jueves, 31 de enero de 2013

Tigaray, un canto a Los Realejos (1)

Ay, mi Realejos norteño, / que el Teide gigante guarda, / un paraíso de ensueño / a la sombra de Tigaiga.
A la sombra del histórico ma­cizo que sirvió de última mora­da a aquel reducto guanche, abo­cado al terrible dilema de luchar o someterse al castellano, surge Tigaray queriendo aportar algo más que un grano de arena a nuestro folklore. No pretendió –desde un principio– ser uno más de los que –tal vez, con buena voluntad– maltratan y malvenden nuestro “producto” de una manera distorsionada a cuantos recalan por estos lares, dando lugar, con ello, a una imagen errónea de Canarias, sus costumbres, su cultura.
Tigaray quiso ofrecer calidad y depuración refinada en sus in­terpretaciones, y así se preparó concienzudamente antes de su aparición en público. Quienes conocían sus largas noches de ensayos se preguntaban insisten­temente por qué no hacían su presentación, estimando que va­lía suficiente tenían para ello.
Fueron nueve largos meses de intenso entrenamiento en su lo­cal –la casa del cura– del Realejo Bajo, antes de dar el defini­tivo salto a las tablas. Conside­raban sus componentes –y aún lo siguen estimando– que el pú­blico era merecedor de todos los respetos y que, por consiguien­te, el escenario había de ser tema suficientemente serio.
Cuando su director, Luis Ma­nuel García, hombre exigente y de gustos musicales refinados, creyó oportuno que Tigaray se encontraba en las debidas condi­ciones físicas y anímicas de sal­tar a la cancha, dio la señal de partida. De esa suerte, en una noche memorable –22 de mar­zo de 1986–, Tigaray hace su presentación en el Teatro Cine Realejos. El comienzo de la pri­mavera –como uno de los temas de su repertorio– marca el ini­cio de lo que iba a constituir un camino de éxitos. Se suman al acto los grupos Tajaraste, Mari Carmen y el trío Taoro y Martín Marichal. Como no podía ser menos –a tal señor, tal honor–, la recaudación para la Asamblea Local de la Cruz Roja.
Cuando, por vez primera, sue­nan los aires de nuestra tierra, cuando se evocan personajes de siempre, personajes que han pa­sado a formar parte de la histo­ria de nuestro pueblo, adereza­do todo ello con una magnífica conjunción de voces e instru­mentos, los espectadores pensa­mos que nos encontramos ante un grupo definitivamente consa­grado, con muchas tablas en su haber. Ni siquiera se vino a no­tar los clásicos nervios de la pri­mera vez. Se ponía de manifies­to que la espera había valido la pena; las –tal vez– largas no­ches de duro trabajo habían –por fin– obtenido su fruto; se ofrecía calidad y buen gusto.
Cuando el público asistente abandonó el recinto tenía la sen­sación de que aquello había sabido a poco. Mientras, en el ambiente se podía respirar aún a canario, a lo nuestro.
Días después, el 12 de abril, Tigaray, obligado con quienes no pudieron acceder al recinto an­terior, que quedó muy corto ante la demanda existente, repite el acto en el Cine Viera, de Realejo Alto, y, una vez más, se repite el éxito anterior.
Tigaray, pues, había saltado a la palestra, y lo había hecho por la puerta grande. Buena prueba de lo que manifestamos la encon­tramos en las innumerables actuaciones que se suceden en el verano de ese año por casi todos los pueblos de la isla, que con motivo de sus fiestas patronales llegan a conocer el buen hacer de este grupo realejero.
A pesar de las continuas lla­madas para participar en festiva­les y encuentros folklóricos, Tigaray no abandona su prepa­ración y, pacientemente, ensaya nuevos temas que amplían, con­siderablemente, su repertorio. Muestra palpable, la Misa Cana­ria, interpretada en las funciones religiosas so­lemnes de las fiestas de nuestros pueblos en las que les ha cabido el honor de participar, dejando huella indeleble de su refinado trabajo.
Tigaray, bajo la experta batuta –o pandereta– de Luis Manuel, está formado por 24 componen­tes que siguen con el mismo áni­mo que los vio nacer. La gran preparación musical de Luis Ma­nuel –sé que esto no le va a gus­tar, pero, al César lo que es del César– le hace llevar, con sumo gusto, el peso en el montaje y arreglos musicales de los temas que, más tarde, serán interpreta­dos, bien sean canciones de siempre o nuevas aportaciones al dilatado campo de nuestro folklore.
Con motivo de las pasadas Fiestas de Mayo, Tigaray tuvo una brillante actuación en el magno festival folklórico de las islas que en la presente ocasión llegaba a su XIII edición. Fue motivo de orgullo para todo el pueblo realejero que un grupo nuestro representara a Tenerife en tal acontecer. Allí se dio cita un colectivo de cada una de nuestras islas, incluso de La Graciosa nos visitaron –por segun­da vez– la parranda Los Tole­do. Ocurrió ello el 30 de mayo, Día de Canarias, contando inclu­so con la inestimable colabora­ción de la Consejería de Cultu­ra. Ni aun así, en este Encuen­tro Regional de Folklore, con un escenario ricamente adornado por Alfonso Dorta, según dise­ño de Eleuterio Garrido, pudie­ron estar las cámaras de Televi­sión Española en Canarias (?), como tampoco estuvieron quie­nes habían concedido la subven­ción para el traslado de los gru­pos. Tal vez consideraron todos ellos que era más importante –mucho más importante– la campaña electoral que, paralelamente, se desarrollaba. Ignora­ron, una vez más, que desde Los Realejos, en esa noche del 30 de mayo, ¡¡Día de Canarias!!, se estaba uniendo nuestra región al amparo de un abrazo musical. Y, allí. Tigaray puso digno colofón a tal evento, codeándose, en bue­na lid con grupos mucho más veteranos.
(concluiremos mañana)