miércoles, 31 de octubre de 2012

Basuras y contenedores

Creo que ha sido una de las constantes en mis escritos: la limpieza. En esta tercera entrega, lo que opinaba en ese año 2000 de la basura y los contenedores:
“Cuando uno se da una vuelta por esos mundos de Dios, observa, mira y comprueba. Y llevo años sosteniendo que los contenedores de basura sólo han conseguido tener unos pueblos más sucios. Porque la mala educación imperante en la sociedad se traduce en que cada cual saca la bolsa cuando le viene en gana. Lo malo es que esos gestos son captados por la gente menuda que los reproduce en los colegios de una manera habitual. Los maestros de turno en el recreo, los tutores en las aulas se las ven y desean para que sean capaces de habituarse a una cosa tan elemental como es la limpieza. Pero qué le vas a pedir al crío entre las cuatro paredes de la escuela, si luego lo mandan a cualquier hora para que tire la de su casa donde le apetezca. Y no vayas a pensar que ya estoy echando toda la culpa a los padres, para quedar nosotros como los buenos de la película. No se trata de eso. Porque me quiero imaginar que todos pretendemos ayudar, pero siempre en la misma dirección. Si no, no sólo volvemos loco al crío sino que acaba por mandarnos para cierto sitio.
Que en este pueblo se realizan construcciones de grandes edificios con muchas viviendas, no creo que sea un secreto. Que ninguno dispone del preceptivo cuarto para bidones y contenedores, tampoco constituye un secreto. Y si lo tienen, no lo utilizan. Debe ser que da mal olor. Fíjense dónde están la mayoría de los contenedores que ubica el ayuntamiento o el cabildo y te percatarás que cerca, muy cerca, de esos grandes edificios. Pero jamás delante de cualquier puerta de cualquiera de sus portales. No, siempre un poco más lejos. Y se llenan con una facilidad pasmosa, por lo que la que queda por fuera es pasto de los perros de turno. Probablemente alguno de ellos perteneciente a alguno de los propietarios de esos edificios. Pero cuando está rompiendo la bolsa y esparciendo su contenido por aceras y calles, ya no tiene dueño. Exactamente igual que los niños con bicicleta en plazas y polideportivos cuando se realiza un acto cultural. Ya se puede desgañitar el presentador anunciándolo por la megafonía, que ese niño ciclista no tiene padres.
Si el servicio de recogida ha mejorado ostensiblemente en estos últimos años, no entiendo por qué seguimos siendo tan cochinos. Y siempre es en los mismo sitios y lugares. Lo que, en justa correspondencia, podemos asegurar que siempre serán los mismos. A efectos de bolsas por vivienda, ¿en qué se diferencia un edificio de cuarenta que uno de tres? Absolutamente en nada. La bolsita diaria, aproximadamente, se llena en cada una de ellas. Pues cada cual que baje al anochecer y la ponga en el depósito. No, a cualquier hora, incluso a los cinco minutos de haber pasado el camión.
Propongo al concejal delegado de servicios que mande colocar un contenedor delante de cada portal de esos edificios. ¿Qué te apuestas que salen rodando a los quince segundos? Hace unos años, cuando dábamos clase en unos salones en la calle de La Longuera, a alguien se le ocurrió la brillante idea de colocar su bolsa en la puerta por la que tenían que entrar los alumnos cada mañana. Y como sólo pasaba el camión dos días, allí teníamos que aguantar el regalo varias jornadas. Hasta que un buen día pusimos el siguiente cartel: Por favor, la mierda para el que la produce. No aparecieron más depósitos indeseados.
Y si no crees lo que estoy comentando te invito a unas visitas ecológicas. En los alrededores de más de un colegio de este municipio hay ejemplos significativos. Luego, como siempre, la culpa es de la mala educación que reciben los críos en las aulas y de los gandules de los maestros que sólo piensan en tomarse días de vacaciones y cobrar suculentos sueldos a final de mes. Y arriba sólo trabajando cinco horas al día. Pandilla de mangantes. A una sorriba los mandaba yo. ¡Ay, cuántas veces lo habremos oído! Y los alumnos mamando derechos y pisoteando deberes.
Sigamos cada uno tirando para donde creamos conveniente que la cuerda aguanta. Luego haremos congresos y reuniones. E intervendrán pedagogos, psicólogos y muchos personal altamente cualificado. Que no han pisado jamás un aula de un colegio público, porque sus hijos estudiaron en colegio de pago. Y después de comer y dormir bien en hotel de muchas estrellas, llegarán a la conclusión de siempre, a lo que ya se sabe desde el siglo XIX. Que no se pondrá en práctica porque cada uno seguiremos haciendo lo que nos venga en gana. Como siempre, para qué variar. Al menos nos queda el consuelo de poder seguir tirándonos los trastos a la cabeza. ¡Ah!, y las bolsas seguirán volando. Probablemente el enceste sea de tres puntos. Y si no, los perros cogerán los rebotes”.
Estimo, de verdad, que hemos mejorado algo. Quizás no todo lo deseable. Seamos, no obstante, optimistas. Mañana es festivo. Y descansaremos. Nos vemos el viernes.