viernes, 25 de enero de 2013

Circos y circos

Me tomé un año sabático futbolero, ¿recuerdan? Pero no la opción de comentar las hazañas periodísticas relacionadas con ese deporte. Porque no va uno siempre a estar pendiente del sector (chacho, iba a escribir ganado, menos mal que lo pensé) político. Las auditorías dan para lo que dan, máxime cuando con tales revisiones no va a salir a la luz lo que todos, menos los interesados, deseamos.
La pasada jornada perdió el Barcelona y ganaron los dos ‘Madriles’. Y esos portentos de profesionales de la radio y la televisión se enfrascaron en las disputas de siempre. No solo es el fútbol espectáculo en sí, sino que todo lo que le rodea, incluidos los periodistas, también.
Voy a intentar ser objetivo. Bueno, un poco más que los de Marca, Intereconomía, La Sexta, la COPE, la SER, el AS, la Jornada Deportiva y el Aire Libre (¿o este último ya no existe? Ves, ya estoy traspuesto). Miren ustedes, Cristiano Ronaldo es un niño mimado que no sabe qué hacer con tantos millones. Y un bobo tieso, si te apetece. Pero es un deportista nato. Y lo tienen machacado. Y los árbitros se han ensañado con él y, por extensión, con el Madrid. Y Mourinho es otro tolete que ya se cansó de España y anda como un loco buscando que le paguen, y bien, para retornar a Inglaterra con los hijos de la Gran Bretaña (ya se me está pegando el ambiente caldeado de los estadios).
A Kaká le mostraron hace poco una tarjeta amarilla por una acción impropia de un profesional. ¿Y por qué no había de mostrársele a Piqué por idéntico motivo? ¿Fue falta merecedora de idéntica sanción la zancadilla al jugador de la Real Sociedad? Tan clara como el agua potable de mi pueblo. Pues a la calle. Y punto pelota.
¿Había que mostrar, como mínimo, la susodicha del mismo color –si me apuran la roja, entrada por detrás– a Iniesta? Sin lugar a dudas. ¿Le perdonó el trencilla por ser quien era? Entiendo que sí. Le pasa a cualquier otro pobre diablo de los que no anuncian Kalise y se estaría duchando a los quince segundos siguientes a la comisión del incidente.
Otro circo: un tal Ballesteros del Levante. Ese ‘armario’, en plan metafórico, que ya jugó en el Tenerife allá por el siglo pasado. Chiquito ejemplar. Con otros cuantos, un equipo de rugby al completo.
Y el último circo: qué desgracia, político otra vez. Vamos con Antonio Castro, ese palmero que ha ocupado todos los cargos orgánicos y ejecutivos que tú puedas tener ahora mismo en mente. Y casi con toda seguridad alguno más. Pues se ha retirado. Al menos esa es la versión oficial. Ya no dirige a los nacionalistas de la Isla Bonita. Solo se va a ocupar a llevar estoicamente la presidencia en Teobaldo Power. No, en la sala villera no, en el parlamento de las ínsulas. Como ha cambiado la estructura de esa organización, no sé quién va a llevar las voz cantante, si Guadalupe o Juan Ramón. Para serte sincero, me da lo mismo.
Lo que pretendía con el argumento del párrafo anterior es demostrarte que la gente no ocupa cargos para desarrollar labor alguna, sino para engrosar el currículum. La una es presidenta del Cabildo y el otro, consejero del Gobierno. Y este último tuvo un problema de salud que lo apartó de la brega una temporada. Pues estos son los hechos que demuestran que aun estando pachucho se pueden ostentar veinte o treinta (ir)responsabilidades. De lo que se trata es de intentar demostrar sus altas (in)capacidades. Esta gente parece no haberle escuchado nunca a su madre que no se pueden atender tantos calderos a la vez. Así está la política con tantas chamusquinas. Es de lo más normal. Si vas a coger la sartén, se te derrama la leche, y si apagas el fuego de esta, la cafetera ya chingó todos los azulejos de la cocina. Y menos mal que no estábamos con fritangos.
Lo peor, con ser lo anterior casi grave, es que los espectadores de los ejercicios circenses, a saber nosotros mismos, pagamos la entrada religiosamente para divertirnos con las payasadas. Y nos reímos a mandíbula batiente. Eso sí, algo menos que los que nos toman el pelo al derecho y al revés. Nos lo merecemos.