viernes, 18 de enero de 2013

El Gordo y El Niño

Desde hace buena purriada (no me digas que no la has escuchado) de años no juego a la Lotería en Navidad. Bueno, ni en cualquier otro sorteo de los muchos que existen repartidos por al año. Dicho (escrito) así, de sopetón, sin anestesia, puede dar lugar, en esa primera impresión, que voy de farol, que soy uno más de los que nunca pierden, que se las arreglan para tener siempre idéntica respuesta: lo jugado. Y si por un casual perteneces a un colectivo (asociación vecinal, ampas, grupo folclórico, banda de música, cofradía, equipo deportivo…), mejor que en el segundo semestre del año (periodo de ventas de la susodicha) te pegues un tiro de leche en polvo y te mueras de blanco. Porque cuando acabas con la hoja (o dos, o tres) que te correspondió, tienes en tu poder otros tantos décimos que te han endilgado aquellos a los que acudiste a vender los tuyos. Pero es raro que encuentres, una vez efectuado el sorteo, a alguien que te diga claramente que perdió doscientos o trescientos euros. No, o ganaron o, lo antes expresado, lo jugado, que significa que ni ganó ni perdió. Como cuando alegamos que no estamos ni gordos ni flacos, que no somos ni altos ni bajos. Y así.
El párrafo anterior solo guarda un pequeño secreto, una mínima mentirijilla. Cuatro profesionales de la docencia (dos jubilados, uno a punto y otra algo –o un mucho– más joven) decidimos años atrás –bastantes– comprar un décimo cada uno. A repartir. Y el pasado 22 de diciembre, uno de los cuatro fue premiado con 100 euros. Ese que ves en la ilustración, por si hay algún desconfiado que piense que voy de farol.  Cometimos la imprudencia de volver a tentar la suerte en El Niño y nos gastamos 20 euros en la compra correspondiente. Con lo que nos quedaron 80 porque ya se sabe que segundas partes nunca fueron buenas.
Y hete aquí que ayer (de ahí la tardanza de esta entrada) por la noche nos fuimos al pertinente guachinche a dar buena cuenta del premio. En Santa Úrsula fue la cita. No señalo el lugar porque me he percatado de que no me pagan la publicidad y uno puede ser bueno hasta los justos límites pero sin pasarse. Por lo tanto estoy en condiciones de comunicarte que Pancho, Ángel, Lali y un servidor estuvieron anoche  mandándose unos ‘bisteles’, unas garbanzas, unas papas fritas, unos vasos de vino… Ños, hasta el pan estaba bueno. Le dijimos al colesterol, al ácido úrico y a todos esos otros aspectos inherentes a los años allí congregados (no va por ti, Lali), que hacíamos un alto en el camino, y junto al papeo una conversa de no te menees.
De lo relacionado con la profesión, rara avis, poco, escaso. Pero de limpieza, una exageración. En la que la política se lleva la palma. Y los dos grandes partidos nacionales no quedaron librados de los comentarios. Aunque los millones suizos del señor Bárcenas, ese que ahora no conocen en el PP a pesar de que llegó a ser su tesorero, se llevaron, y con creces, un especial minutaje.
Esta mañana escucho –dentro de un rato me pondré a leer la prensa– por la radio que El Mundo ha publicado una sustanciosa crónica de cómo don Luis manejaba las cuentas y cómo altos dirigentes populares se llenaban los bolsillos con unos extras negros (qué sexual suena). Pero Cospedal no sabía nada. Y Mariano, raro en él, permanece en silencio. Seguro que al ver la foto del que operaba con los números, soltará la guinda del gallego: Esta cara me suena, pero no caigo.
Esta mañana también me despertó la barredora del ayuntamiento. Por cierto, por qué no las fabricarán más silenciosas. Y pensé cuántas nos harían falta para acabar con esta bazofia. Porque estamos alcanzado unos extremos muy peligrosos. Como los políticos se limitan a reflejar los esquemas de las sociedades del momento, mucho estamos haciendo mal. De ahí que me ratifique en planteamientos esgrimidos en este mismo blog desde tiempos inmemoriales: refundación de los partidos, no; al menos no antes de refundirlos, pero a tantos grados que calcine la escoria, que no deje siquiera las cenizas.
Voy a leer, a informarme. Y dejemos de una vez de escudarnos en qué hacemos, porque de ello se han agarrado estos sinvergüenzas para meter las dos manos. Nuestro pasotismo le ha concedido carta de naturaleza a tantísimo golfo. Sería cuestión, además, que esa pléyade de políticos honrados diera un paso al frente y dejara, asimismo, de encubrir tanta porquería.
Bueno, estimados amigos de la tertulia y de la lotería: seguiremos en otro momento.