lunes, 18 de marzo de 2013

¿A dónde vamos a parar?

La noticia, del miércoles día 13 de los corrientes, pasó casi como una anécdota en un periódico de estas islas, concretamente Diario de Avisos. Leyéndola, tuve la impresión de habernos quedado en la forma sin meditar en el fondo –o trasfondo– de la cuestión. Algo que, entiendo, es de profundo calado, se cuela de soslayo en la sección de sucesos y poco faltó para que discurriera desapercibida en medio de la vorágine. Puede que se argumente, incluso, que hay tanto donde escoger que la selección se antoja harto complicada.
La historia, real como la vida misma, comienza cuando la policía local lagunera observa un comportamiento raro en una mujer de algo más de cuarenta años en cierta zona de Aguere. Y cuando requiere una explicación a la misma, se percata de que se halla buscando a su madre (69 años). A la que dejó en cierto punto, al que no sabía volver por desconocer la zona en la que se encontraba. Te explico lo que les había acontecido:
Las dos señoras, de La Palma, acudieron en ese día, tras volar desde la Isla Bonita, al Hospital Universitario de Canarias para unas pruebas médicas. Tal es la situación económica por la que pasan que desde el aeropuerto de Los Rodeos bajaron caminando hasta las instalaciones hospitalarias. Y una vez realizadas estas, regresaban para tomar el vuelo de regreso. Y lo hacían utilizando idéntico medio de transporte: a pie. Pero equivocaron la ruta y por la zona de La Vega transitaban por itinerario erróneo en dirección a Tegueste. La información periodística concluye con el feliz encuentro de madre e hija y el servicio de ‘taxi’ del vehículo oficial que las traslada al aeródromo. Todo sea dicho de paso, las felicitaciones a los guindillas por tan humanitaria labor.
Así acaba este trance para el periodista en cuestión. Me alegro de que la televisión autonómica no se haya hecho eco del suceso, porque a buen seguro lo hubiera magnificado, pero orillando el morbo y el sensacionalismo. Como mi periodismo es de andar por casa y a nada ni a nadie me debo, entiendo que esta situación merece una reflexión mucho más intensa. No creo suficiente quedarnos en el qué, sino ir algo más allá y profundizar en el por qué.
Lo que ocurrió fue meridianamente explicado en la información del diario. El qué, el dónde, el cuándo y el cómo fueron desvelados de manera clara. Pero en este blog Jesús opina y comenta. Y recurre a la quinta w (why), al por qué.
Seguro que las pruebas a las que debía ser sometida la señora no son posibles en su isla natal. Pero las autoridades palmeras –o tinerfeñas, o canarias, me da lo mismo– no han debido pensar –puede que para tal ‘sacrificio’ no les paguen– que desde la salida del hogar hasta el regreso al mismo transcurren muchas horas y se requieren asistencias, amén de los vuelos consabidos. Para cualquier político al uso es muy normal que el coche oficial vaya a recogerlo en la puerta de su casa y desde ese instante hasta que concluye su jornada, todo, absolutamente todo, le viene hecho.
Las señoras de nuestra historia puede que no hayan sido capaces de alzar la voz para demandar una pequeña ayuda que les permita ir en guagua esos largos trayectos que debieron realizar caminando. Tal vez haya sido ese su pecado. No sé si el percance llegó a los oídos del alcalde del municipio palmero del que proceden, o a los de la presidenta del Cabildo, o a los de la consejera de Sanidad o a los del mismísimo Paulino. Puede que sí. Pero como la insensibilidad alcanza cotas inimaginables, ahora mismo estarán las autoridades intentado echar toda la tierra que sea preciso para tapar sus vergüenzas. Como en otras tantas ocasiones.
Algo, o mucho, está fallando en el actual sistema. No es normal que se produzca este tipo de situaciones. No concibo que hayan intentado ahorrarse unos euros estas señoras palmeras y por ello decidieran recorrer todos esos kilómetros en la guagua de las ‘dos’. Menos comprendería que hayan acudido a solicitar la pertinente asistencia y que les hubiesen dado con la puerta en las narices. Sea como fuere, habrá que despertar de este letargo.  La falta de humanidad que nos invade deriva en casuísticas que se reiteran en demasía. Se nos va la vida entretenidos en menesteres de menor porte, en cuestiones fútiles, vacuas e inconsistentes. Mientras, para demostrar que este mundo está loco, permitimos, o incluso amparamos, desaguisados como el que se deja referenciado.
¿A dónde vamos a parar?