miércoles, 24 de octubre de 2012

Antologías

José Miguel Barragán, al que no le conozco otra actividad que no sea la política,  manifestó que el Parlamento de Canarias –que es ahora, y desde hace más de tres lustros su lugar de trabajo, hazme al favor de no reírte– no puede convertirse en un cementerio de elefantes. Raro concepto el que tienen todos aquellos que se eternizan en la cosa pública del animal en cuestión, cuya vida media ronda los 60 años. El señor Barragán, al igual que otros tantos, que deberá sobrepasar, y con creces, la veintena de años subido al carro del bien cobrar –él señala que se lo gana; y yo también, no te fastidie–, debe entender que si comienzan su andadura, con algo de suerte, a los treinta y pocos, cuando cumplan la edad que se le supone al paquidermo para estirar la pata, ellos se hallen aún en la flor y nata de la existencia. De ahí el raro concepto que tienen de la expresión que al inicio te menté. Le bastará al majorero echar una visual a su alrededor para ver las caras de otro José Miguel, de Paulino… ¿Sigo? Claro, lo mismo pretendía justificar a los que encontrándose en edad de buen ver, son reubicados en Audiencia de Cuentas, Consejo Consultivo…, órganos en los que, y mira que es bastante difícil, se trabaja aún menos que en el que ahora él se estaciona o aparca.
El concejal de Nuevas Tecnologías de Burgos –del PP, pero da lo mismo– se gasta 200.000 euros en Telefonía en dos meses (abril y mayo de 2011). Amén de otros dispendios con sus colegas para irse a Madrid –el fútbol arrastra masas– en el coche oficial del ayuntamiento; manda bytes. Vaya dominio tiene el edil en el área que el alcalde le ha delegado. Lo mismo otro bien cercano, y que lo dejaba ‘enchufado’ porque creía disponer de tarifa plana, se copió de los procedimientos. Son unos desalmados que juegan con nuestro dinero hasta el extremo de la obscenidad más impune.
Y va otro ejemplo. El alcalde de La Mojonera (Almería), también muy popular él, es pescado circulando a 150 kilómetros por hora en una zona cuya límite era 100. Cuando le llega la sanción (900 euros), no corto ni perezoso la endosa a las cuentas municipales –que la pague el pueblo– y a seguir con las mismas. Creo que el angelito transitaba por carreteras de la provincia de Córdoba. Dicho en román paladino: las excursiones le salen completamente gratis.
Hace unas semanas comenté que me parecía una aberración el esfuerzo al que eran sometidos los ciclistas en esos finales de etapa infernales, en los que las rampas sobrepasaban, en mi modesto entender, la capacidad de sacrificio del deportista. Lo que, probablemente, les inducía –conducía– hacia ese sórdido mundo del dopaje. Y ejemplos, a porrillo. Este pasado fin de semana, uno de los atletas participantes en la Tenerife Bluetrail fallecía víctima de una fulminante parada cardiorrespiratoria. Me parece que nos estamos pasando. Cien kilómetros, y con esos desniveles, suponen ir más allá de los dictados de toda lógica deportiva. El afán de superación, consustancial con la filosofía atlética, no debe confundirse con salvajadas de este tipo. Las mejores máquinas del mundo también sufren avería. Y el corazón humano no es ajeno a esa dinámica. Las trágicas consecuencias saltan a la vista. Pregunto: ¿merece la pena?
Juan de Dios es el alcalde de la población grancanaria de Teror. Que ha gobernado varios mandatos con una mayoría holgada. Puede que con el auxilio de la Virgen del Pino –que le echa una mano por el nombre tan bíblico– ha ido soslayando inconvenientes, como en otros lugares, sin mayores complicaciones. Pero ahora se le ha fugado una edila, Carmen Delia Ortega. Dicen las malas lenguas que las relaciones estaban algo tirantes. No me extraña lo más mínimo observando la fotografía publicada en Canaria7. Está la mujer como media escorada a la derecha, ¿no? Aunque la corbata del mandatario tampoco se queda atrás. Otro problema para José Miguel (y este es el tercero en el post). Que lo solventará como hizo con Alpidio en El Hierro o con Román en El Tanque, es decir, nada de nada.
El pasado fin de semana eché una visual a los comentarios que durante cuatro años estuve realizando en Radio Realejos con periodicidad semanal. Como la próxima semana tengo que hacer unas cosillas pendientes, lo mismo recupero algunos. No serán antologías como las descritas con anterioridad, pero en demasiadas facetas de la vida los asuntos siguen conservando rabiosa actualidad a pesar del tiempo transcurrido.
Hasta mañana.