miércoles, 3 de octubre de 2012

Una excelente oportunidad

Prometí ayer ser más comedido en la extensión. Vamos a intentarlo. Y sin más:
Manifiesta el buen amigo Rafa Yanes, alcalde de Güímar, compañero, y mejor amigo, del gremio y promoción, finalista del Premio Planeta, y ahora también presidente de la Comisión Ejecutiva de los socialistas tinerfeños, que la sociedad desconfía de los políticos y huye de ellos como gato escaldado. Escribía anteayer otro amigo, y compañero de fatigas en lides ‘escribidoras’, a saber, Salvador García, que se había alcanzado el extremo de abominar de la política. Obvia manifestar que coincido con ambos. Ellos persisten en la militancia y yo la abandoné, y me abandoné, tiempo ha, como he dejado plasmado en multitud de ocasiones. A pesar de mi independencia, estimo que la política no te desmantela jamás. Aun en la desgana más absoluta, todos tus quehaceres llevan esa componente por mucho que se diga todo lo contrario. Y en tal coyuntura me asomo cada día a este medio en el que intento dar mis pareceres, atreviéndome, incluso, a proporcionar algún que otro consejo. Porque entiendo que al no estar sujeto a disciplinas partidarias, puedo comprender mejor ese sentimiento de frustración que los dos aludidos bosquejan.
El responsable de Pepillo y Juanillo (¿por qué será que los quiero tanto si ya los chiquillos deben ser mayores de edad?) se ha hartado (repasen las casi mil entradas de este blog, artículos periodísticos y otras publicaciones varias) de reclamar ecuanimidad en las actuaciones políticas, el ser consecuentes en los procederes porque el pueblo es más listo de lo que estimamos. No se puede, y es simple ejemplo, exigir la dimisión del alcalde orensano por su imputación en el caso Pokemon y permitir, al tiempo, que otros –bastantes– formen parte activa de otros órganos de gobierno. Y, para más INRI –¿pesado?, no invariable y perseverante–, que figure un condenado en una ejecutiva insular. Imagínate, Rafa, que un afiliado de la agrupación de tu pueblo se dedicara a rayar coches en las calles de Arafo. Y piensa, además, que sea secretario de no sé qué en la ejecutiva local. Y que lo trincan, lo denuncian, y lo condenan. Conociéndote, no creo que permanezcas impasible. ¿Sería un buen ejemplo el que el individuo permaneciera un minuto más al frente de nada? ¿Qué responsabilidad podría exigirle el condenado a cualquier habitante que haya cometido un desliz administrativo, ni siquiera penal? ¿Tan difícil es entender esta postura que esgrimo y que es la que cualquier persona sensata plantea? ¿Me comprenden cuando insisto en lo de ser modelos ante al pueblo? Me niego a conformarme con lo de todos son iguales. Me rebelo contra tal aseveración. ¡Ah!, tampoco entiendo una composición tan numerosa de esa ejecutiva insular recién salida del horno. Por mucho que hayan pretendido aunar todas las sensibilidades –que no ideologías, señor secretario general–, tanta gente acaba por no hacer operativa la gestión. Pero allá ustedes, que saben más que yo.
Y voy al titular. Se han presentado los Presupuestos para el año 2013. Han protestado hasta los propios dirigentes del PP. Dice Rubalcaba que ocultan mentiras, son antisociales e ineficaces. Sabes que no eres santo de mi devoción y que no te veo como la solución de nada. Ni para sacar al PSOE del ostracismo y mucho menos para aportar un gramo de esperanza a este país. No obstante, y fíjate que pretendo ser optimista, te voy a lanzar un reto, al que –como no sea que mi prima Fátima, excelente periodista y afincada en Madrid, te haga llegar esta misiva, o algún conocido cercano te remita el enlace–, no tendrás acceso y será una prueba más del distanciamiento de lo que defienden ustedes y lo que proponemos nosotros. Al margen, de Perogrullo, de la escasa repercusión de las opiniones de un realejero perdido allá en la inmensidad del océano. Aun así, vamos a ello:
Ya que el PSOE (más el catalán que ningún otro) estaría dispuesto a reformar la Constitución (por lo del Estado Federal y esas cosas), tiene una ocasión excelente para demostrar a la población que los socialistas, fieles al ideario por el que se fundó la organización (la senda de izquierdas, que señala Guillermo de la Barreda), se ponen del lado de la mayoría y, aprovechando el debate parlamentario, van a ser capaces de agarrar el toro por los cuernos y gritar ‘basta’, ‘ya está bien’. Y exponer otro reparto más equitativo en los recortes. Comenzando por ustedes, pero sin medias tintas, suprimiendo la ingente cantidad de privilegios, fijando los sueldos de una manera clara y contundente, suprimiendo la administración a niveles racionales, desterrando para siempre jamás inveteradas costumbres de enchufar hasta el gato de la amante, cargándose esa cámara inútil y despilfarradora llamada Senado, estableciendo por ley las retribuciones de alcaldes, consejeros, directores (y más, más y mucho más), unificando esa maraña que permite hasta ahora que cada cual haga lo que le venga en gana…
Yo, en tu lugar, ya tendría ocupados a todos los vagos que ocupan escaños para calentar el culo (qué suerte tienen de no padecer de almorranas), y presentaría una enmienda que dejaría sorprendidos hasta los ujieres de la Cámara. Pero no lo harás. Y aunque te lleguen –qué optimista soy– mil proposiciones como la que te indico, te limitarás a los flecos de rigor por lo de hoy por ti y mañana por mí. Demuestra, y no dejes pasar la ocasión, de que tu partido (demasiado partido) es capaz aún de ilusionar a un pueblo alicaído y definir que existen otras maneras de gestionar los dineros públicos.
No sigo porque prometí ser breve. Pero si todavía no lo entienden con estos párrafos, la enfermedad es peor de lo que intuía. ¿Ves, Rafael, qué sencillo es que tus palabras, y las de Fumero, no solo se queden en eso: palabras? Hechos, queremos hechos, ejemplos, modelos, espejos. Y voy a finalizar mal, pero lo siento: que estamos hasta los cataplines –iba a escribir cojones, pero me arrepentí– de apoltronados y acomodaticios, que se les importa una higa que el pueblo las pase canutas… Y apago el ordenador porque me voy a echar a perder.