martes, 8 de enero de 2013

Las rebajas

Pasaron los Reyes y comenzaron las rebajas. Entre los artículos a la venta: mucha tela para el carnaval. Y como aparecía ayer en una fotografía que circuló por Internet, si la cabalgata no se espabila casi es atropellada por la primera procesión de Semana Santa. Vivimos tan deprisa que ya la sombra huye de nosotros. Hace tres días iba yo caminando por Las Arenas y cuando me di cuenta mi propia sombra estaba en San Nicolás echándose un leche y leche en el Miniño. Y la mía (la sombra) no es alargada como la del ciprés. Sí, a estas alturas de la vida, ya sabes, salvo la próstata, todo mengua.
Y de eso se trata, de disminuciones en los precios. Pero aquellas avalanchas a las puertas de los comercios para cuando el seguritas quitara pestillos y cerrojos comenzar la desbandada, ya no se vislumbran. Lo mismo compramos on-line.
Ayer, festivo (no lo capté), se dio el pistoletazo de salida. A pesar de haber iniciado la campaña algo más tarde que en otros lugares de la geografía española, en cierto periódico leí que las rebajas eran tempranas, pero “a la desesperada”. No lo comprendí muy bien. Y por ello seguí ojeando, que no hojeando, medios digitales. De tal suerte, y no sé si para rebatir lo anteriormente expresado, el director general de Consumo, Gustavo Matos (quien no es muy buen ejemplo ya que no se gasta un euro en peluquería), augura “un inicio con fuerza”.
Si tú entiendes lo mismo que yo, convendrás en que se está demandando que acudamos prestos y veloces a las tiendas, y no precisamente a devolver sino a adquirir aquello que puede que no nos haga falta pero que viste bien. Encaminado, casi con toda seguridad, a los jóvenes, para que ‘inviertan’ rápidamente los euros que sus Majestades pusieron en el zapato.
Al tiempo, la OMIC invita a tener un “consumo moderado”. Mientras que la OCU aconseja comprar en las rebajas atendiendo a un “presupuesto” y con una lista de lo “realmente” necesario. Me da que los propios gobernantes no son capaces de establecer la debida concordia entre el ánimo a insuflar al comerciante y la solicitud a la consabida mesura a mostrar por el consumidor.
No parece, no obstante, que prime el optimismo cuando, y seguimos leyendo, “los canarios, los que menos gastarán en estas rebajas”, o “las rebajas comienzan en Canarias con menos gente pese a haber más descuentos”. Puede que sea la clásica táctica del agricultor, cuyas cosechas siempre serán malas, aunque haya cogido cuarenta sacos de papas después de haber sembrado diez kilos de semilla.
Escasos fueron los viajes que di a establecimientos comerciales en estas pasadas fiestas. Pero movimiento había. Y cajas (las de cobrar) abiertas, también. Consumo hubo. Y gasto de gasolina y gasoil. Ignoro si más o menos que en temporadas anteriores, pero en los ratos en que fui testigo presencial, no atisbé la crisis. O somos muy falsos o hay gato encerrado. El Polígono de San Jerónimo, por donde suelo caminar con cierta frecuencia, parecía el aparcamiento de cualquier partido de fútbol importante o de una carrera de Fórmula 1.
Deberemos esperar a que transcurran unas semanas para cuando la situación se vuelva a normalizar. Y comprobaremos si los vaticinios de ciertos políticos se cumplen o caemos nuevamente en el sopor y el desencanto. Aunque la etapa del tupperware (no sé para qué sirve pero como no ocupa lugar) no retornará. Y confiemos que determinadas alegrías del pasado hayan sido corregidas para siempre.
Donde hubo bonitas rebajas fue en los informativos de la televisión pública española. Saben ustedes que en la noche del 6 de enero se falla el Premio Nadal de novela. Pues en la presente edición sí que hubo metedura de pata (más que fallo), pues se premió a Sergio Vila-Sanjuán, por su novela “Estaba en el aire”, con el premio Rafa Nadal. Debieron estar en el aire los redactores para llegar a tal extremo en la confusión. Fue, desde luego, un precioso ace.
Bueno, mis incondicionales, tengo que ir a cambiar. Aprovecharé para fisgonear por las rebajas.