lunes, 24 de septiembre de 2012

Las Palmas

Estuve la semana pasada en Las Palmas. Lo que ocurre es que los maestros, a pesar de la jubilación, seguiremos siendo previsores durante toda la vida. Y no somos capaces de abandonar la tarea encomendada, aunque el encargo sea una mera autoimposición para mantener las neuronas en activo y no nos entre una depresión por no hacer nada o tumbarnos a la bartola. Así que este blog quedó convenientemente atendido con unas reflexiones educativas rescatadas del baúl de los recuerdos.
Allá, en la otra (y gran) capital, nadie me llamó chicharrero y a nadie llamé canarión. Debe ser que tales calificativos son esgrimidos, única y exclusivamente, por un par de energúmenos que, a falta de tener algo en lo que entretenerse, disparan dardos dialécticos por si alguno se clava en el Roque Nublo o en el de Garachico.
Caminé por Las Canteras todos los días (tienes fotografías  en ambas versiones de Pepillo y Juanillo), aunque debí subir un par de kilos porque los kilómetros no compensaron los excesos alimenticios. Y me imagino que te habrás dado cuenta de que la crisis ha traído una consecuencia positiva: el abaratamiento de los menús. Y como en las grandes superficies comerciales abundan los espacios destinados al yantar, la sana competencia ha hecho posible que te pienses qué sale más rentable, si quedarte en casa o comer fuera (que se dice).
Las Palmas, como capital y como ciudad, le da muchísimas vueltas a la otra. Ese mirar permanente al mar, hacia la mar, ha permitido lo que Santa Cruz no ha sido capaz. Que ahora mismo, y a través de la plataforma ‘Tenerife se mueve’, se encuentra en la disyuntiva de tener que reivindicar lo que los políticos (todos) han dejado morir y demandan el apoyo ciudadano para la inclusión en la red transeuropea de transporte. Da la impresión de que los que dicen representarnos estaban mirándose el ombligo y presumiendo de auditorios y de poder disfrutar del pico más alto de España, sin percatarse de las repercusiones negativas que dicha exclusión supondría.
Allá no se firma, se hace. Por las dos orillas y por La Isleta, por Vegueta y por Mesa y López. Me pregunto si en los cónclaves ‘partidarios’ que se celebran en Las Palmas, los políticos tinerfeños no han circunvalado nunca. Porque a un servidor esa magna obra de ingeniería le sorprende cada vez que la transita. Pero a pesar de ese progreso evidente, las carreteras del interior siguen conservando ese encanto que aquí podamos de cuajo cuando hicimos desaparecer los ejemplares de eucaliptos (me acuerdo de la antigua C-820) porque suponían un grave peligro para la circulación. No atisbo una diferencia abismal, como debería ser previsible, con lo que acontece para subir a Santa Brígida, a Valleseco, a Teror y a otros tantos lugares de Gran Canaria.
Y ya que me fui a los pueblos, mi aplauso por tenerlos tan bellos, con calles plagadas de esculturas y con zonas de ocio que echamos en falta en demasiados lugares tinerfeños. Como botón de muestra, las fotografías aludidas.
Me llevé el portátil porque como mi religión me ha prohibido la compra de periódicos, el deseo de estar debidamente informado te obliga a la conexión oportuna. Menos mal que disponemos de cobertura inalámbrica (¿se puede decir así o debo expresar Wi-Fi, leído waifai?) hasta en el baño de la habitación del hotel (en serio, en el resto de la dependencia, nanai de la China). Así pude leer como Manolo, el alcalde de mi pueblo, hace comentarios inoportunos en feisbuc a cuenta de las obras de remodelación de la plaza de El Toscal. Y ello me lleva a pensar si es el propio edil el que cuelga dichos mensajes o tiene algún encargado para ese particular. Se lo preguntaré en cuantito lo vea. Y le aconsejaré que se dedique a gobernar y dejar las boberías para cuando el pueblo le dé la espalda.
Y acabo: estando por aquellos contornos orientales recibí una llamada telefónica (al móvil de mi mujer; todavía me resisto) en la que se me ofrecía la posibilidad de colaboración en un medio de comunicación impreso (ni te cuento las habidas en estos últimos años de otros audiovisuales). Creo que voy a contestar negativamente. Las tristes experiencias del pasado no me pintan un futuro muy halagüeño. Y ya uno está en edad de iniciar las selecciones y las encomiendas. Amén de evitar enfados innecesarios. Aparte de otras muchas ocupaciones (aunque ustedes puedan dudarlo dada mi situación laboral privilegiada), guardo a este blog tal cariño que le dedico un gran esmero, que se traduce en no pocas horas semanales. Y los nietos, y los viajes, y los pateos, y escribir más boberías… No menté las redes sociales porque esa es mera faceta lúdica. Y a tal menester, escaso proceder.
¿Saben algo nuevo de Nadine? Se ha disfrazado con tantos trajes que lo mismo la tengo en el patio de mi casa y yo sin darme (de) cuenta.