viernes, 4 de enero de 2013

Alguien dimite

La consejera de Empleo, Industria y Comercio, hasta ayer, doña Margarita Ramos, ha dimitido. Eso sí que es una noticia. Mejor, un notición. Es un hecho tan anormal en la democracia española que merece ser destacado en grado superlativo. Y no lo hace forzada por algún acontecimiento judicial –que es lo único que suele imponer tales aconteceres–, sino que son motivos personales (versión oficial para cubrir el expediente) o desavenencias irreconciliables (versión real y que recogen todos los medios de comunicación, salvo el discurso del portavoz gubernamental).
La señora Ramos había sido propuesta por don José Miguel Pérez para cubrir una de las tres consejerías que correspondían al partido socialista canario. Y como ella no está afiliada al partido, ha tenido la suficiente dignidad como para abandonar un barco en el que se mareaba demasiado. Le sustituirá la hasta ahora viceconsejera de Industria, doña Paquita Luengo, quien, como disciplinada militante, comulgará con todas las ruedas de molino que halle en su camino, aceptará lo que le echen y seguirá en el cargo el mismo tiempo que sus otros dos compañeros, es decir, el que Paulino considere conveniente. Sí, ríete, como si no lo hubiese hecho cada vez que le vino en gana.
Lo dio a conocer después de la comparecencia para informar de que el paro nos había dado un respiro en el mes de diciembre. Mérito indudable de las políticas de Rivero que desde hace unos tres años viene sosteniendo que Canarias sale del túnel. Tienen ahí la ilustración que lo corrobora. A estas alturas, si se tratara del de Los Roquillos, ya estaríamos a la altura del Pozo de la Salud. O subiendo a La Dehesa. Lo malo es que en los mentideros (y no en el de El Pinar, precisamente) se especifica que doña Margarita arranca la caña porque entiende que con los presupuestos recién aprobados no vamos a ninguna parte.
Pero, claro, yo no sé qué es preferible, si las bravatas del dueño de la mansión sauzalera o las indefiniciones de los populares en Madrid. Todos los analistas, y el más común de los sentidos, coinciden en que este afortunado paréntesis en la lista negra de parados se debe a circunstancias meramente coyunturales. No obstante, nuestro presidente autonómico no se puede contener y recordando su época de monaguillo lanza las campanas al vuelo con pasmosa facilidad.
Los dirigentes nacionales, olvidando las meteduras de pata en sus promesas de no ha tanto, se entusiasman igualmente y hasta De Guindos proclama que en el tercer trimestre (como nuestro Gustavo Matos) ya tendremos tasas de crecimiento positivas. Hombre, para ello bastaría con un 0,1%, pero de ahí a que se comience a activar la creación de empleo media un abismo considerable. El portavoz, Alfonso Alonso, con esa carita de no haber roto jamás un plato, sentencia que España vuelve a ser un país en el que creer. Me imagino que se lo habrá hecho saber en primer lugar al Papa mediante un tweet privado.
Montoro se sube también al carro y bate palmas mientras señala que la bajada del paro significa que algo positivo se mueve. No deben ser electrones (cuando yo estudié me indicaron que tenían carga negativa). Ni tampoco los automóviles, con un descenso más que notorio en las ventas, a los que ahora le limitaremos la velocidad (¿se acuerdan lo que soltaron acerca de las medidas bolcheviques de Zapatero?) en las carreteras del país. Deberá ser con el sano y lícito propósito de que agarremos las autopistas de peaje, que no son tuyas ni mías pero sí de sus amigos. Por cierto, ¿tú no te has preguntado que dónde estará metido un tal Esteban, apellidado González Pons?
Creo, sinceramente, que la actitud de Margarita Ramos le honra sobremanera. No está conforme con estas formas de gestionar los recursos públicos y se marcha a otras labores. Le rogaría, si a mal no lo tiene, que renuncie a la medalla que le remitirán agradeciéndole los servicios prestados. Sea usted educada y mándelos a remojarse el trasero en La Garita.
Me alegro de que no sea usted de la línea de la secretaria de Estado de Empleo quien, fiel seguidora de la senda rajoyana y viendo la que se le viene encima con la ayuda de los 400 euros, manifiesta: “El Gobierno hará lo que tenga que hacer y tomará las decisiones pertinentes”. Si no te quedó claro, toma esta otra: “El PP bajará los impuestos cuando se pueda”. Nos quejamos de todo y por todo. Son asertos de una nitidez meridiana.
Esperemos a los datos de estos primeros meses del 2013. Ojalá se equivoquen todos los que han vaticinado que aún queda tela por cortar. Yo sería el primero en castigarme escribiendo un centenar de entradas en este blog sin etiquetar la palabreja ‘política’.
Finalizo la semana contento. Lo mismo los Reyes me dejan más cosas. Que algún político dimita supone un subidón increíble de adrenalina. Mucho más que el que te brinda un par de vueltas en la noria de la feria portuense. Pórtense bien. Nos vemos el próximo lunes.