina (sin agua) y nadan que es un disgusto. Se destacó sobremanera uno bien cercano (si me lee alguien nuevo que sepa de mi procedencia realejera) que flaco favor está haciendo a su propia organización. Pero esto significaría volver al texto de cierto correo electrónico que envié a unos cuantos amigos, también ayer, acerca del contenido del post pertinente. Y que manifestaba: “Me pregunto con insistencia el porqué es tan difícil que los dirigentes socialistas, siquiera por una vez, hagan un examen de conciencia y escuchen, o lean, lo que opinan los que un día estuvieron –me incluyo– y ahora se hallan retirados, por diversos motivos, pero que no han jugado, como otros tantos, a nuevos experimentos y militancias. ¿Tan ciegos están que no son capaces de ver y palpar la realidad que les circunda?”.
Al final, ¿una concatenación de errores? Puede que no –no todo puede ser malo–, pero sí una reiteración de procedimientos que un altísimo porcentaje de la población ve como no adecuados. Y ese aislarse, ese vivir en una burbuja al margen de la ciudadanía, les lleva a reproducir un mismo esquema que creen inmutable. Por ejemplo, ante la inminencia de las elecciones gallegas hay que apartar al alcalde de Ourense por su imputación en el denominado caso Pokemon, con lo que, titular al canto, ‘el PSOE gallego ha dado toda una lección’. Mientras, aquí bien cerca, nos hallamos a cierto destacado dirigente de las juventudes (lo mismo tengo yo todavía cabida en ese gremio), retratado con uno de los aspirantes a la secretaría general insular, y que fue condenado por dedicarse al noble oficio de rayar coches ajenos. No sé si cuando los autos era ya asesor jurídico. Es una de las tantas incongruencias con las que nos hallamos un día sí y otro también y que yo comparo con la actitud del padre fumador que le indica a su hijo que tal acción es perjudicial. Como tampoco se tiene cuidado en revisar los textos de lo que ponemos en circulación, verbigracia, la carta de otro de los candidatos a sus compañeros de partido en la que, por dos veces, se cuela un “tenerife” (en minúsculo) que clama al espíritu del Santo Hermano Pedro.
Y concluyo con mi extrañeza a la manía de no saber deslindar los asuntos mundanos de los temas espirituales o del más allá. El ayuntamiento villero, siguiendo costumbre de allende los tiempos, destina 30.000 euros para la construcción de la iglesia de Benijos. Al tiempo, todos los alcaldes, y el de La Orotava no es la excepción, se quejan de los escasos recursos, de no poder atender todas las necesidades, de que hay gente que lo pasa mal… ¿Y si mañana vienen los ‘afiliados’ a otras confesiones religiosas y demandan un trato igualitario? Lo equiparo a las clases de religión católica en los colegios públicos. ¿Somos o no un estado aconfesional?
En fin, a perdonar el medio revoltillo. También me contagié de la falta de sincronización existente.