sábado, 13 de octubre de 2012

Culpables somos todos

Son innumerables los lectores que me llaman, o envían sus mensajes vía e-mail, para expresar su alarma ante lo mal que está ‘la cosa’. A todos los que se ponen en contacto conmigo, así como a quienes simplemente me leen, les recuerdo que los responsables de esta situación son los docentes en general, y de manera asaz significativa todos los que están trabajando (es un decir) en el sector educativo de enseñanzas medias y universitarias, con un horario de privilegio que ya bien quisiera el resto de la ciudadanía, y con un número de clases que bien podría ser multiplicado por tres o por cuatro. Y lo que es peor, aun contando con tales canonjías, el nivel de la enseñanza en este país aún llamado España, a pesar de Cataluña (y parte del archipiélago canario), es de lo más vergonzoso de la Unión Europea, flamante ganador (¿o ganadora?) del premio Nobel de la Paz. Ya me dirán que para tales resultados, qué demonios demanda el sector si habría que seguir recortándoles hasta que el índice de fracaso descienda hasta el -10%, como mínimo. Estimo que deben sobrar, solo en Canarias, unos tres mil maestros, alrededor de mil doscientos licenciados, quinientos catedráticos y no me meto con la rama de Formación Profesional porque no tengo tiempo para hacer un inventario de tornillos, electrodos, cepillos, papel de lija, tuercas…, amén de los denominados maestros de taller, que lo de maestros habría que estudiarlo con detenimiento; y talleres, con uno por comarca, va que chuta. Manirrotos, dispendiosos, desordenados, despilfarradores, que no se percatan de que la nación no puede. Y arriba, por si fuera poco, exigen que se les dote del mono correspondiente. Y un zoológico. Y chocolate con churros.
¿Viste cómo pegué hoy sábado? Tardé en darme cuenta, pero ahora –mes de octubre–, que he iniciado mi cuarto curso jubilado, por fin se me han abierto los ojos y me percato de que mi vida actual no es mucho mejor que la disfrutada unos años atrás cuando tenía que ir a lidiar (pugnar, bregar, domar) chicos cada mañana. Sí, las prerrogativas que siempre me señalaba el resto de la población y que yo no comprendía. Aquello era, aquello era, aquello era. Cómo te lo diría (escribiría) yo. Ya está: ¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido! Gracias, Fray Luis.
Ayer viernes fue festivo. Y como tal me lo tomé. De ahí que haya hecho esta excepción sabatina para que no pienses que estoy tirado a la bartola, o que trabajo menos que cuando era miembro activo y aportaba mi cuota a la hucha de las pensiones. Es decir, de acueducto, nada; un puentito (puentecillo, en otros lugares) y aquí estoy. Y antes de continuar, ya somos ocho los que no compramos. Pero lee. La lectura enriquece. Tanto que si te fijaste en cómo inicié hoy el relato, te habré sorprendido con mi dominio del Google Analytics. Solo me queda la pena, penita, pena de que ustedes (innumerables lectores visitantes) no me dejan comentarios. Ni que se incremente el apartado de seguidores (lleva estancado en 66 desde que era maestro de primaria).
Vamos con asuntos de mayor calado. No entiendo la concesión de ese premio Nobel de la Paz. El Comité noruego ha distinguido a esa Unión en la que decidieron no estar. Da la impresión de que ahora los hacen ir a Oslo para entregarles el cheque de 930.000 euros por haber acabado con una guerra continental y convertirla en una paz continental. Se fundamenta que se alude a la II Guerra Mundial. Pues un servidor no había nacido aún cuando se estaban dando esos tiros. Y los líderes han declarado hallarse muy satisfechos por el galardón (que no Gallardón). Se cuestiona ya acerca de quién recibirá el talón. A los griegos lo de la PAZ no les ha hecho mucha gracia. Por el otro extremo del Mediterráneo no nos quedamos a la zaga. Si por un casual fuese al portador, les rogaría que se lo entregaran a Rajoy, que lo mismo se lo gasta en Mogán, y falta que nos hace. Porque Canarias ha perdido influencia política en Madrid, dijo Paulino en Lanzarote, al tiempo que nos llama a la movilización, que somos unos aplatanados. Él, que tanto presumió de lo mucho que valía la representación de CC en el Congreso y en el Senado. Nos señala el camino, salgamos a la calle y chillemos la ineptitud (de los otros). Madrid, siempre Madrid el perro maldito. Por aquí, canes domesticados (los de la Plaza de Santa Ana, que ya no tenemos en el escudo).
Entre estos circos riverianos y los que se montan en las denominadas sesiones de control parlamentarias, manga por hombro y la casa sin barrer. Soraya (Rodríguez) –que se vaya con Rubalcaba– hace buena a Soraya (Sáez) –que se vaya con Rajoy–, y el ‘ustedes mucho más’ sigue insultando los oídos de aquellos que depositamos un voto para que nos representen (ya que todos no cabemos) estos mediocres.
No, yo no diré, ni jamás escribiré que me voy de este país. Los que deben emigrar son otros que maldita falta están haciendo. Anteayer, cuando me disponía a coger el coche tras cumplir con el encargo que mi mujer me había encomendado en un hipermercado ubicado en mi pueblo, un joven me preguntó si ya había dejado la política. Como no lo conocía de nada, estuvimos de palique un rato. Conclusión: la apatía está alcanzando cotas alarmantes. Y no se vislumbra una mísera luz en todo el espectro. Esta desgana yo no la había columbrado jamás. Lo preocupante es que ninguno de los que ocupan un cargo electo, orgánico o institucional, se da por aludido. Ello confirma que viven en otra dimensión. Levitan.
No, la culpa no es del sistema. Los yerros y los deslices son nuestros, simple y llanamente. Esos elementos que mentamos como indeseables y que copan los órganos y entidades, son meros reflejos de la sociedad de la que proceden. No vinieron de otro planeta. Nosotros seguimos emperrados en pretender romper el espejo para no ver esa imagen lamentable. Craso error.