lunes, 12 de noviembre de 2012

Confianza

Es lo que necesita el pueblo. Que puede ser traducido por ilusión. Para mí, tanto monta. Le hallo, no obstante, un inconveniente. Y es que lo vislumbré en un anuncio publicitario de una entidad bancaria. Importante, pero banco. Entidades con las que las confianzas, las justas. Porque a la vista está todo el entramado que se ha ido creando en torno a las mismas y que viene desembocando en dramáticas situaciones. No me vale aquello de que no todos son iguales. Máxime cuando el primer responsable de uno de ellos –ese que corre, aunque sin las alas de Red Bull– se apellida Botín. ¿Adecuado, no?
Pero lo que está ocurriendo en nuestro país, no es, desgraciadamente, una situación que pueda corregirse con una mera táctica de marketing propagandístico. No se trata de dilucidar dónde colocamos los euros. Primero porque no los tenemos y segundo porque todos venden lo mismo. Es algo que va mucho más allá, de calado más profundo. ¿Dónde está la izquierda catalana? es el título de un artículo que leí ayer. ¿Y la de toda España?, pregunto yo. ¿Dónde están sus propuestas diferenciadoras? ¿Dónde la ética, el compromiso, la solidaridad, la justicia, la igualdad?
Ese pueblo en el que, según la propia Constitución, reside la soberanía nacional y del que emanan los poderes del Estado, se encuentra en situación límite, desesperado. Una somera visual a los resultados de la última encuesta del CIS nos pone de manifiesto hasta qué punto se confía en quienes se supone, y por eso fuimos a votar, deban representarnos en las diferentes instituciones. De todos los sometidos a valoración, no aprueba uno. Y en una clase donde el 100% de los presentados a un examen no alcanza ese raquítico 5 (al menos lo estimábamos en nuestra época de estudiantes), algo, o mucho, deberá estar fallando. Cuando el propio presidente del Gobierno se queda por debajo de un 3, significará –opino desde mi más absoluta ingenuidad y candidez– hasta qué punto nos fiamos de aquellos a los que dimos nuestra confianza hace escaso tiempo.
No se salva nadie. Aunque me temo que utilizarán la táctica del alumno al que se le devuelve su control corregido y apenas ha observado que ha obtenido un 4, se alegra enormemente porque su compañero más próximo solo llegó al 3,5. Sí, el consuelo de los tontos. ¿Ellos? Ni aludidos. Habrá sido, en todo caso, fallo del que preguntaba. Y si la cuestión estuviese bien planteada, craso error del tolete que respondió. Pero entonar un mea culpa, un churro, con lo valioso que soy y lo bien preparado que estoy.
Y como no hay manera de diferenciar lo que hacen los unos y los otros (vuelvo a la cantinela anterior: todos venden lo mismo), resulta que si el PP está en Guatemala, el PSOE está en Guatepeor. Lo lamentable es que no atisbamos visos de mejoría. La decepción alcanza cotas que, no ha tanto, se creía fuera imposible. Y ese pueblo, arriba mentado, sumido en el pasotismo más abominable. Todos nos preguntamos que cómo es posible, pero tampoco damos el primer paso por si alguien nos sigue. Y la ‘casta’ política, en todos los niveles –salvo las honrosas excepciones–, a seguir los dictados del laissez faire, laissez passer, mientras no se aplican –como no podía ser de otra manera– lo que tanto pregonan para ‘el pueblo’.
Compara y obtén conclusiones. El trabajo de uno de los que va en la siguiente relación –y ello no significa que el resto realice una labor más importante– consiste en declarar que las cosas se harán cuando toque o que no entiende su propia letra (amén de otras muchas lindezas que están recogidas en cualquier antología del disparate). Estas son las cantidades percibidas por doce (vale de muestra) de los 350 diputados, fruto de los arduos quehaceres durante este pasado mes de octubre (si falseo algún dato, que me denuncien):
Jesús Posada Moreno (PP): 15.860,22; Emilio Olabarría Muñoz (PNV): 12.356,42; Rosa María Díez González (UPyD): 11.584,33; Jordi Jané i Guasch (CIU): 11.410,85; Aitor Esteban Bravo (PNV): 10.925,11; Antonio (Toni) Cantó García del Moral (UPyD): 10.916,11; Jorge Fernández Díaz (PP): 10.394,72; Cristóbal Ricardo Montoro Romero (PP): 10.394,72; Ana María Pastor Julián (PP): 10.394,72; José Manuel Soria López (PP): 10.394,72; María Fátima Báñez García (PP): 10.385,72; Mariano Rajoy Brey (PP): 10.189,85.
Y que conste que para ejercer de político no se precisa ni el graduado escolar. Basta con la confianza. Y lo de atrevidos y confianzudos no se les puede negar. Ninguno de los 350 está en trámites de desahucio. De haber sido así, algo bastante improbable por lo bien pagados, ya se habrían modificado todas las leyes al respecto.
¿Dónde están aquellas ilusiones y deseos vehementes de hacer posible lo que más tarde se llamó el estado del bienestar? ¿Será, acaso, que lo hemos confundido con el estado de la comodidad, del estar bien (yo)?
No, los políticos no tienen la culpa. Son imágenes de una sociedad venida a menos, son espejos de una situación generalizada. Y pasado mañana, por lo menos yo, uno más de ese colectivo acomodaticio, estará de riguroso luto. Justificadísimo. Sigo sin perder la esperanza y no quiero marcharme para el otro barrio sin vislumbrar otros horizontes, aquellos en los que la utopía aún sea posible.