miércoles, 23 de enero de 2013

Pacto anticorrupción

¿Para qué? Más leyes, ¿para qué? ¿Vamos a terminar, acaso, con una norma para cada uno de los supuestos delictivos que puedan plantearse en esta país? Y como la picaresca va siempre unos kilómetros por delante, tendremos que inventar un parlamento ad hoc que se dedique única y exclusivamente a tales menesteres. Con lo que la posibilidad de que se sumen nuevos casos a este despropósito putrefacto aumentará de manera harto significativa.
El entretenimiento sube enteros cada día. Los políticos insisten en jugar al despiste, al centrocampismo puro y duro, mientras los ciudadanos ya lo tomamos a chirigota. Lo malo es que el carnaval no es lo que era. Lo mismo en Cádiz nos sorprenden porque posibles temas para sus letras no les van a faltar. Las murgas de aquí hace tiempo que entraron en franco retroceso. Las subvenciones en blanco han tenido la culpa.
Cuando dirigentes del PSOE fueron condenados por el denominado ‘Caso Filesa’, pensamos que habría un punto de inflexión en las maneras de hacer política. El tiempo ha venido a demostrar que no. Y como la redacción de más textos legales no va a solucionar nada, no queda otra que ese noventa y tantos por ciento bien largo de políticos honrados, dé un giro radical al timón de la nave para que en el bandazo se pueda soltar ese lastre. Y que los jueces se dediquen a realizar su trabajo y que no es otro que poner la ecuanimidad tan necesaria en esta época convulsa y disparatada.
Lo actuales dirigentes de la mayoría de formaciones no se hallan capacitados para enderezar el rumbo. Y de nada valdrán las componendas –llámalas como te venga en gana– porque carecen de la legitimidad necesaria. Y su credibilidad, bajo sospecha permanente, está bajo mínimos. No legislen más. No pacten nada. Lárguense. Porque ni el Circo del Sol lo borda mejor.
Es tal el hastío que sentimos aquellos que alguna vez nos acercamos a la ‘cosa pública’, que vamos a finalizar por sentirnos avergonzados de haber dado ese paso. Y como la sociedad, esa que los puso ahí, ha alcanzado también muchos gramos de locura en un mimetismo difícilmente explicable, en una reciprocidad de lo más absurdo, el puzzle se encuentra en una tesitura de complicada resolución.
Esta batalla, por no mentar guerra, tiene que ganarse de abajo arriba. Y son muchos los estamentos que deben implicarse. Hay que soltar amarras de pesebres en los que muchos estómagos agradecidos tragan lo que les echen. Y que no se recatan en presumir de que si subieran unos peldaños, reproducirían idénticos esquemas de comportamiento.
No, no pretendo ser mejor que nadie ni impartir lecciones de ética, moral y buenas costumbres, pero la administración de los dineros ajenos debe ser exquisita. Y la imagen actual no es nada halagüeña. Con el agravante añadido de que los procesos judiciales se eternizan, lo que permite a los golfos campar a sus anchas y quedar impunes ante los hechos demostrados. No existen responsabilidades de ningún tipo. El verbo dimitir va a ser suprimido por la RAE. Se oxidó del todo. Anquilosadito está.
No me vale el consuelo de que la condición humana es así. Como si con ello se pudiera justificar el todo vale. Y cada nueva propuesta de los felizmente apoltronados solo viene a demostrar lo rancio y lo cutre. Ahí está doña Esperanza Aguirre lanzando la posibilidad de tener una especie de fiscalía anticorrupción dentro de los propios partidos y constituida por independientes de reconocida solvencia. Lo que vienen a demostrar el reconocimiento implícito de que la golfería es moneda de cambio e ingrediente indispensable del potaje.
Los periodistas tienen ahora que demostrar su valía. Y desengancharse de una vez. Porque los sigue habiendo que olvidan cuál es su verdadero cometido y se erigen en defensores a ultranza de la mano que les da de comer. Ante este acontecer en el que se halla inmerso el Partido Popular, algunos vuelven al pasado para justificar tales procederes con el antes mentado caso Filesa. Que ya fue juzgado, sentenciado y expiado. Se pierde la razón y las ansias de ir en vanguardia. Denigran el periodismo y se convierten en marionetas. Emulan las mismas maneras que dicen criticar.
¿Pacto anticorrupción? No es menester, no valdría de gran cosa. Mientras no se echen a un lado los demasiados bergantes aupados, se lo pasarían por el arco del triunfo. ¿Más leyes? Si no sabemos qué hacer con la ya existentes, para qué más gasto. ¿Cuánta gente hay en la cárcel por apoderarse de algo que tenía dueño? ¿Y en qué se diferencia un político que es sorprendido con la mano en la lata de gofio? En que está protegido por una mano divina. Y que los que tienen la obligación de mandarlo al trullo, le echan la misma mano con la que encierran al pobre desgraciado que no lleva etiqueta adherida, salvoconducto (licencia, permiso, autorización, venia, aprobación, pasaporte, aval, visado…).
¿La solución? Rebelión dentro de las propias organizaciones. No al estilo esperanzador madrileño de a río revuelto. ¿Argumentos? Sobran. Reitero que una proporción mayoritaria, como mínimo de 90 a 10. No obstante, qué quieren que les diga o cuente: no atisbo movimientos, intuyo demasiado conformismo. ¿Todos iguales? Espero que no. Pero me temo que sí.