viernes, 2 de noviembre de 2012

Imprudencias

Concluimos hoy viernes con un paseo costero. Que es sano el contacto con la brisa marina, pero siempre con las debidas precauciones:
“Hace unas semanas nos atrevíamos a señalar que no siempre las señalizaciones iban a dar el resultado apetecido, que no por mucho colocar advertencias íbamos a ser más civilizados, más prudentes. Aquello de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, se convierte, tristemente, en las más de las ocasiones, en triste realidad. Los que vivimos en El Valle sabemos que este mar del norte es rudo y combativo. Que sus embates han sido, son, y serán peligrosos. No nos olvidamos cuando lo hemos visto meterse en la actual Avenida de Colón, en los aledaños de la Plaza del Charco o batir sin compasión muchas de las construcciones de Punta Brava. Y de Garachico, qué podría contar yo que ustedes no supieran.
El ayuntamiento portuense, de ahora, de antes y de siempre, se ha preocupado para que los turistas regresen a sus países de origen sanos y salvos. Y cuando la mar se levanta un fisco, se inicia el proceso de ubicación de vallas y señales en la escollera del futuro parque marítimo y del muelle. Y la bandera roja ondea en Playa Jardín. Pero no hay manera. Hace unos días, otros extranjeros han sufrido las consecuencias de su atrevimiento. Puede que allá en su tierra el mar les quede a miles de kilómetros, puede que deseen fervientemente marcharse de aquí colorados como tomates, puede que requieran obtener la instantánea que les haga famosos para siempre. Lo malo es que olvidan el viejo adagio de que toda causa tiene su efecto. Y el lograr la foto del siglo les supone, para su desgracia, el exponerse a perder, como mínimo, la cámara, cuando no su propia vida.
Los servicios de rescate tuvieron que volver a ponerse en marcha para socorrer a los ignorantes de turno. No sé si en los establecimientos hoteleros existe información acerca de la peligrosidad de la mar océana que nos rodea. Puede que no se haya hecho ante el temor de que pueda suponer un hándicap a la hora de la oferta turística. Lo ignoro, pero algo habrá que hacer. Porque los estampidos se suceden y también esos accidentes pueden conducir a un receso en el número de visitantes. O, tal vez, perdonen mi atrevimiento, se impone la implantación de un nuevo deporte de alto riesgo con baño incluido.
Al final de la década de los sesenta, y debido a unas fuertes lluvias en la cumbre, el Barranco de San Felipe trajo más agua de la que su obstruido cauce podía permitir. Cuando aquella riada finalizó los contornos de su desembocadura no eran los mismos. La tragedia de Venezuela de hace un año ha pasado a ser un hecho histórico. Y así una y otra vez. Entre el mentado Barranco de San Felipe y el de Palo Blanco, que desemboca en La Fajana, hemos cegado cuantos conductos bajaban las aguas. Casas y calles han ocupado sus espacios. Junto al recuerdo, el deseo vehemente de que no pase nada.
En la costa realejera, a la altura de donde hoy se sitúa Romántica II, existió el denominado Charco de las Lisas. En los años dorados de la construcción, alguien se empeñó en hacer allí una piscina natural. E hicieron un muro de contención al que los lugareños pusieron reparos y manifestaban que el mar se  lo llevaría si lo dejaban de aquella manera. En el tira y afloja del tú de eso no entiendes y los cálculos de cemento y hierro, vino la primera marejada y mandó al muro para cierto sitio. Así es este mar. Dicen los viejos que cuando quiere volver a ocupar su terreno, lo hace sin más, sin solicitar permisos ni licencias. Cuando las magníficas instalaciones del Lago Martiánez se cierran no es debido a circunstancias aleatorias. Las gentes de Puerto de la Cruz, los meteorólogos sin carrera, saben mucho de cuando la mar se levanta. Y ese conocimiento natural debe ser tenido en cuenta para arbitrar fórmulas que las trasladen a todos aquellos desconocedores amantes de la mar. Ya son muchos los que han sufrido en propia carne las consecuencias de la conjunción de varios factores. Y ha habido mucha suerte, porque casi todos pueden contar el susto.
Como todavía queda invierno, esperemos que los medios de comunicación no vuelvan a sorprendernos con esas malas noticias”.
A los que me lo recuerdan cada poco tiempo: claro que me gustaría una publicación que recopilara al menos una parte de lo que uno ha ido dejando a modo de pinceladas en radio y prensa. Pero falta lo primordial. Y no tiene visos de solucionarse. Hasta la próxima.