martes, 9 de octubre de 2012

Qué fácil es gobernar

Rajoy pone a Galicia como ejemplo y Feijóo suprime la gaviota y cualquier otro símbolo pepero. Mario Conde nos habla de honradez y de cómo no se respeta el dinero ajeno, sin mirarse al espejo. Rubalcaba, ante unas doscientas personas (fiel reflejo de las encuestas), llama a las protestas y a manifestarse en la calle (no dijo si la Carrera de San Jerónimo). El lumbrera que comparó leyes y mujeres se apellida Bragaza (qué otra cosa podía esperarse del angelito que debe tener el cerebro a la altura de los calzoncillos). En La Gomera, un nuevo distanciamiento que genera Curbelo (¿éxito de la comisión parlamentaria socialista?). Julio Cruz demanda que los colegios deben enseñar la actividad parlamentaria (cabrá en medio folio, digo yo)…
En la política actual, mejor, los modos de hacer política en la actualidad se reducen a un mero ejercicio de comparación. No ya en las campañas electorales en las que el ‘y tú más’ aflora con pasmosa facilidad. Es tan bajo el nivel de los mediocres (excelentemente retratado por David Jiménez, en ‘El triunfo de los mediocres’, y que las redes atribuyeron a Forges con cierta insistencia), que cualquier rebenque de la platanera (expresión que hemos utilizado siempre en la familia y jamás en sentido peyorativo, algo que no podrá comprender el que no ha jalado nunca por una guataca, ni sabe lo que es el longo, ni beber agua por una garapa, ni se ha tenido que limpiar las manos con una piedra muerta) puede acceder a cualquier puesto de los denominados de responsabilidad, porque su único cometido será pasar la pelota (aunque sea de badana). Y no es necesario aprenderlo en las escuelas.
Si tú fueses el concejal delegado de cualquiera de los servicios que tienen encomendado un ayuntamiento y que debe prestar a sus vecinos, te basta con remitir a tu interlocutor a la empresa que gestiona ese cometido. Pero si ostentas una concejalía cuya responsabilidad es superior (pongamos Hacienda, Urbanismo, Cultura…), cuando te quedas trincado ante la consulta pertinente, dos opciones: a) si no es competencia municipal, miel sobre hojuelas y se deriva al demandante hacia Cabildo o Gobierno autónomo. b) en el supuesto de que lo fuera, se alega no tener dinero porque las transferencias de las entidades ya reseñadas no se han hecho efectivas. En ambos casos, vale esta apostilla: si nos hicieran caso y se dieran cuenta de que el ayuntamiento es la administración más cercana al ciudadano y que son las casas consistoriales el lugar al que ustedes acuden para solicitar y bla, bla, bla.
Imagínate ahora que has ascendido y te hallas formando parte de la corporación insular, del ayuntamiento de la isla (como lo mentan algunos). Las ventajas se acrecientan porque ya no son tantos los que acuden a la capital a la caza y captura del consejero de turno. Y si por un casual, alguien se saltara los trámites reglamentarios (estilo cuartelero cuando jamás podías acudir al comandante sin pasar por el capitán) y se plantara en el edificio santacrucero, actuarían los filtros oportunos, desde el bedel hasta la mismísima secretaria particular. Y puestos en la difícil coyuntura de que el individuo te trincara despistado echándote uno de los ocho cortaditos mañaneros, hombre, aguarda un momento que hora mismo te atiendo; espérame por fuera del despacho que ya subo… Allá a los tres cuartos de hora, se acerca el auxiliar encargado del mantenimiento de las redes sociales para comunicarte, muy educadamente, eso sí, que el señor consejero ha sido requerido por el señor presidente para una reunión urgente y que no le puede asegurar a qué hora finalizará… Pero lo mismo, por optimismo que no quede, accede a darte audiencia, en una muestra de desprendimiento sin precedentes, y escuche tu petición. La respuesta, invariablemente, será dirigirte al ayuntamiento para que desde allí se transmite la queja por el conducto oficial. ¿Sigo? Vale, gracias.
Caíste bien en el partido, hiciste la pelota a cuanto bicho viviente creíste por encima de ti, te aplicaste en el cumplimiento de tus obligaciones (sin excesos, que pueden pensar que eres un mal ejemplo para la clase política, siguiendo la doctrina del magistrado Pedraz) y te colocaron, en un puesto de salir, en la candidatura al Parlamento de Canarias. Y te eligieron. Ya eso es como una primitiva con seis resultados. A despreocuparte por completo. Porque aunque el gobierno de la nacionalidad emane de esa consulta y merced a las componendas que en Teobaldo Power se lleven a cabo, tú eres diputado. Y como tal legislas (poco), pero no es tu misión el ejecutar nada. Así que si te aborda el amigo de toda la vida, con darle esa excusa y señalar que si en los colegios se hubiera enseñado la actividad parlamentaria, no tendrían cabida estos equívocos.
Esta es, grosso modo, la visión que tenemos la inmensa mayoría de la población, exceptuando ese porcentaje (puede que elevado) que engloba a los que se dedican a la cosa pública (incluyan el conglomerado anexo, que por agradecido hará causa común). Pero no se te ocurra rebatirlo con ninguno de ellos. Procurarán darle la vuelta a la tortilla y lo te mismo te emborcan (sí, hombre, de emborcar, darse la vuelta, dícese sobre todo de las lanchas y otros artilugios acuáticos). Ellos no te quitan de encima, te asesoran. No se distraen en la cafetería, realizan varios desayunos de trabajo. No juegan con feisbuc, permanecen al tanto de la realidad que los circunda.
Si en este mismo instante sonara el teléfono y me ofrecieran volver, aunque fuera de asesor, me lo pensaría. Creo sentirme en las debidas condiciones físicas y mentales, suficientemente preparado y con la experiencia justa y necesaria. Ni más ni menos, en su punto. No renunciaría a la pensión, pero tampoco a todo lo que venga por añadidura. Mi coche es sagrado y se queda en el garaje para asuntos muy particulares. El portátil es un regalo de los chicos y… ¿Te das cuenta de como todo se pega? Y no es embarazoso. Al contrario, lo dicho, gobernar es muy fácil. Quizás demasiado, y así nos va.